BIOMÉTRICOS
Señor La Mont, he notado que cada vez más aeropuertos usan reconocimiento facial y biometría. ¿Es por seguridad o por eficiencia? ¿Y es opcional en México y en el resto del mundo?
R: Le comparto que la versión oficial es que esta tecnología se ha adoptado por seguridad y eficiencia, pero con implicaciones importantes para los viajeros. La biometría —sobre todo el reconocimiento facial— se ha convertido en la herramienta favorita de los aeropuertos para agilizar filas, automatizar controles y verificar identidades en segundos. Es más rápida que revisar pasaportes manualmente y reduce errores humanos.
Sin embargo, la expansión de esta tecnología ha encendido preocupaciones sobre privacidad y uso de datos. La pregunta clave no es sólo cómo funciona, sino quién almacena la información, por cuánto tiempo y con qué fines. Organizaciones civiles advierten que la regulación va muy por detrás de la tecnología.
En cuanto a si es opcional, depende del país:
• Estados Unidos: para viajeros extranjeros, ya no es opcional. En aeropuertos y cruces como Laredo, el sistema de Biometría de Salida es obligatorio para entrar y salir del país.
• México: la adopción avanza, pero el uso en aeropuertos sigue siendo parcial y mayormente voluntario, aunque se espera que se vuelva más común en 2026.
• Europa y Asia: muchos aeropuertos ofrecen biometría como opción, pero algunos países estudian hacerla obligatoria en controles fronterizos.
EU Y GROENLANDIA
Don Alfred, ¿cómo empezó todo entre Groenlandia, Dinamarca y Estados Unidos? ¿Por qué esa relación triangular es tan importante hoy?
R: La historia es larga, estratégica y llena de capas. Groenlandia fue incorporada al Reino de Dinamarca en 1721, cuando el misionero Hans Egede estableció la presencia danesa moderna en la isla.
Durante siglos funcionó como colonia, hasta que en el siglo XX obtuvo mayor autonomía política, culminando en el autogobierno de 2009, que reconoce a los groenlandeses como un pueblo con derecho a decidir su futuro.
Pero hay un antecedente clave que suele olvidarse: Estados Unidos ya le compró territorio a Dinamarca antes. En 1917, tras el Tratado de las Indias Occidentales Danesas, Washington adquirió las islas de St. Thomas, St. John y St. Croix —hoy las Islas Virgenes estadunidenses— por 25 millones de dólares en oro. La venta respondió a intereses estratégicos en el Caribe y a que Dinamarca consideraba difícil mantener esas colonias. Este episodio suele mencionarse cuando se discute el interés estadunidense en Groenlandia: demuestra que la relación territorial entre ambos países tiene más de un siglo de historia.
La relación con Groenlandia se volvió crucial durante la Segunda Guerra Mundial, cuando EU instaló bases militares en la isla para proteger rutas del Atlántico Norte. La más importante, Thule Air Base, sigue operativa y es clave para vigilancia y comunicaciones en el Ártico.
Desde que Dinamarca ingresó en la OTAN en 1949, la cooperación militar entre ambos países se volvió estructural. Y en los últimos años, el deshielo del Ártico —que abre nuevas rutas marítimas y acceso a recursos— ha hecho que Groenlandia sea aún más estratégica.
Dinamarca tiene la historia, EU tiene el interés geopolítico, y Groenlandia tiene la voz que hoy define el rumbo. Y sí: la historia de las Islas Virgenes estadunidenses demuestra que esta relación triangular tiene raíces más profundas de lo que parece.
