Vecinos de Chimalhuacán viven atrapados en la inseguridad
En varias colonias se han reportado asaltos a plena luz del día, calles sin mantenimiento y puntos donde el consumo de alcohol deriva en riñas

Chimalhuacán, gobernando por Xóchitl Flores Jiménez, es uno de los municipios más densamente poblados del oriente del Estado de México, donde la promesa de seguridad y orden parece haberse diluido entre calles deterioradas, denuncias vecinales ignoradas y una percepción de riesgo que no cede.
Con más de 705 mil habitantes de acuerdo con datos del INEGI, este municipio enfrenta una presión constante en materia de servicios, infraestructura y, sobre todo, seguridad pública. Sin embargo, bajo la administración de la alcaldesa Flores Jiménez, los indicadores delictivos y el sentir ciudadano apuntan en sentido contrario a cualquier discurso oficial.
Cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) refieren que durante 2025 se iniciaron más de tres mil carpetas de investigación por delitos de alto impacto en el municipio, entre ellos robo de vehículo, asaltos a transeúnte, violencia y homicidios. Tan solo el robo de automóviles ronda los mil 800 casos anuales, lo que equivale, en términos prácticos, a casi cinco unidades despojadas cada día.
Pero más allá de los números, lo que se respira en colonias como Tlaixco o Santa Cruz es un clima de desgaste cotidiano. Asaltos a plena luz del día, calles sin mantenimiento y puntos donde el consumo de alcohol deriva en riñas y disturbios nocturnos forman parte de la rutina.
“Uno ya sale con miedo, mirando para todos lados”, relató Gabriela Mendoza, vecina del municipio. Su testimonio no es aislado. De acuerdo con mediciones recientes, más del 80 por ciento de la población se siente insegura en su entorno inmediato, una cifra que coloca a Chimalhuacán entre los focos rojos del país en percepción de violencia.
La problemática no se limita a la delincuencia, habitantes denuncian también irregularidades dentro de la administración municipal, como el uso de vehículos oficiales sin placas o sin cumplir con requisitos básicos de circulación, lo que, acusan, refleja una cultura de impunidad que se reproduce desde el gobierno hacia la calle.
En zonas específicas, como las inmediaciones de centros de abasto y lecherías, los robos se han vuelto recurrentes. Madres de familia, trabajadores y estudiantes son blanco frecuente de asaltos, especialmente en horarios de madrugada, cuando la vigilancia es escasa o simplemente inexistente.
“Que hicieran caso a las denuncias, porque llegan las patrullas, pero pues no sé si bajita la mano se ponen parejos y no pasa nada, aquí no pasa nada y sigue bien siempre con lo mismo de la inseguridad”, aseguró, María de los Ángeles, vecina de la colonia Tlaixco.
A ello se suma una constante señalada por organizaciones civiles y vecinos: la respuesta institucional es lenta o insuficiente. Aunque las patrullas acuden en algunos casos, dicen, la intervención no se traduce en detenciones ni en una disminución real de los delitos.
El deterioro urbano agrava el escenario con calles en mal estado, alumbrado deficiente y espacios públicos abandonados que generan condiciones propicias para la delincuencia, en un municipio donde la expansión poblacional no ha sido acompañada por infraestructura adecuada.
La administración municipal, encabezada por Xóchitl Flores Jiménez, ha perdido la confianza de una población que, entre miedo y resignación, continúa adaptándose a vivir bajo riesgo constante.
*DRR*