Los últimos detectives de La Onda: por los 71 de José Agustín

Este miércoles 19 de agosto, el autor de "Se está haciendo tarde (final en la laguna)", "De Perfil" y "La Tumba", cumple 71 años

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El escritor José Agustín nació el 19 de agosto de 1944 en Acapulco, Guerrero.

CIUDAD DE MÉXICO, 19 de agosto.- La primera vez que leí a José Agustín me encontraba enamorado. El libro en cuestión había llegado por conducto de mi mejor amigo. Aquel libro, lo he regalado por lo menos tres veces, era Se está haciendo tarde (final en laguna). Una novela ad hoc para quienes nos encontrábamos en la segunda iniciación: la que sucede luego del primer sexo, luego del primer contacto con las drogas (la marihuana principalmente), luego de las primeras canciones de The Beatles o de los Rolling Stones.

II

Esa segunda iniciación, extemporánea a La Tumba o De Perfil, es una transformación cualitativa de la primera. El sexo como hábito y habitus (Bourdieu sic), las drogas como modus operandi y el rock & roll como doctrina de vida. Debajo de estos tres elementos, algo (una esencia quizá) siempre asoma. El Tarot, el I Ching, los arquetipos Jungianos... La vida espiritual en general. Y, en el fondo, el misterio del Universo. Grosso modo, así describiría aquélla segunda iniciación.

Para cuando comencé la lectura de Cerca del Fuego, las cosas habían cambiado de un modo inexplicable. Para entonces me encontraba en el desamor. El final de La Tumba (final en la tumba) había encarnado en mi propia historia de vida: un aborto y la consecuente ruptura. La soledad progresiva me fue emparentando con Lucio, el personaje principal de Cerca del Fuego. Desmemoriado, mecanismo que Agustín sugería para el País, me propuse reconstruir mi existencia. Quemar las naves, incendiar los errores, buscar incansablemente el fuego nuevo de la experiencia y la sapiencia. Para cuando leí las últimas notas de aquel libro, el partido de béisbol entre poetas y escritores, las cosas se habían serenado. No me encontraba en el Fuego, ciertamente, pero sí en el camino (Kerouac sic) para intuirlo.

Así pasaron varios años. Entre intentos de escritura, entre relecturas de su obra. Nunca eruditas, nunca doctas. (Por cierto, hace un par de años un amigo se tituló con una tesis acerca de José Agustín). Rumores acerca del cáncer maldito que lo acecha. Rumores acerca de presentaciones de fragmentos de novelas perdidas. Algunas notas en suplementos culturales. Sus últimas reseñas en los últimos aleteos de La Mosca (nunca más en la pared). Libros suyos en tenderos a un lado de Minería, en tenderos de Pantitlán, Balderas e incluso en el Tianguis de San Juan (sí en Neza). Quizá, todo esto y todo aquello, la tercera iniciación: no tanto las sucesivas muertes en vida, sino La Muerte en mayúsculas y definitiva.

III

Esta tercera iniciación, extemporánea a Se está haciendo tarde (final en laguna) o Cerca del Fuego, es una transformación cualitativa de la segunda. El sexo ya no sólo convertido en hedonismo, sino también en sufrimiento. Las drogas como mecanismos de escape del panóptico cotidiano. El rock & roll la única panacea particular, íntima e incompartible. Debajo de los tres elementos, algo (quizá una esencia) siempre asoma.

La Muerte insoslayable de los padres, el entorno político irreversible (ahora necesitamos la desmemoria de 123 años, por lo menos), los antiarquetipos de la violencia, la corrupción y la consecuente impunidad... El turbio y etéreo porvenir en general. Y, en el fondo, el desencanto generalizado por la existencia. Grosso modo, así describiría esta tercera iniciación.

Esta es la primera vez que escribo acerca de José Agustín y me encuentro enamorado. Son tantos los fragmentos y personajes de su obra que han quedado grabados en mi memoria. El Alto Güataje, por ejemplo. La Gorda Fofa Gladys, verbigracia. El Adolescente SinNombre de De Perfil. El balsero que pronuncia “[...] se está haciendo tarde [...]”. El escritor incinerado a voluntad del arte. La reseña de Sufjan Steven cuando salió Illinois. Varios reportajes sobre Dylan. Varios epígrafes de Dylan.

También son tantas las cosas que imagino contingentes en su obra: una reseña/reportaje sobre Black Rebel Motorcycle Club, un epígrafe de Wilco en alguno de sus cuentos, un estudio comparativo entre Las batallas en el desierto, Un hilito de sangre y La Tumba; un cuento donde retome la premisa de Esperando a Godot y la aplique en un partido de fútbol (guiño incluido a Juan Villoro), una charla con Simon Reynolds en algún congreso de cronistas rockeros, una crónica de los dos sexenios panistas, un texto donde mi mejor amigo y yo lo visitamos en su casa de Cuautla en busca del sentido contemporáneo de La Onda.

Como los últimos detectives de La Onda.

asj