Sibylle Bergemann y su mirada crítica

El MACO es sede de la mayor exposición exhibida hasta hoy en México sobre el trabajo de la creadora germana; Esas 130 imágenes revelan la visión de un artista trabajando dentro de la Alemania del Este

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OAXACA

En la imagen Federico Engels pende de una soga. El pesado cuerpo sobresale de entre los edificios a su alrededor; ha sido atado un poco más abajo de la cintura y parece seguir con diligencia las labores de un peón pequeñito que a nivel tierra prepara un terreno. Igual de imponente, a su lado aparece la torre Fernsehturm, esa futurista estructura construida en 1969 que acabaría convirtiéndose en referencia del Berlín Oriental en la extinta República Democrática Alemana (RDA).

La fotografía forma parte de una serie más grande (una copia ha sido recién adquirida por el MoMA de Nueva York para formar parte de su serie Iconos culturales y políticos) que se fue formando por encargo durante 11 años. El entonces Ministerio de Cultura de la RDA encargó a Sibylle Bergemann (1941-2010), en 1975, documentar el proceso de elaboración de un monumento dedicado a Marx y Engels. Ella, sin quererlo, dejó lista una serie que devino en “velada” crítica al régimen.

En toda la serie hay cierta ironía y humor, porque no existe una foto del proceso final, ella debía entregar las fotos de vez en cuando y ellos tenían que aprobarlas y siempre las aprobaron, pero a la familia se nos hizo muy raro, pues las aprobaban tal cual y eso se veía como algo chistoso”, recuerda Frieda von Wild, hija de la fotógrafa alemana que impactó a todo el mundo después de captar el célebre beso entre los líderes comunistas Leónidas Brezhnev y Heinrich Hönecker, que luego sería reproducido como pintura en el Muro de Berlín.

La famosa imagen no ha desembarcado en esta ocasión, pero no se le echó de menos: en su lugar, el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) es sede de la mayor exposición exhibida hasta hoy en México sobre el trabajo de la alemana. Como parte del Año Dual Alemania-México 2016-2017, al museo oaxaqueño han llegado 130 fotografías que dan cuenta de más de tres décadas de trabajo de Bergemann y, al mismo tiempo, revelan la visión de un artista trabajando dentro de la Alemania del Este.

El Engels colgado de una soga “siempre se ha interpretado como el desmontaje de la escultura y de la misma RDA, pero no: se trata del montaje de la escultura”, recuerda Von Wild, quien ha viajado a México junto con su hija y nieta de Bergemann, Lily. El resto de la serie Un monumento muestra el proceso creativo del escultor Ludwing Engelhardt para el Marx-Engels Forum de Berlín, pero pareciera la documentación de un proceso estéril, destinado al fracaso y con la suficiente dosis de ironía para provocar la risa: los ideólogos del comunismo aparecen cortados por la mitad, en forma de ridículos bocetos de alambre y barro o “aparentemente protegidos” con un forro de plástico.

Sibylle era una mujer chiquita, frágil, tímida; sus imágenes siempre han sido asociadas con la melancolía, pero en muchas de ellas hay también un humor velado, una manera de ver las cosas de manera irónica”, dice su hija. En Hollywood, una fotografía de 1989 tomada en Los Ángeles, la alemana capta un set cinematográfico que representa una linda casa americana, pero Bergemann se mueve un poco y revela intencionadamente que sólo se trata de un montaje, que realmente atrás de esa idílica morada no hay nada.

Bergemann se comenzó a interesar por la foto en la dé- cada de los 60 luego de conocer al también fotógrafo Arno Fischer, que por entonces ya era una celebridad. “Él después sería su esposo, cuando lo conoció supo que era el hombre con quien se quería quedar el resto de su vida. Con él empezó a tomar clases y siguió siendo su maestro toda la vida”. De carácter más bien reservado, la joven Bergemann comenzó haciendo imágenes de ventanas, creía que éstas revelaban mucho de la gente detrás de ellas.

Su gran prestigio, sin embargo, comenzó a despuntar rápidamente cuando se convirtió en fotógrafa de moda. Una de sus primeras series fue la que hizo a la actriz Katharina Thalbach. Su trabajo en esa etapa puede verse muy lejos de lo que para entonces se entendía como fotografía de modas: “Sus retratos tienden a separarse de la moda, toma fotografías con mucho respeto, con una dignidad muy especial que va más allá de la fotografía de moda”, dice su hija.

La mujer quedaría como una presencia constante en su trabajo, generalmente aparecen pocos hombres en sus imágenes, pero hay además otras constantes: los animales, los niños y, por supuesto, Berlín. Su trabajo en conjunto abarca desde el paisaje, el retrato, el reportaje gráfico o el ensayo fotográfico, como esas series que elaboró con su Polaroid y de las cuales se exhiben dos. También están en sus instantáneas aspectos de la vida cultural en la RDA, y sus tomas son ahora el registro de un tiempo.

En Marisa und Liane (1981), por ejemplo, dos bellas mujeres alemanas voltean a la cámara en una playa. La escena es posada, pero denota cierta inconformidad en el rostro adusto de una de las modelos:

Los editores de la revista Sibylle decidieron que debía cambiar la facción de la cara, y modificar los labios hacia arriba, porque creían que en la RDA, que entonces era socialista, una mujer no podía estar tan triste, se tenía que ver feliz. Era muy absurdo; la foto finalmente se publicó modificada y parece como si la modelo tuviera papas en la cara."

En este contexto, recuerda su hija, "viene siempre la pregunta sobre la censura en RDA: la mayoría de los artistas debía enfrentarse con esas censuras directas, pero había una censura automática que pasaba antes por la cabeza del artista; estaban establecidos los límites de la sociedad y hubo un sistema político que se fue aprendiendo, ellos sabían hasta dónde podían ir”.