Wynton Marsalis, su jazz traspasa la tribu
El reconocido trompetista estadunidense charla con Excélsior acerca de su regreso a México después de nueve años. Hoy y mañana ofrecerá conciertos en el Palacio de Bellas Artes junto a la Jazz at Lincoln Center Orchestra

CIUDAD DE MÉXICO, 7 de marzo.- Wynton Marsalis (Nueva Orleans, 1961) habla con un tono mezclado entre profeta y filósofo. Razona y medita cada una de sus palabras, siempre pone ejemplos para ilustrar sus ideas, casi siempre poéticas. ¿Pará qué le sirve la música a México en los momentos difíciles que vive?, se le pregunta: “Hay muchas clases de música, hay música con la cual la gente se puede escapar, música con la cual se pueden alterar los sentidos y se puede escapar del mundo, también hay música que es para hacer el amor…
Pero también —dice— hay música que es historia, que te hace recordar otros momentos de la historia; hay música que es muy espiritual, hay música que es más una cuestión de conciencia, que tiene una visión total y la música se usa para todas esas cuestiones.”
Wynton Marsalis está de regreso en México después de nueve años, hoy y mañana ofrecerá conciertos en el Palacio de Bellas Artes junto a la Jazz at Lincoln Center Orchestra.
Desde entonces, platica con Excélsior después de ofrecer una conferencia de prensa, las cosas han cambiado. Ahora “es un muy buen momento de la banda, todos están tocando a un nivel muy alto”. La última vez que el grupo estuvo en México, considera, la música hablaba de la integración del grupo, ahora, “me gustaría proyectar un rango mayor de expresión de la música; con la música de todos los periodos, de los años 20, de los 30, de los 50, con música de diferentes autores, compositores y artistas en el continente americano, mostrar a la banda”.
El jazzista viene de presentarse en Puerto Rico, después de México viajará a Venezuela (donde participará en el 40 aniversario del Sistema de Orquestas y Coros Juveniles) y continuará hacia Perú, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil. El trompetista viaja en calidad de líder de una agrupación, pero también como embajador cultural de Estados Unidos, categoría en la que fue nombrado en 2001 como parte del programa Culture Connect y como “Mensajero de la Paz”, establecido así por Kofi Annan, exsecretario general de las Naciones Unidas.
Marsalis se la toma en serio, sus palabras siempre incluyen reflexión y busca tocar fibras, ofrece sonrisas a todos y nunca se niega cuando le piden una foto o un autógrafo, bromea, se muestra como cualquier otro. También es optimista: “El universo está lleno de violencia, las estrellas explotan, implosionan y chocan entre ellas, tiendo a ver lo que nos pasa como olas, como ondas; puedes tratar de pararlas, detenerlas, capturar una de ellas, hay olas, y luego hay tranquilidad y este es un momento, un tiempo de turbulencia”, dice.
Los sistemas, agrega, están siendo puestos a prueba: “cuando estos sistemas trabajan sin integridad crean mucho dolor, si en lugar de que concentráramos estos sistemas en la explotación de la gente y estuvieran concentrados en la elevación de ella, podrían producir una edad de oro. Esa es la transición a largo plazo que estamos viviendo. Podrá haber un periodo de caos, pero después de ese caos habrá tranquilidad y un mayor grado de elevación de conciencia, es un ciclo natural”, agrega.
Cultura materna
Wynton Marsalis nació en una familia de músicos, nada menos que en Nuevo Orleans, donde el jazz terminó por tomar forma. “La cultura del jazz es como mi madre”, dice. El trompetista es hijo del pianista Ellis Marsalis, hermano menor del saxofonista Branford Marsalis y mayor del trombonista Delfeayo Marsalis y del baterista Jason Marsalis. Su primera trompeta la recibió a los seis años y muy joven inició su educación artística en música clásica; su paso al jazz era natural y así comenzó a tocar en diferentes orquestas locales, grupos de funk y orquestas clásicas.
Tiene más de dos décadas que Marsalis no toca música clásica, pero sus fundamentos siguen animándole: “Disfruto y me encanta escuchar a las grandes orquestas, oír las grande obras, tengo amigos en todo el mundo que son parte de estas orquestas; en lo que se refiere a los artistas y compositores me gustan muchos, si tuviera que elegir algunos diría que mis favoritos son Shakespeare, Bach, Duke Ellington, Henri Matisse y William Butler Yeats”. De todo eso está hecho.
Como embajador, agrega el músico, “hago lo que siempre hacen todos los embajadores: tratar de derribar los muros artificiales que creamos por razones políticas, por razones históricas, las razones por las que por alguna razón no nos entendemos entre nosotros. La música y el arte nos permiten tener una experiencia conjunta más allá del grupo, de la tribu o del país al que pertenezcamos”.
En ese camino, Marsalis es víctima de impulsos: “A veces los artistas tienen un deseo violento, un deseo de abrazar a otra gente y tener una experiencia conjunta y ese deseo es mucho más fuerte que el de destruir a otros, ese es el espíritu que está en lo mejor de la música y del jazz. Yo he representado eso de alguna manera toda mi vida y por supuesto otros muchos músicos, antes hubo muchos más embajadores: Dizzy Gillespie, Benny Goodman, Dave Brubeck, todos ellos llevaron adelante la misión, el espíritu comunitario de esta música”.
Una música que para el trompetista está conformada en esencia por tres elementos: improvisación, swing y blues. “La improvisación nos dice a cada uno de nosotros que está bien ser como somos, ser una persona original y diferente a los demás, estar orgullosos de nosotros mismos y creer en esa originalidad única de la persona, que no tienes que vestirte o ser de cierta manera o decir ciertas cosas para ser grande.
El swing nos enseña que también está bien para los demás ser una persona única y original; la improvisación te enseña a hablar y el swing te enseña a escuchar, y a escuchar con la misma intensidad con la que hablas. Y el blues nos dice que el dolor también está presente en el mundo y que tenemos una responsabilidad de encontrar nuestro camino, nuestro grupo, encontrar nuestro optimismo:
La vida no es ideal, es lo que es, hay una realidad que nos toca a todos, cada uno de nosotros tenemos una realidad que es difícil, y ante esa realidad el blues nos invita, nos permite ver alegría, ver optimismo y felicidad a pesar de esta realidad, eso es lo que llevamos con nosotros a todos lados”, afirma.
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