Jombriel reivindica el reguetón clásico; lleva el perreo ecuatoriano a la conversación global
Ecuador comienza a pisar fuerte para posicionarse en un mercado dominado por Puerto Rico o Colombia: el reguetón, género en el que México ya tiene su lugar ganado

En un momento en el que buena parte del reguetón mira hacia la fusión con el pop o la electrónica, Jombriel decide regresar a los orígenes en Jombriel de la suerte, un álbum construido pensando en la pista de baile.
El material fue concebido para acompañar tanto la celebración como el desahogo, con la firme intención de colocar al movimiento urbano ecuatoriano dentro de una conversación mundial, tal como lo hacen el colombiano o el puertorriqueño.
Muy increíble, porque ese álbum se vio fenomenal. Cada canción tiene un significado. Lo hicimos para que todo el mundo se la goce, esté feliz; el que esté en la discoteca, el que esté triste... que esto sea para perrear hasta el piso”, dijo a Excélsior el artista.
El título del disco funciona también como una declaración de identidad, una idea pensada para repetirse y convertirse en código dentro de los espacios donde el género vive su mayor intensidad.
Pensé: ‘si yo estoy en la disco, qué me gustaría poner’. No ha habido un álbum así de pura sandunga, de puro perreo, así bacano, y que la gente diga: ‘Oye, ¿y si ponemos el álbum de La suerte?’. Lo complementé con una foto mía de pequeño. Entonces, si están en el antro, que digan: ‘Vamos a poner al Jombriel de la suerte’ y que salgan como 15 canciones seguidas para que rompa durísimo”, explicó.
Dentro del álbum, algunas piezas se desprenden del concepto general por el contexto en el que fueron creadas, marcando momentos específicos en el camino del músico.
Vitamina tiene un significado muy bonito, porque esa canción la hicimos comiéndonos una ensalada en Ecuador, como a las 4 de la mañana, sin imaginar que se iba a ir tan lejos”, recordó.
Ese alcance inesperado se materializó cuando el tema apareció en una playlist curada por Barack Obama, expresidente de Estados Unidos, un hecho que confirmó que su música había cruzado fronteras más allá de cualquier plan previo. Apenas, el pasado viernes el ecuatoriano interpretó dicho tema junto a El Malilla en el Palacio de los Deportes.
Muy increíble, mi rey. Muy feliz, muy agradecido con Dios y con él mismo. Yo sólo digo: ¿Cómo será que él canta Vitamina? Imagínense, la cantará en inglés, yo creo; pero muy agradecido con la vida, de verdad”, confesó.
SU ORIGEN
El recorrido de Jombriel dentro de lo urbano no comenzó directamente desde el estudio, sino desde el ejercicio constante de la escritura y el freestyle.
Empecé haciendo freestyle en 2020, escribiendo mi música, grabando con el teléfono, hasta que después me di a conocer en mi ciudad, luego en el país, y luego fue un estallón”, relató.
Ese tránsito hacia el reguetón responde también a una lectura de su entorno: una escena local donde lo urbano ha sido históricamente parte del paisaje sonoro.
En mi ciudad natal siempre se ha hecho urbano: reguetón, reggae, dancehall y cosas así. Entonces yo dije: tenemos que seguir la cultura. Si esto ya está aquí metido, tenemos que sacar algo mundial, pero con estilo ecuatoriano”, puntualizó.
El estilo ecuatoriano al que se refiere no apunta a una fórmula, sino a una escena que, pese a sus limitaciones estructurales de industria, comienza a ganar visibilidad gracias al consumo local.
Es algo increíble, porque todo el mundo se queda sorprendido. En Ecuador no hay mucho apoyo ni mucha visión de industria, pero ahora, gracias a Dios, el país se está dando a conocer. Hay muchos artistas rompiendo duro y ahí estamos metiéndonos. El público ecuatoriano es bien regional, le gusta consumir la música del país mismo”, afirmó.
SÓLO FLUYE
En el estudio, Jombriel trabaja sin una lógica específica. Al igual que con su éxito Vitamina, todo va surgiendo por el puro placer de hacer música.
Nos metemos al estudio, vemos qué sale y grabamos. Cuando la canción es buena, la hacemos en una hora y media o dos horas. No grabamos con presión. Si no fluye, no fluye, hacemos otra cosa, descansamos y luego la terminamos. Simplemente dejamos que todo fluya”, compartió.
Aunque ahora cuenta con cerca de 10 millones de oyentes mensuales en Spotify, siente que debe cuidar que el enfoque creativo no se desplace hacia la obsesión por los números, sino seguir pensando en el disfrute de su gente.
Todo va evolucionando. Nosotros ya tenemos el ‘color’ y sabemos qué le gusta a la gente. Siempre para hacer una canción pienso en la discoteca: cómo viene el ritmo, cómo la va a sentir la gente. La canción tiene que ser movida, tener códigos, enganchar al público, que la gente se vuelva loca a bailar y esté feliz. Así hacemos siempre”, detalló.
MIRA HACIA MÉXICO
En su acercamiento al mercado mexicano, Jombriel reconoce afinidades con una generación de artistas que han reconfigurado el reguetón desde códigos propios.
Sí, por ejemplo, Bellakath, mi hermano El Malilla, Dani Flow y El Bogueto. Hay muchos artistas que rompen durísimo en el reguetón en México con los que ya hemos trabajado. Con Bellakath vamos a hacer algo, tenemos algo ahí que lo vamos a montar bien duro. También tengo un tema con El Malilla y estamos rompiendo durísimo”, adelantó.
El horizonte personal del artista aspira, como ya lo ha hecho El Malilla en México, a una validación masiva dentro de su propia tierra.
Quiero hacer mi estadio en mi país, eso es lo primordial. Invitar artistas, que haya algo bien fenomenal. Viene el álbum, vienen colaboraciones con otros artistas que van a romper durísimo. Este año prometemos no fallar”, concluyó.
Jombriel confirma que es “de la suerte”. Su proyecto no pretende redefinir el género, sino reafirmarlo desde su función más básica: hacer que la gente baile, sin pretensiones, regresando a la esencia del disfrute colectivo.
cva*
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