Sheinbaum ante el caso Sinaloa

Pasan los días y se estira más y más la liga, con riesgo de que se rompa de la peor manera. Hasta ahora no hay un solo detenido de la decena o docena de personajes que exigen desde Estados Unidos para ser juzgados allá. Lo curioso es que las autoridades mexicanas pidan más información sobre los cargos de que acusan a los incluidos en la nómina gringa, aunque nuestro gobierno ya lleva 97 capos entregados al país vecino, los que se entregaron sin condición alguna.

Ese casi centenar de narcos ya están en cárceles de la llamada Unión Americana, pero las respectivas mafias siguen operando, ahora encabezadas por quienes eran subjefes beneficiados por la ausencia de quienes eran sus superiores. Se celebra a García Harfuch por el centenar de gángsters enviados al país vecino, pero nada se dice de quienes aquí siguen manejado las empresas ilegales, que disponen de instalaciones industriales de gran capacidad, como el enorme laboratorio descubierto y, suponemos, destruido en Chihuahua en una operación dirigida por la CIA.

Se protege a Rubén Rocha Moya, aunque al respecto existe más de una versión. En la mañanera se dijo que el sinaloense solicitó medidas de protección, aunque García Harfuch precisó que no hubo tal solicitud, sino que así lo decidió la Secretaría de Seguridad. El excelente columnista Juan Ortiz, tras citar que en Sinaloa ya suman más de tres mil los asesinatos de las mafias y 2 mil 600 los desaparecidos, dice que en ese contexto “proteger a Rocha puede tener otros objetivos”.

Así lo creemos, porque al respecto se manejan varias hipótesis. Una de ellas es evitar que a Rocha lo secuestren los gringos, por interpósita persona, como ocurrió con El Mayo Zambada, o los mismos mafiosos, que lo usarían como moneda de cambio para conseguir impunidad. Otra versión es que el personaje sabe demasiado y si suelta la sopa podría involucrar a políticos relevantes de Morena, aunque el citado García Harfuch declara que el Gabinete de Seguridad nunca tuvo indicios de alguna relación de autoridades sinaloenses con la delincuencia, lo que resulta ciertamente extraño, pues en los medios de comunicación se han divulgado profusamente algo más que “indicios” sobre esa colaboración.

Francisco Labastida, quien fue víctima de más de un atentado cuando era gobernador de Sinaloa, declaró en el programa de Carmen Aristegui que el senador Enrique Inzunza, quien fuera secretario general de Gobierno durante tres años, “tiene fama de ser el enlace con los narcotraficantes. Tiene muy mala fama en Sinaloa. Diría que Rocha también tenía la fama de ser el enlace cuando el gobernador era Quirino Ordaz (2017-2021), hoy embajador de México en España”.

Entre otros “indicios” de los que carece el Gabinete de Seguridad, está la actuación de Aída Inzunza, casualmente hermana de Enrique Inzunza, hoy solicitado por Estados Unidos, quien era magistrada del Tribunal Electoral de Sinaloa, que avaló la validez de la elección de 2021, que dio por ganador a Rocha Moya, en un proceso en que la banda de Los Chapitos secuestró a un centenar de candidatos o amenazó a otros y a sus familias para obligarlos a dimitir, además de que con violencia se impidió la presencia de representantes de la oposición en un millar de casillas o que en otras se robaron las urnas.

El tal Inzunza, hoy senador por Morena, además de las relaciones que pueda tener con los narcotraficantes, ha sido repetidamente denunciado por acoso sexual a una jueza e incluso por violación y por difundir en 2024 un video íntimo en el que aparece masturbándose. Para decepción de las feministas, el senador morenista ha gozado de total impunidad.

Debemos suponer que la inacción judicial y la defensa que desde el poder se hace de esos sinvergüenzas es por temor a perder votos o porque proceder contra ellos sería aceptar la podredumbre de ciertos morenistas. Pero argüir que todo es presión gringa o un complot de la derecha local sirve para cobijar a los corruptos. Lamentablemente, Ariadna Montiel, la nueva dirigente de Morena, Citlalli Hernández y otras figuras de más arriba se atreven a decir que no hay corrupción en Morena, un partido colonizado por el priismo y por los narcos. ¿Lo limpiarán de tanta basura? Ojalá, pero no es probable.