El enojo detrás del miedo

Max Cortázar

Max Cortázar

Editorial

Durante años, el partido en el poder ha apostado por una oposición fragmentada, desorganizada y atrapada en sus propias disputas internas. Su narrativa dependía, en buena medida, de la ausencia de un adversario capaz de articular una alternativa política. Sin embargo, Chihuahua mostró algo distinto: unidad, organización y, sobre todo, disposición para competir.

La reacción llegó apenas unas horas después. Lejos de presentar una visión de futuro para el país, la Presidenta recurrió nuevamente a los fantasmas del pasado. Regresaron las referencias a Felipe Calderón. Regresaron los ataques contra Vicente Fox. Regresaron las descalificaciones hacia quienes piensan diferente. Volvió, en suma, la política de la división.

Es una estrategia conocida.

Cuando los resultados no alcanzan para sostener el entusiasmo se recurre a la polarización. Cuando la realidad contradice el discurso oficial, se busca un enemigo. Cuando escasean las respuestas, aparecen los culpables de siempre.

Sin embargo, cada vez resulta más difícil sostener esa narrativa.

Los mexicanos escuchan hablar de prosperidad mientras enfrentan precios cada vez más altos. Escuchan hablar de seguridad mientras observan regiones enteras sometidas por la violencia. Escuchan hablar de democracia mientras se multiplican las presiones contra quienes discrepan del poder. 

También observan cómo crecen los señalamientos nacionales e internacionales sobre presuntos nexos entre figuras de Morena y el crimen organizado; mientras el gobierno responde con descalificaciones en lugar de explicaciones convincentes. Escuchan hablar de libertad mientras, desde las conferencias oficiales, se señala a medios de comunicación, periodistas y voces críticas.

La distancia entre el discurso y la realidad comienza a hacerse demasiado evidente.

Particularmente preocupante resulta la insistencia del gobierno federal en utilizar el concepto de soberanía como escudo político. La soberanía nacional no está amenazada por la cooperación internacional contra el crimen organizado. Lo que verdaderamente es una amenaza es que las organizaciones criminales impongan condiciones en municipios enteros; que decidan quién puede competir políticamente; que extorsionen, secuestren y asesinen con niveles alarmantes de impunidad. Ésa es la verdadera amenaza.

Por ello resulta delicado observar cómo desde el poder se minimizan los señalamientos contra personajes cuestionados y se responde con descalificaciones a quienes exigen explicaciones. La percepción que termina instalándose es la de una enorme disposición para proteger a los aliados políticos, pero una escasa voluntad para enfrentar los problemas de fondo. Mientras tanto, el país sigue esperando respuestas.

La economía no mejora por decreto. La seguridad no se recupera con discursos. La confianza ciudadana no se construye mediante ataques permanentes contra quienes piensan distinto.

Quizá por eso el evento de Chihuahua adquirió una dimensión mayor a la prevista. No fue únicamente una reunión partidista. Fue una demostración de que existe una alternativa política dispuesta a dar la batalla democrática. Fue la imagen de una oposición que decidió dejar atrás sus diferencias para concentrarse en lo verdaderamente importante: el futuro del país.

Por eso vimos a una Presidenta molesta.

Porque el poder suele reaccionar con agresividad cuando percibe riesgos. Porque la soberbia suele aparecer cuando comienzan las dudas. Porque detrás de algunos discursos de fuerza suelen esconderse preocupaciones que no siempre pueden disimularse.

Al final, los gobiernos no son juzgados por lo que dicen de sus adversarios. Son juzgados por sus resultados. Y es precisamente ahí donde comienza el verdadero problema para Morena.