5 poemas imprescindibles de Jaime Gil de Biedma sobre el amor y el paso del tiempo
Presentamos 5 poemas que muestran la lucidez y la emoción de Jaime Gil de Biedma, conmemorando 96 años del nacimiento de este pilar de la poesía en español.

Jaime Gil de Biedma y Alba nació en Barcelona, España, el 13 de noviembre de 1929.
Fue uno de los poetas españoles más destacados de la segunda mitad del siglo XX.
Integrante de la Generación del 50 (grupo de escritores españoles nacidos entre 1924 y 1938, y que publicó sus obras durante 1950, después de la guerra civil española).
También llamada generación del medio siglo o de los niños de la guerra, se le adscribe también a la “poesía de la experiencia” y a la Escuela de Barcelona, corrientes que marcaron una nueva sensibilidad literaria en la España de posguerra.
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Nació en una familia burguesa, hijo de Luis Gil de Biedma y María Luisa Alba.
Estudió en el colegio Navas de la Asunción (en la provincia de Segovia) durante la Guerra Civil y cursó el bachillerato en el colegio Luis Vives de Barcelona.
En 1946 inició Derecho en la Universidad de Barcelona, carrera que concluyó en Salamanca.
Durante su juventud trabó amistad con escritores como Carlos Barral, José Agustín Goytisolo, Gabriel Ferrater y Josep Maria Castellet, con quienes compartió inquietudes estéticas y políticas.
A pesar de su vocación literaria, desarrolló una larga carrera empresarial en la Compañía General de Tabacos de Filipinas, donde llegó a ser secretario general.
Su estancia en la capital de aquel país, Manila, en el año de 1956, inspiró parte de su obra posterior y algunos pasajes de su diario.

Su primera publicación fue Compañeros de viaje (1959), poemario en el que ya se advierte su tono conversacional, su ironía y la preocupación por el paso del tiempo.
Le siguió Moralidades (1966), donde su poesía adquiere mayor madurez formal y profundidad reflexiva, explorando la tensión entre la ética personal y la hipocresía social.
Su último libro, Poemas póstumos (1968), consolidó su prestigio: en él aborda la vejez, el amor, el desencanto y la conciencia del deterioro personal, en un lenguaje depurado y directo.
Toda su obra lírica se reunió en Las personas del verbo (1975), publicada por Barral Editores y posteriormente reeditada por Seix Barral.
Este volumen, que incluye poemas revisados y reordenados, es considerado una de las cumbres de la poesía española moderna.
Además de poesía, Gil de Biedma escribió ensayos y memorias, entre los que destaca el Retrato del artista en 1956, publicado póstumamente en 1991, donde reflexiona sobre su vida en Filipinas y su identidad.
Su obra revela la influencia de Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, Auden y T. S. Eliot, así como del Siglo de Oro español.
Gil de Biedma murió en Barcelona el 8 de enero de 1990, víctima del SIDA.
Su legado, reconocido con premios y homenajes, como el Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma, instituido en 1991 por la diputación de Segovia, España, lo consagra como una voz esencial de la poesía del siglo XX, símbolo de lucidez, ironía y autenticidad.
A 96 años del nacimiento del gran representante de la poesía en español a finales del siglo pasado, repasamos parte de su obra con estos cinco poemas.
1. Amor más poderoso que la vida
La misma calidad que el sol de tu país,
saliendo entre las nubes:
alegre y delicado matiz en unas hojas,
fulgor de un cristal, modulación
del apagado brillo de la lluvia.
La misma calidad que tu ciudad,
tu ciudad de cristal innumerable
idéntica y distinta, cambiada por el tiempo:
calles que desconozco y plaza antigua
de pájaros poblada,
la plaza en que una noche nos besamos.
La misma calidad que tu expresión,
al cabo de los años,
esta noche al mirarme:
la misma calidad que tu expresión
y la expresión herida de tus labios.
Amor que tiene calidad de vida,
amor sin exigencias de futuro,
presente del pasado,
amor más poderoso que la vida:
perdido y encontrado.
Encontrado, perdido...
2. Conversación
Los muertos pocas veces libertad
alcanzáis a tener, pero la noche
que regresáis es vuestra,
vuestra completamente.
Amada mía, remordimiento mío,
la nuit c’est toi cuando estoy solo
y vuelves tú, comienzas
en tus retratos a reconocerme.
¿Qué daño me recuerda tu sonrisa?
¿Y cuál dureza mía está en tus ojos?
¿Me tranquilizas porque estuve cerca
de ti en algún momento?
La parte de tu muerte que me doy,
la parte de tu muerte que yo puse
de mi cosecha, cómo poder pagártela…
Ni la parte de vida que tuvimos juntos.
Cómo poder saber que has perdonado,
conmigo sola en el lugar del crimen?
Cómo poder dormir, mientras que tú tiritas
en el rincón más triste de mi cuarto?
3. ¿Fue posible que yo no te supiera?
¿Fue posible que yo no te supiera
cerca de mí, perdido en las miradas?
Los ojos me dolían de esperar.
Pasaste.
Si apareciendo entonces
me hubieras revelado
el país verdadero en que habitabas!
Pero pasaste
como un Dios destruido.
Sola, después, de lo negro surgía
tu mirada.
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4. Peeping Tom
Ojos de solitario, muchachito atónito
que sorprendí mirándonos
en aquel pinarcillo, junto a la Facultad de Letras,
hace más de once años,
al ir a separarme,
todavía atontado de saliva y de arena,
después de revolcarnos los dos medio vestidos,
felices como bestias.
Te recuerdo, es curioso
con qué reconcentrada intensidad de símbolo,
va unido a aquella historia,
mi primera experiencia de amor correspondido.
A veces me pregunto qué habrá sido de ti.
Y si ahora en tus noches junto a un cuerpo
vuelve la vieja escena
y todavía espías nuestros besos.
Así vuelve a mí desde el pasado,
como un grito inconexo,
la imagen de tus ojos. Expresión
de mi propio deseo.
5. No volveré a ser joven
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan solo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
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