Uriel Gaxiola transforma la violencia de su barrio en impulso musical
El cantante, firmado por CT, la disquera de Natanael Cano, ve en su arte un placer que un día fue supervivencia

El cantante hermosillense creció en un entorno marcado por la violencia, pero la guitarra, la convicción de su familia y, posteriormente, el respaldo de la industria le otorgaron una segunda oportunidad.
Desde niño ya escribía letras: “Sí, mi mamá me decía que escribía cosas, aunque no tuvieran ningún sentido, pero ya lo hacía”, contó el intérprete.
Él es una de las nuevas promesas de la música regional y urbana en México, respaldado por Natanael Cano, y ya ha colaborado con figuras como Anuel AA y Víctor Mendívil.
Pero la música, lejos de ser sólo un instrumento para alcanzar la fama y el éxito, fue su vía de escape de la realidad de su barrio en Sonora.
Son cosas que de hecho canto en algunas de mis canciones: gente que iba conmigo en la secundaria que hoy ya no está; amigos presos, vecinos que fallecieron por drogas. Antes se robaba mucho, había asaltos, pleitos, balaceras. Está culero. Hoy en día siento que ya no se vive tanto así; la misma gente del barrio no te permite andar haciendo maldades.
La música me salvó 100%. Cuando mis amigos iban a hacer ciertas cosas, yo me iba al estudio. Cuando se iban al parque a jugar futbol, yo me iba a tocar guitarra. Desde los 14 o 15 años ya me contrataban para tocar en fiestas privadas. La música fue mi refugio”, relató Uriel.
En ese mismo barrio encuentra hoy su inspiración para seguir creando. Sus temas actualmente superan los 2.2 millones de oyentes mensuales en Spotify y tiene un álbum a la vuelta de la esquina.
Allá, a pesar de lo malo, hay mucha unión entre la gente. Me gusta ver a los niños correr, a las señoras barriendo las banquetas, ir al parque con los compas. Aquí veo niños trabajando en los puestos, gente de todas las edades chambeando. Andan en chinga. Allá no se vive igual”, comentó Uriel, quien se encuentra en la Ciudad de México y platicó con Excélsior.
Un día antes filmó una nueva colaboración con El Bogueto, uno de los reguetoneros principales de la escena nacional.
MÚSICA EN LA SANGRE
Lo más importante, piensa Uriel, no es sólo lo que sucede en su entorno, sino la formación que recibió y la confianza que sus padres depositaron en él.
Mi papá siempre me ponía a cantar, mis abuelos también, en las reuniones familiares. Yo era el niño que andaba cantando ahí con los grupos. Cuando le tomé seriedad y dije: ‘Yo quiero ser cantante, yo quiero ser artista’, fue como en la época de Ariel Camacho. Me llamó la atención la guitarra. Mi papá siempre me decía: ‘Toca la guitarra y canta, un día me lo vas a agradecer’. Y mi papá me invertía dinero, me llevaba al estudio”, recordó.
De niño le gustaban las cosas infantiles y en Sonora seguía a La Banda Payaso, que aún hoy anima fiestas. Luego, con una computadora en casa, su pasión creció.
Realmente siempre crecí escuchando lo que ponía mi papá en el carro: Los Tigres del Norte, Los Alegres del Barranco o Los Tucanes de Tijuana. Mi mamá escuchaba a Los Temerarios mientras limpiaba la casa. Ya a los 15 años me gustó mucho ese rollo de la guitarra, Ariel Camacho, Jesús Ojeda y todo ese show”, relató.
Hoy siguen confiando en él, pero ahora se trata de figuras como Natanael Cano. Así nació su relación con Anuel AA.
Nata es de mi edad (24 años). Él y yo nos llevamos, si acaso, una semana; nació poco antes que yo. Es como mi hermano. Conectamos mucho musical e interiormente, y se da una hermandad bien cabrona con él; sucedió lo mismo con Anuel”, explicó.
Un día estaban grabando ellos dos en casa de Nata y me hablaron, me invitaron. Fui para allá y desde la primera plática conectamos en corto. Colaborar con él se me hacía algo imposible, y hoy se logró gracias a Nata y al trabajo”, concluyó.
Kileros es el sencillo que grabó junto al puertorriqueño y ya está disponible en plataformas. También tiene listo el tema con El Bogueto. Su próximo álbum, según adelantó, planea lanzarlo en mayo de este año con colaboraciones de alto calibre y que van a sorprender.
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