Drenaje linfático: la técnica que ayuda en algunos casos y en otros podría no funcionar
La evidencia médica muestra que el drenaje linfático es útil para reducir hinchazón en ciertos pacientes, pero sus efectos son limitados fuera de contextos clínicos.

El drenaje linfático ha pasado de ser una técnica poco conocida en el ámbito médico a convertirse en un término frecuente en consultas, centros de bienestar y redes sociales. Sin embargo, entre recomendaciones estéticas y promesas exageradas, suele perderse de vista su verdadero propósito.
Comprender qué es esta terapia, cómo funciona el sistema linfático y en qué casos puede ser realmente útil permite tomar decisiones informadas sobre su uso y evitar confusiones que pueden llevar a expectativas poco realistas o incluso a riesgos para la salud.

¿Qué es el drenaje linfático y por qué no es un “detox” milagroso?
El drenaje linfático manual (DLM) es un tipo de masaje suave, lento y rítmico que tiene como objetivo estimular el movimiento de la linfa, un líquido transparente que circula por el sistema linfático.
Este sistema cumple una función clave en el organismo: ayuda a retirar el exceso de líquidos, proteínas y productos de desecho de los tejidos, además de participar en la respuesta inmunológica.
De acuerdo con Cleveland Clinic, el drenaje linfático se utiliza principalmente para reducir la hinchazón causada por linfedema, una condición que aparece cuando el sistema linfático no logra drenar adecuadamente los líquidos.
Esto puede ocurrir, por ejemplo, después de cirugías, radioterapia o ciertos tratamientos contra el cáncer, especialmente cuando se han retirado o dañado ganglios linfáticos.
El drenaje linfático no “desintoxica” el cuerpo. Los órganos responsables de eliminar toxinas son el hígado y los riñones.
El drenaje linfático no sustituye estas funciones, sino que ayuda a movilizar líquidos acumulados cuando el sistema linfático está comprometido. Por eso, hablar de “detox” puede resultar confuso y poco preciso desde el punto de vista médico.

Cómo ayuda a la “circulación”
Cuando se habla de “mejorar la circulación”, muchas personas piensan automáticamente en la sangre. Sin embargo, el drenaje linfático actúa sobre otro sistema distinto pero complementario: el sistema linfático.
La circulación sanguínea depende del corazón, que funciona como una bomba que impulsa la sangre por arterias y venas. La linfa, en cambio, no tiene una “bomba” central. Su movimiento depende del movimiento muscular, la respiración y las válvulas internas de los vasos linfáticos.
Cuando este sistema no funciona correctamente, la linfa se acumula en los tejidos y provoca hinchazón, sensación de pesadez, rigidez y, en algunos casos, molestias o dolor.
El drenaje linfático manual ayuda a redirigir ese líquido hacia ganglios y vasos que sí funcionan, facilitando su retorno al sistema circulatorio.
Por esta razón, la sensación de alivio tras una sesión suele relacionarse con la disminución del edema (hinchazón), más que con una mejora directa del flujo sanguíneo.

¿Cuándo sí funciona el drenaje linfático?
El mayor respaldo científico del drenaje linfático se encuentra en el tratamiento del linfedema, especialmente el asociado a cáncer de mama y otras cirugías oncológicas.
Mayo Clinic incluye el drenaje linfático manual como parte del abordaje terapéutico del linfedema, junto con otras medidas como el uso de prendas de compresión, ejercicios específicos y el cuidado de la piel.
Un ensayo publicado en la revista Cancers evaluó el drenaje linfático guiado por imagen en mujeres con linfedema tras cáncer de mama, mostrando avances en la precisión del tratamiento dentro de la llamada terapia descongestiva compleja.
Por su parte, un estudio publicado en EClinicalMedicine concluyó que el drenaje linfático puede ser útil como parte de un tratamiento integral, pero no es suficiente por sí solo y sus resultados varían según cada paciente.
Mientras que una revisión en Frontiers in Medicine reiteró que el drenaje linfático debe indicarse de forma personalizada y bajo supervisión profesional, sobre todo en pacientes oncológicos.
Esto significa que sí puede ayudar cuando existe un problema real del sistema linfático, pero no es una solución universal para cualquier inflamación o molestia corporal.

Lo que no debe prometer
En redes sociales y centros estéticos, el drenaje linfático suele promocionarse como una técnica para “desinflamar”, afinar el rostro o eliminar la retención de líquidos.
Aunque puede generar una disminución temporal del volumen, las instituciones médicas son claras: no es un método para bajar de peso ni para tratar causas médicas de fondo.
Cleveland Clinic señala que, en personas sin linfedema, los resultados pueden ser limitados o pasajeros, y que cualquier hinchazón persistente debe evaluarse para descartar problemas venosos, renales, cardíacos u hormonales.
¿Cuándo evitarlo y cuándo consultar?
Aunque suele considerarse una técnica segura, no todas las personas deben someterse a drenaje linfático.
Mayo Clinic advierte que debe evitarse en casos de:
- Infecciones activas de la piel
- Coágulos sanguíneos (trombosis)
- Cáncer activo en la zona a tratar
- Insuficiencia cardíaca o renal no controlada
Cleveland Clinic añade que siempre debe realizarse por un terapeuta capacitado, y que la evaluación médica previa es clave si hay hinchazón dolorosa, unilateral o acompañada de otros síntomas.
El drenaje linfático no es una moda ni una solución milagrosa, pero tampoco es un simple masaje estético.
Se trata de una herramienta terapéutica con beneficios claros en contextos específicos, especialmente cuando existe un problema real del sistema linfático.
Comprender cómo funciona, cuándo ayuda de verdad y cuándo puede ser riesgoso permite tomar decisiones informadas, cuidar la salud y evitar falsas expectativas.
EL EDITOR RECOMIENDA



