Las opciones de Cuba
Sin combustible se detiene todo: transporte, agricultura, agua potable, hospitales. El régimen responde con discurso...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
Cuba tiene petróleo para quince días. Tal vez veinte si racionan. En enero recibió un solo cargamento: 84,900 barriles de México el 9 de enero. Venezuela, que enviaba 27,000 barriles diarios durante 2025, quedó en cero tras la captura de Maduro. México suspendió envíos. Rusia manda apenas 6,000 barriles diarios. Ahí se acaba la lista.
Cuba necesita 110,000 barriles diarios. Produce 40,000 de pozos exhaustos. Los otros 70,000 debe importarlos. Hoy no los tiene. Resultado: 63% del país sin electricidad este fin de semana, apagones de más de 20 horas. Jorge Piñón, del Instituto de Energía de la Universidad de Texas: “Si en las próximas seis a ocho semanas no llegan más cargamentos, enfrentarán una grave crisis”. El economista cubano Miguel Alejandro Hayes calcula que una caída de 30% en combustible provocaría una contracción de 27% del PIB. No es crisis. Es colapso sistémico.
¿Cuáles son las opciones de Cuba? Ninguna.
Venezuela ya no existe como opción. Maduro está en Miami enfrentando cargos federales. El acuerdo —petróleo a cambio de médicos y asistencia en inteligencia— se acabó. Estados Unidos dejó claro que el precio de la transición venezolana incluía terminar con el subsidio a La Habana.
México está fuera. Pemex no ha enviado un barril desde principios de enero. La orden ejecutiva de Trump autorizando aranceles contra países que vendan petróleo a Cuba llegó mientras Ebrard negociaba el T-MEC en Washington. México puede elegir entre Cuba y el 83% de sus exportaciones. La aritmética es simple.
Rusia no es alternativa. Sus 6,000 barriles diarios son declaración geopolítica, no solución energética. El interés ruso en Cuba es mantener presión en el Caribe. Pero presión simbólica no enciende generadores.
China tampoco salvará a Cuba. Pekín no tiene petróleo para enviar —es importador neto—. Peor: según The New York Times, Cuba revendía a China hasta 40,000 de los 70,000 barriles diarios que recibía de Venezuela para obtener divisas mientras el pueblo padecía apagones. China podría ofrecer financiamiento, pero Cuba no tiene con qué pagar. Su economía no genera divisas, el turismo colapsó, el níquel está comprometido.
Los otros “aliados ideológicos” brillan por ausencia. Brasil, el mayor productor latinoamericano, no ha enviado nada. Colombia tampoco. Angola no aparece. Argelia mandó algún cargamento puntual. Nadie regala petróleo ahora que Estados Unidos amenaza con aranceles.
Queda la opción de colapsar. Las centrales termoeléctricas tienen más de cuarenta años, ocho de dieciséis unidades están fuera de servicio, el déficit de generación supera los 1,700 megavatios. Sin combustible se detiene todo: transporte, agricultura, agua potable, hospitales.
El régimen responde con discurso. Díaz-Canel organiza marchas, acusa a Trump de “brutalidad”, promete “perseverar”. Pero perseverar requiere combustible, no retórica.
La pregunta no es cuáles son las opciones de Cuba. Es qué pasa cuando un país se queda sin opciones. La respuesta la veremos en seis a ocho semanas. Cuba apostó a que su alianza con Venezuela era permanente, que su valor geopolítico garantizaba subsidios eternos, que el mundo no tenía estómago para verla colapsar. Las tres apuestas fallaron.
Cuando una mujer cubana llora frente a CNN diciendo que no quiere “ser rica”, pero tampoco “morirse de hambre”, y que sólo un “milagro” mejorará la situación, el problema ya no es político. Es existencial. Y los milagros, notoriamente, no encienden termoeléctricas. Porque la opción de la apertura y de las urnas decidieron no tomarla nunca. Ahora parece demasiado tarde para esa autocracia...