Bosco Sodi; conecta arte de cinco siglos
El artista mexicano inauguró ayer su retrospectiva Por los siglos de los siglos, cuyas piezas se confrontan con la colección permanente del Munal

CIUDAD DE MÉXICO.
Bosco Sodi (Ciudad de México, 1970) se conecta con el arte del pasado. Con la pintura novohispana, la religiosa, la de paisaje. Con la figuración simbólica de cinco siglo atrás. Con la estética de la época virreinal, de la decimonónica y del siglo XX. Esa plástica tan distante a la suya que detona, por contraste, los elementos identitarios de sus obras: la materia, la forma, el color y la textura. Es un diálogo visual que sirve de lectura retrospectiva sobre la trayectoria de quien desarrolla su carrera principalmente en el extranjero.
Es la exposición Por los siglos de los siglos que se inauguró ayer en el Museo Nacional de Arte (Munal). Medio centenar de piezas de Sodi, de los últimos diez años, se confrontan a la colección permanente del recinto. No es obra nueva pensada para el museo que implicara una conceptualización, sino la selección de piezas existentes para abrirse espacio entre pintores como Cristóbal de Villalpando, Miguel Cabrera, José María Velasco y Saturnino Herrán, entre otros.
Para el artista, que recién intervino el Museo Diego Rivera Anahuacalli, esta individual funciona como una retrospectiva. Una mirada a fondo de su avance paulatino en la materia, que va del formato bidimensional al tridimensional; de la pintura a las esculturas que él llama objetos creadas igual con madera, arcilla o piedra. Las 50 piezas que llevó al Munal, una de ellas ocupará el Patio de los Leones, dan cuenta de esta evolución.
No quise una sala vacía para mí. Cuando tuvimos las primeras reuniones con el equipo curatorial del museo, les pedí que mis obras estuvieran lo más dispersas posible; de hecho, creo que las salas más débiles son las tienen sólo dos cosas juntas. No me metí mucho en lo curatorial, dejé al equipo del museo eligiera qué piezas de su colección tomar para hacer el diálogo. Lo que sí quería era que se mostrara todo el abanico de mi obra, no sólo pintura o cubos, sino realmente está todo: desde las botánicas que son del 2007”, explicó Sodi en entrevista en su estudio de la Ciudad de México.
Quien ha expuesto en España, Berlín, Italia, Japón y Lisboa plantea una lectura simple de las obras. Sin “complicaciones conceptuales”, el artista busca que el espectador aprecie su obra y asimile la búsqueda que ha hecho con la materia. Entonces el contraste de formas y tonalidades con las pinturas más clásicas permite percibir las características de ambos estilos de estética. “Es un diálogo basado en símbolos de las cosas naturales, centrado más en sus símbolos que en su sentido conceptual, porque me gusta la lectura sin intelectualismos”, dijo.
Todo un proceso
Y si el espectador es más paciente podrá percibir, en un plano simbólico, el proceso del artista, pues, para Bosco Sodi, la manufactura es lo más importante de su trabajo en el sentido de construir piezas que tengan una historia, una exploración, una experiencia. A veces son objetos que surgieron del accidente afortunado, y otros de la repetición de técnicas hasta tener el resultado estético. El accidente, la imperfección y el no control son claves para leer sus piezas.
Es el caso de los cuadros de pintura al óleo con aserrín, fibras de yute y otras materias que consiguió con la experimentación de métodos; ahora son su sello de identificación. O con las esculturas de piedra volcánica que manipula, o los cubos de madera con los que forma una suerte de monolitos. Ejercicios derivados en piezas. Pero también están los fallos, como las pruebas que ha hecho en Oaxaca para hacer tapetes con pintura de cochinilla que no ha logrado.
En ese sentido, el artista señala que su trabajo no es una obra de moda, sino de experimentación: “Es una obra que se ha ido abriendo camino, un camino difícil, porque no tiene casi nada que ver con los artistas de mi generación en México. En México está muy fuerte el conceptualismo, y en el mundo del arte internacional mi obra ya tiene un espacio definido, la gente reconoce en cualquier lugar mi trabajo, y entonces es como me han empezado a buscar aquí, siempre sucede así”, afirma quien antes de la individual en el Anahuacalli (enero de 2017) no había expuesto en el país desde 2012.
Sodi, insiste, no encaja en ninguno de los grupos de artistas formados en la ciudad. Tal vez porque sus estudios y proyectos los ha desarrollado en el extranjero, principalmente Estados Unidos, o porque su propuesta estética va contra lo establecido. “En todo este tiempo sigue habiendo gente que no le gusta mi trabajo, y eso está bien, porque sería muy aburrido que les gustara a todos. El punto es que ya lo identifican”.
El pintor, de los creadores mexicanos mejor cotizados en el mercado internacional, no planea establecer su centro de trabajo en México, aunque ya tiene un estudio-bodega y dirige el espacio Casa Wabi. Pero reconoce que sí le interesa el reconocimiento de la escena local, como cuando los niños buscan la aprobación de los padres. “Estamos comprometidos moralmente con México, en el Anahuacalli me fue muy bien y es satisfactorio el reconocimiento de mi país”.
Los siguientes meses dejará el país, para concentrarse en un proyecto en Nueva York. Será un muro construido con tabiques rojos hechos en Puerto Escondido con arcilla mexicana. Sobre Washington Times Square, Sodi elevará una barda efímera, pues al final del día la gente podrá llevarse un cubo. Será la primera acción pública del artista.
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