Desconexión I. El entendimiento…
La comunicación es la manera más certera y cercana que tenemos para entender al prójimo, llegar a acuerdos, construir algo en común, mejorarnos a nosotros mismos, nuestras familias, amigos, empresas y comunidades.

Paola Domínguez Boullosa
La coach
No quiero la paz que sobrepasa todo entendimiento, quiero la comprensión que trae paz. / Helen Keller
La desconexión en materia de comunicación es la falta de entendimiento, conexión o fluidez en el intercambio de información entre las personas. Resulta casi inimaginable tener que aceptar que, en los tiempos que vivimos de máxima comunicación, medios e información, las personas son cada vez menos capaces de comunicarse entre sí y consigo mismas.
El entendimiento se define como la capacidad de comprender algo: captar su sentido, su estructura y su relación con otras ideas o hechos. En materia de comunicación, es el punto en el que el mensaje del emisor es interpretado por el receptor de forma suficientemente similar a la intención original. Esto no significa que tengamos que estar de acuerdo, sino que lo hayamos comprendido. El entendimiento ocurre cuando el cerebro percibe la información (atención), la interpreta (significado), la integra con conocimientos previos (memoria/esquemas) y puede predecir o explicar lo que significa (modelo mental).
Entender, comprender, saber y creer no es lo mismo. Todas poseen, en sí mismas, un sesgo humano que deja un espacio abierto a la interpretación. La interpretación es el proceso mental por el cual el receptor le da significado a lo que recibe (palabras, tono, gestos, contexto), esto significa que no se trata de copiar el mensaje tal cual, sino de traducirlo usando filtros: experiencias previas, creencias y valores, emociones del momento, relación con quien lo dice, contexto (lugar, timing, cultura). Y éste, mi querido lector, es el problema crucial en el que descansan todas las incomprensiones y malentendidos… en la interpretación; y le digo más, no es un problema de la comunicación como proceso, sino una realidad de lo humano en su manera de comunicarse.
La objetividad en la interpretación es el intento de entender un mensaje con el menor sesgo posible, separando: hechos observables (lo que literalmente se dijo o se hizo), significados compartidos (definidos, contexto, acuerdos), interferencias (suposiciones sobre intención, motivación, lo que realmente quiso decir). En palabras más simples: interpretar con objetividad es reducir la historia que inventa la mente y aumentar la fidelidad al dato real.
Sí, la mente inventa. La interpretación —según la psicología y la neurociencia— nunca es totalmente neutra porque el cerebro funciona como un sistema de predicción. Nuestro cerebro no lee el mensaje, lo construye, completa huecos, anticipa intenciones, usa experiencias pasadas. En momentos de estrés o conflicto, aumenta la probabilidad de distorsión, pierde eficiencia. Es decir, se escucha más lo que se teme y lo que se espera que lo que se dijo realmente.
Y debo aclarar, mi querido lector, que procurar interpretar objetivamente no es frialdad, se puede ser una persona objetiva y emocionalmente inteligente, esto es: tener la intención real de entender y comprender al otro sin dejar de entendernos y comprendernos a nosotros mismos, y lo que eso que se dijo o se hizo nos provocó y que puede estar sesgando el objetivo central: entender la otra postura. No se trata de silenciarnos, sino de ser conscientes de lo que sentimos y, aun así, procurar que esto no interfiera en el mensaje real.
La comunicación es la manera más certera y cercana que tenemos para entender al prójimo, llegar a acuerdos, construir algo en común, mejorarnos a nosotros mismos, nuestras familias, amigos, empresas y comunidades. Toda comunicación puede ser mejor si mantenemos la curiosidad sana, si dejamos de creer que todo es personal, si hacemos un esfuerzo intencionado por conocer los hechos, la realidad de la circunstancia, del otro, si dejamos de crear ruidos o silencios absurdos, si enfrentamos la duda razonable, si aprendemos a empatizar y, sobre todo, a expresarnos con claridad, respeto y educación. Todos merecemos esa oportunidad cuando elegimos entender y comunicarnos sanamente. Como siempre, usted elige.
¡Felices comunicaciones, felices vidas!