'Un sueño que hoy se cumplió': José Madero conquista el Estadio GNP Seguros 

Dio show, dio baile, dio pantallas, cantó más de 40 canciones, trajo mariachi. El show más grande de José Madero en el GNP como parte de su gira Érase una Bestia

thumb
El cantante se mostró agradecido con su público que lo vio en el Estadio GNP Seguros.Fotos: Eduardo Jiménez

Todos esperaban una intro acelerada cuando las luces se apagaron ayer en el Estadio GNP Seguros; se pusieron de pie y encendieron los celulares para grabar la primera canción de la noche del concierto más grande en la carrera de José Madero. Pero minutos después de una voz como de ritual, los brazos se cansaron y cuando el regio finalmente apareció en el escenario, pocos filmaban. 

Todo el estadio se tiró de negro cuando la voz rasgada pero dulce de José de Madero empezó a soltar las primeras estrofas de Campeones del Mundo; entonces todo fue solemnidad, decenas de luces que rodeaban una pantalla gigante se encendieron de forma tenue mientras las miles de gargantas coreaban “¿Oye crees en Dios?”.

Al terminar y entre todas las lucecitas de color morado que pintaban el graderío se dejó escuchar el primer “Madero, Madero, Madero”. Y de repente, todo el tono cambió después de dos canciones suaves y llenas de melancolía con Pepe detrás de sus gafas y hacer cimbrar la grada con Baila conmigo.

En ese momento, el peinadito de lado que traía el cantante comenzó a desacomodarse al tiempo que recorría la pasarela y movía las caderas de un lado a otro disfrutando como si se tratara de un rock n’ roll. Justo al terminar se arrancó con otro de sus himnos, ¿A poco no?, que terminó de involucrar a todo el público que ya brincaba y sacudía la cabeza disfrutando con ojos cerrados, algunos al borde de las lágrimas. Ahí Madero se detuvo y aprovechó para saludar.

Bienvenidos, bienvenidos. Había pensado tantas cosas que decir en este momento, pero no me acuerdo de ninguna. Empecemos por ‘buenas noches y gracias por atender esta cita’. Para nosotros y para ustedes, que han estado con nosotros desde el día uno. Dicen que cuando llegan los héroes a sus pueblos y cantan hazañas es un triunfo, pero yo escribí algo distinto, algo que repasa como la he cagado y la voy a seguir cagando, pero vamos a celebrar que falta mucho, mucho tiempo más de música”, dijo un nervioso Pepe, pese a haber recorrido cualquier cantidad de escenarios en su trayectoria.

Pese al rugido de un GNP lleno con 62 mil personas que impactó al norteño, no titubeó para empezar con una lluvia de temas que todos conocían. Cantar de Gesta y Gardenias 87’ fueron los canciones que continuaron, pero cuando el rock ya había encendido todo, Madero sacó su ukulele y entre rosas en las pantallas se arrancó con Plural siendo singular.

Al mismo tiempo, todos sus fans gritaban un “¡sí se pudo, sí se pudo, sí se pudo!”, aliento que se interrumpió por Lamentable, y después por 1980, que sonó tropical, pero en una atmósfera otra vez carmesí con las manos de todos los fanáticos del músico moviéndose por todo lo alto de un lado a otro. Continuó el “sí se pudo, sí se pudo” y esta vez Madero respondió con un “Gracias”, antes de que en la tarima se subiera el mariachi.

Así con guitarrón, violines y trompetas sonó la canción Final ruin. Para sorpresa de todo el Estadio, el mariachi, lejos de desentonar, puso todo aún más sentimental, más profundo, más melancólico, como suena siempre la música mexicana.

Entonces tomó la armónica y comenzó Noche de brujas, para continuar con Teoremas, etc., pero donde de verdad vibró el inmueble fue cuando Narcisista por excelencia —uno de los grandes clásicos de Pxndx, el grupo donde Pepe comenzó su carrera y que el público no olvida— fue cantada de principio a fin, el público gritó como en ningún otro tema original del regio y bailó como con ningún otro clásico de su repertorio.

La Petite Mort continuó la noche cuando el público ya tomaba un descanso del repertorio al que todavía le quedaban 20 temas por delante, pero cuando todo era tranquilidad, José Madero volvió a salir de la cueva del escenario y caminó la pasarela hasta en medio de todo el público. Caminó con dos ramos enormes de rosas que cuando cantaba Sin Ampersand azotó contra el piso y pateó hasta que todas terminaron en el público. Los gritos de éxtasis no se detuvieron.

Gracias, amigos”, continuó Pepe conmovido. “Gracias, gracias. Estamos actuando como si no estuviéramos enfrente de no sé cuántas personas. Sigamos el pedo, porque empezamos en un lugar para 200 personas hace casi diez años y aquí estamos, y hace frío y se me acaba la voz, pero vamos a darlo todo. Que se escuche hasta Monterrey”, dijo para soltar Te veo a la vuelta en un coro masivo junto a su gente.

Antes del final, Pepe llevó a toda la banda al frente de la pasarela. Ahí dio un popurrí acústico que incluyó temas como Nueva Inglaterra, Los de septiembre y Noche de baile.

Crecí escuchando bandas como Poison o como Cinderella, esas bandas de los 80 con los que construí un sueño, un sueño que hoy se cumplió”.

UNA ODA A SÍ MISMO

Pero antes de que arrancaron las acciones en el Estadio GNP Seguros, el público se aglomeró en una de las esquinas que rodean a la grada por fuera. Todos se asomaban, curoseaban, querían descubrir qué había detras de una valla metálica y decenas de elementos de seguridad vestidos de negro.

No querían hacer la fila interminable que se formaba en una de las dos entradas de la carpa blanca atrás de esa valla y muro humano: era el museo oficial de José Madero. Toda una colección de objetos y momentos que han marcado al músico regiomontano.

thumb
En una de las curvas del Estadio se puso un museo con objetos en varias etapas del cantante.Museo dedicado a Jose Madero, ubicado a un costado del Estadio GNP.Foto: Eduardo JimÈnez Fern·ndezFotos: Eduardo Jiménez

En la entrada, una estatua suya con cabellera larga, el cuerpo azul y mirada desencajada. Una escultura plástica que lo mostraba como dentro de un manicomio y en las pantallas se veían momentos de otros conciertos.

La exposición la completaban fotografías y memorabilia de cualquier cantidad de equipos deportivos, desde el Monterrey, hasta el equipo de beisbol de Hermosillo, Sonora.

También había figuras a escala como si fuese una figura de acción. Y eso sí, su nombre por todos los rincones, en una exposición que podía recorrerse detenidamente en 30 minutos, pero que para evitar que se juntara el público, te obligaban a hacerlo en apenas 10.

En los pasillos, escaleras y gradas no dejaba de brillar el color morado en paliacates, sudaderas, toallas y playeras con el rostro de Madero. Otros preferían el negro de toda la vida: chamarras de cuero, pantalones entubados, algunos cuantos con estoperoles, muchas barbas en el rostro, muchas melenas. Seguía el show.

-Jorge Emilio Sánchez

CVA

Temas: