6 poemas de Sor Juana Inés de la Cruz, la décima musa mexicana

Este 17 de abril se 2025 se conmemoran 330 años de la muerte de una de las figuras fundamentales de la literatura en español, con una obra extensa tanto en el teatro como en poesía.

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6 poemas de Sor Juana Inés de la Cruz, la décima musa mexicana. Foto: INBAL.

Sor Juana Inés de la Cruz nació el12 de noviembre de 1648 en San Miguel Nepantla, (hoy Nepantla de Sor Juana Inés de la Cruz), en el Estado de México, considerada la última gran figura del Siglo de Oro en la literatura en español. Fue una intelectual excepcional cuya obra abarcó prácticamente todos los saberes de su tiempo.

De acuerdo a la Enciclopedia de la Literatura en México, en el contexto del Virreinato de la Nueva España, escribió una vasta producción que incluye poesía lírica, filosófica y cortesana; comedias teatrales; autos sacramentales; obras religiosas y villancicos dedicados a importantes celebraciones litúrgicas.

Su estilo pertenece al barroco, caracterizado por el uso de imágenes complejas, referencias mitológicas y juegos de lenguaje ingeniosos.

Durante su vida, su obra alcanzó gran reconocimiento, en parte gracias al respaldo de la corte virreinal, que facilitó su publicación en España.

Fue leída y admirada en muchas regiones del Imperio español.

Su poesía se distingue por la riqueza sonora, la profundidad conceptual y el brillante uso del lenguaje. Aunque durante los siglos XVIII y XIX su prestigio disminuyó debido al rechazo del barroco, en el siglo XX fue redescubierta y valorada como una de las grandes autoras de la literatura en español.

Fiel al principio renacentista de la imitación, sor Juana adoptó y superó los modelos clásicos de su época.

Obras como "Primero sueño", "Los empeños de una casa" y "El divino Narciso" demuestran su talento singular.

Además, su "Respuesta a sor Filotea de la Cruz" no solo es una defensa apasionada del derecho de las mujeres al conocimiento, sino también uno de los textos en prosa más relevantes de la literatura novohispana. La figura de sor Juana, por su erudición, sensibilidad poética y pensamiento crítico, continúa inspirando a lectores y estudiosos de todo el mundo.

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Sor Juana falleció en la Ciudad de México el 17 de abril de 1695, y a 330 años de su muerte, su figura se mantiene como uno de los pilares de la literatura en español; prueba de ello son estos seis poemas elegidos para conmemorar su obra. 

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6 poemas de Sor Juana Inés de la Cruz, la décima musa mexicana. Foto: INBAL.

En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?

En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?

¿En qué te ofendo, cuando sólo intento

poner bellezas en mi entendimiento

y no mi entendimiento en las bellezas?

Yo no estimo tesoros ni riquezas;

y así, siempre me causa más contento

poner riquezas en mi pensamiento

que no mi pensamiento en las riquezas.

Y no estimo hermosura que, vencida,

es despojo civil de las edades,

ni riqueza me agrada fementida,

teniendo por mejor, en mis verdades,

consumir vanidades de la vida

que consumir la vida en vanidades.

Con el dolor de la mortal herida

Con el dolor de la mortal herida,

de un agravio de amor me lamentaba,

y por ver si la muerte se llegaba

procuraba que fuese más crecida.

Toda en el mal el alma divertida,

pena por pena su dolor sumaba,

y en cada circunstancia ponderaba

que sobraban mil muertes a una vida.

Y cuando, al golpe de uno y otro tiro

rendido el corazón, daba penoso

señas de dar el último suspiro,

No sé con qué destino prodigioso

volví a mi acuerdo y dije: qué me admiro?

Quién en amor ha sido más dichoso?

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Éste que ves, engaño colorido

Éste que ves, engaño colorido,

que, del arte ostentando los primores,

con falsos silogismos de colores

es cauteloso engaño del sentido;

éste, en quien la lisonja ha pretendido

excusar de los años los horrores,

y venciendo del tiempo los rigores

triunfar de la vejez y del olvido,

es un vano artificio del cuidado,

es una flor al viento delicada,

es un resguardo inútil para el hado:

es una necia diligencia errada,

es un afán caduco y, bien mirado,

es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

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Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,

como en tu rostro y en tus acciones vía

que con palabras no te persuadía,

que el corazón me vieses deseaba;

y Amor, que mis intentos ayudaba,

venció lo que imposible parecía,

pues entre el llanto que el dolor vertía,

el corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste,

no te atormenten más celos tiranos,

ni el vil recelo tu quietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos:

pues ya en líquido humor viste y tocaste

mi corazón deshecho entre tus manos.

Amor empieza por desasosiego

Amor empieza por desasosiego,

solicitud, ardores y desvelos;

crece con riesgos, lances y recelos;

susténtase de llantos y de ruego.

Doctrínanle tibiezas y despego,

conserva el ser entre engañosos velos,

hasta que con agravios o con celos

apaga con sus lágrimas su fuego.

Su principio, su medio y fin es éste:

¿pues por qué, Alcino, sientes el desvío

de Celia, que otro tiempo bien te quiso?

¿Qué razón hay de que dolor te cueste?

Pues no te engañó amor, Alcino mío,

sino que llegó el término preciso.

Detente, sombra de mi bien esquivo

Detente, sombra de mi bien esquivo

imagen del hechizo que más quiero,

bella ilusión por quien alegre muero,

dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias atractivo

sirve mi pecho de obediente acero,

¿para qué me enamoras lisonjero,

si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes satisfecho

de que triunfa de mí tu tiranía;

que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,

poco importa burlar brazos y pecho

si te labra prisión mi fantasía.