Alimentos comerciales para perros podrían tener mercurio y plomo, investigación
Alimentos comerciales para perros podrían contener mercurio y plomo, según estudios recientes sobre contaminantes en croquetas.

Los alimentos comerciales para perros podrían tener mercurio, plomo y otros contaminantes invisibles que, como sombras silenciosas, se cuelan en el plato de nuestras mascotas.
Lo que parece nutrición balanceada podría esconder metales pesados. El estudio publicado por Clean Label Project sobre alimentos para mascotas encendió alertas al detectar niveles preocupantes de contaminantes en diversas marcas comerciales
Análisis retomados por la Facultad de Medicina Veterinaria de Cornell amplificaron el debate sobre la seguridad alimentaria canina. La evidencia científica previa ya había advertido que los metales pesados en alimentos pueden representar riesgos acumulativos para la salud.

¿Qué reveló el estudio sobre alimentos comerciales para perros?
El informe de Clean Label Project analizó múltiples productos de comida comercial para perros, incluyendo croquetas secas y fórmulas húmedas. Según su publicación oficial, encontraron rastros de metales pesados como plomo y mercurio en varias muestras evaluadas.
El punto crítico no es solo la presencia aislada de estos elementos, sino su acumulación potencial en el organismo. Los metales pesados no se metabolizan fácilmente; se almacenan en tejidos y órganos, lo que puede generar efectos a largo plazo.
WRAL informó en febrero de 2026 que algunos productos analizados presentaban niveles que expertos consideraron “alarmantes”, lo que generó cuestionamientos sobre la regulación y supervisión de ingredientes en la industria.
Desde la Facultad de Medicina Veterinaria de Cornell se retomó la discusión señalando que la exposición crónica a plomo y mercurio puede afectar sistemas neurológicos y renales en animales, de manera similar a lo que ocurre en humanos.

Metales pesados en croquetas: ¿cómo llegan ahí?
Contaminación en la cadena de suministro
Los metales pesados pueden ingresar a los alimentos para mascotas a través de materias primas contaminadas: pescado con bioacumulación de mercurio, cereales cultivados en suelos con residuos industriales o subproductos animales provenientes de entornos contaminados.
El artículo científico disponible en PubMed Central explica que la exposición alimentaria es una de las principales vías de contacto con metales pesados tanto en humanos como en animales.
El fenómeno de bioacumulación describe cómo estas sustancias aumentan su concentración a medida que ascienden en la cadena alimentaria. Si el ingrediente base contiene trazas de plomo o mercurio, el producto final puede reflejarlo. Y aunque las cantidades individuales sean pequeñas, el consumo diario durante años podría representar un riesgo acumulativo.
Procesamiento industrial y controles
Otro factor es la variabilidad en estándares de calidad. Clean Label Project señaló la necesidad de mayor transparencia en el etiquetado y pruebas más rigurosas en productos para mascotas.
La ironía es evidente: muchos envases prometen “natural” o “premium”, pero el término no necesariamente garantiza ausencia de contaminantes. La regulación de alimentos para mascotas puede diferir según el país, lo que complica la vigilancia homogénea.

¿Qué efectos puede tener el mercurio y el plomo en perros?
Impacto neurológico y renal
De acuerdo con la información retomada por Cornell, la exposición prolongada al plomo puede afectar el sistema nervioso central y provocar alteraciones conductuales, convulsiones o daño cognitivo en casos severos.
El mercurio, por su parte, se asocia con daño neurológico y renal cuando la exposición es crónica. El estudio científico destaca que estos metales interfieren con procesos celulares esenciales y generan estrés oxidativo.

Síntomas que podrían alertar
- Letargo persistente
- Cambios en el apetito
- Problemas gastrointestinales
- Cambios de comportamiento
Sin embargo, los síntomas pueden ser inespecíficos y difíciles de relacionar de inmediato con la dieta, lo que complica el diagnóstico.

¿Todos los alimentos comerciales para perros son inseguros?
No. Es fundamental evitar generalizaciones. El estudio no afirma que todas las marcas contengan niveles peligrosos, sino que existe variabilidad significativa entre productos.
La presencia de trazas no siempre equivale a toxicidad inmediata. La toxicidad depende de dosis, frecuencia y susceptibilidad individual. El debate gira en torno a la transparencia y la necesidad de límites más estrictos. El propio análisis mediático subraya que se requieren más investigaciones independientes para establecer estándares claros y uniformes.
¿Cómo reducir el riesgo de contaminantes en la comida para perros?
Leer etiquetas con mirada crítica
Buscar marcas que publiquen pruebas de laboratorio independientes y certificaciones de calidad puede ser una estrategia preventiva. Algunas empresas divulgan análisis de metales pesados como parte de su política de transparencia.
Consultar al veterinario
Ante dudas sobre la seguridad alimentaria canina, el veterinario es la fuente primaria de orientación personalizada. Cambios bruscos de dieta deben realizarse bajo supervisión profesional.
Diversificación y rotación
Algunos especialistas sugieren rotar proteínas y fuentes de alimento para evitar exposición prolongada a un solo ingrediente potencialmente contaminado. No obstante, cualquier ajuste debe estar validado por un profesional de la salud animal.
El plato metálico en el suelo de la cocina ya no parece tan inocente cuando sabemos que podría contener algo más que croquetas crujientes.
La seguridad alimentaria canina requiere regulación, ciencia y consumidores informados. Si considera cambios hacia dietas alternativas o preparaciones caseras, consulte siempre a un veterinario para garantizar equilibrio nutricional y seguridad. La salud de su mascota no admite improvisaciones, y el acompañamiento profesional es clave para prevenir riesgos innecesarios.
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