Carta a Eusebio Ruvalcaba

Un lector ofrece diez puntos con motivo de la figura del autor de "Un Hilito de Sangre" en su cumpleaños

thumb
Eusebio Ruvalcaba, hombre de prosa honesta y sin medias tintas.

CIUDAD DE MÉXICO, 3 de septiembre.- Una decena de puntos destacando la presencia de Eusebio Ruvalcaba en una vida: un encuentro, sus letras y compartir un trago. 

-Los maestros literarios han dejado de existir.

-Mientras trato de pergeñar algún garabato con fuerza emocional en la hoja, pienso en los textos que más recuerdo de tu autoría. Uno de mis favoritos se titula Carta a un amigo. Éste es, en parte, la razón por la que me convencí de escribir esto.

-Conocerte en persona ha sido el hecho decisivo para reforzar una máxima que tengo: nunca conozcas personalmente a los artistas que admiras.

-Debo confesarte que hace tiempo no leo resueltamente ninguno de tus textos. No he podido concentrarme en tus letras. No lo digo como un mea culpa incómodo. Sino todo lo contrario: ver que tu vida está tan resuelta me ha causado este alejamiento. Para mí el escritor es alguien en eterna crisis, en perenne deconstrucción. No me gustaría llegar al estatus de escritor en el que te encuentras.

-Lección número dos: la vida es más grande que la literatura. Cada día me siento menos capaz en la literatura. Cada día la vida me asfixia un poco más. Mi sensibilidad está atrofiada. Algunos escritores se inventaron a sí mismos para desaparecer. Otros, en cambio, se inventaron para perdurar. Es reconfortante saber que perteneces a la segunda categoría.

-En las mujeres también fuiste afortunado. Lo escribo con envidia corrosiva. No obstante, en ese punto también ya tenemos un abismo. Las mujeres, a mis trágicos veintisiete, me importan cada día menos. Ya no son un cúmulo de voluptuosas sensaciones; son, por el contrario, un oleaje bravo de contraindicaciones. Lo lamento.

-En la amistad también te he fallado. Ya no me siento como la primera vez que leí Un hilito de sangre. Cada día que pasa mis amigos se convierten, poco a poco, en un teatro de sombras. De aquí en adelante lo que nos unirá será la tragedia.

-Lección número tres: la música es el arte supremo por antonomasia. Tú tan clásico culterano y yo tan punk pelado. Insalvable esta diferencia nuestra. Hace unos días escuché a un grupo recién descubierto por mis oídos que se llama Fugazi. Todos los Beethovens, los Bachs, los Schumans dejan de interesarme de inmediato. Lo siento.

-Ten cuidado con los lobos de las relaciones públicas. Esa última línea es un cero a la izquierda en la literatura. Pero es una advertencia de corazón. Un apretón de manos sincero. Los lobos andan sueltos y se materializan en editores independientes y en entrevistadores falaces. En el fondo lo sabes. No necesito escribirlo. Olvida por completo este numeral.

-¡Buena suerte, viejo adusto! Un año más se te ha esfumado. Tal vez algún día nos volvamos a encontrar: en ‘un whisky de nombre Despedida’ o en los labios de una ‘Mujer con M de Musa’. Ahora me siento un tanto más cerca del abisal páramo de la libertad. Así deben ser las rupturas… si me lo permites.

asj

Temas: