Tras cateo y rescate en albergue de Ixtapaluca, perros callejeros buscan comida entre jaulas vacías
Lo que durante 15 años operó como un espacio para animales terminó convertido en un foco de maltrato y abandono

En completo abandono quedaron las jaulas de un albergue improvisado denominado "La Granjita", ubicado en el fraccionamiento San Buenaventura, en Ixtapaluca, Estado de México.
Esto, luego de que autoridades estatales rescataran a los perros y gatos que vivían hacinados en su interior. Hoy, a este espacio siguen llegando canes en situación de calle en busca de alimento.
El lugar, conocido por los vecinos de la zona de Chopos, venía operando desde hace 15 años. En sus inicios, albergaba palomas, gallinas, patos, borregos, chivos y algunos perros; sin embargo, en los últimos años el concepto se desvirtuó por completo.
Los residentes aseguran que el sitio terminó convertido en un tiradero de animales, donde los perritos permanecían encerrados en jaulas, amarrados todo el tiempo e incluso con lesiones visibles.
“Yo veía mucho descuido, no puedo culpar a nadie, pero sí veía a los animalitos maltratados, más que nada en una situación muy mala, con suciedad y teniéndolos todo el tiempo encerrados”, señaló Alma, vecina de la zona.

A este panorama se sumó la irresponsabilidad ciudadana, pues personas de otros sitios acudían a "La Granjita" para abandonar a los animales que ya no querían en sus casas.
“La gente botaba aquí a los animales para que los de la granja se hicieran cargo, y ni ellos los cuidaban. Una vez me tocó, llegando de trabajar, ver cómo un carro se fue y abandonó una caja con gatitos chiquitos”, apuntó Elías, habitante del fraccionamiento.
Cateo, rescate y el problema de las jaurías
Ante las constantes denuncias de maltrato, elementos de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM), en coordinación con la Comisión Estatal de Parques Naturales y de la Fauna (CEPANAF), llevaron a cabo un cateo en el predio.
Durante la intervención, lograron el rescate de 13 perros y varios gatos que se encontraban en severas condiciones de hacinamiento, desnutrición, lesiones y maltrato.
Hoy solo quedan las jaulas abiertas con restos de alimento en su interior, lo que atrae a perros callejeros que buscan sobrevivir. Ante esta situación, residentes como Daniel Munguía, quien tiene un puesto de pollos, han tomado la iniciativa de alimentarlos.
“Están hambrientos, yo les doy lo que puedo. Les doy carnita y huesos, y si no tengo, les compro croquetas… Son libres, antes estaban ahí encerrados; ahora andan libres, buscan y tienen que buscar”, relató Munguía.
Pese a estos esfuerzos ciudadanos, los vecinos solicitan que las autoridades lleven a cabo una nueva jornada de rescate para los lomitos que permanecen en las calles, advirtiendo que, además de sufrir desnutrición, su agrupación en jaurías podría representar un riesgo para la comunidad.