La niña en el altar: tragedia griega que pone en jaque al patriarcado
La obra de teatro protagonizada por Marina de Tavira busca cuestionar estructuras patriarcales actuales con una historia ambientada en la antigua Grecia

Con los claroscuros de la fe, La niña en el altar busca confrontar al espectador con temáticas que pueden ser polémicas en la actualidad como el sacrificio, y desde ese sitio cuestionar figuras de autoridad, todo con una mirada feminista. Dirigida por Enrique Singer, la puesta en escena nace desde la necesidad que, tanto su director como los protagonistas, sienten por llevar al público a dialogar con una etapa histórica, (en este caso la de la antigua Grecia), que pese a tener siglos de antigüedad, permite reflexionar problemáticas actuales, así lo cree su director.
“Es una obra muy entrañable para nosotros, estamos seguros que es muy actual, porque creemos que la situación en el mundo desgraciadamente la hace más pertinente ahora que hace un año (durante su primera temporada). Habla sobre la guerra, sobre la hipocresía del ser humano, el poder, la manipulación y la búsqueda del poder masculino”, detalló Singer a Excélsior.
Al centro de la trama está Agamenón, quien estuvo dispuesto a sacrificar a su hija para ganar una guerra. Una historia que en un principio, cuando iniciaron los montajes, ninguno en el elenco sabía cómo sentirse, pensaban que la respuesta quizá no sería como lo deseaban pero los elementos visuales permitieron, considera Mariana de Tavira, enganchar a la audiencia.
“Estéticamente es muy bella y esa belleza ayuda a que el público entre en la historia, para reflexionar sobre un tema que es terriblemente doloroso”, señala la protagonista.
Para el resto del elenco, habitar esta tragedia no es sencillo, la propia Marina confiesa que la complejidad se da por retratar lo que nombra ‘horrores contemporáneos’.
Para mí, el dolor en escena no es un dolor que estoy sufriendo yo, es el del personaje. Aristóteles decía que la catarsis era la purificación del miedo y la empatía; para mí es la forma de contener el horror que contemplo a través de la ventana por la que veo lo que está pasando en el mundo”, comparte Marina de Tavira.

Los conflictos bélicos actuales que se dan en distintos lugares del mundo como Palestina, Ucrania, e incluso el abuso de poder en Estados Unidos, hace aún más necesaria esta obra en la actualidad, pero es en realidad los conflictos con uno mismo lo que la vuelve entrañable, cree Alberto Estrella quien da vida a Agamenón.
“No tiene uno más remedio que ir a las propias vivencias. Me reconocí en la necesidad de sobresalir, pero también en la parte incómoda, en el cómo lo pierde a uno el enojo, la furia y el egoísmo. Esta obra me ha revolucionado. Me siento capaz por el oficio que tengo, pero también me da miedo, y ese miedo es muy sano porque obliga a una reestructura de uno mismo como ser humano”, confiesa Estrella.
Pero más allá de la carga emocional, Singer destaca el reto técnico que ha sido montar esta pieza en el Teatro El Galeón. La escenografía por ejemplo, es un complejo mecanismo de escaleras, que al mismo tiempo exige un despliegue físico extenuante para el elenco, que debe mantener la elegancia del estilo clásico mientras sube y baja constantemente.
Los diseñadores, Eloise Kazan, y Victor Zapatero, se encargan respectivamente de por una parte el diseño de vestuarios, y por otra crear una atmósfera de belleza pero que al mismo tiempo pueda impactar y generar desagrado, y hasta horror en la audiencia, todo acompañado por música y un diseño de audio a cargo de Edwin Tovar, que subraya el tono.
El profesionalismo de los actores es tal, concluye Singer, que es imposible no salir “tocado” por el dolor de los personajes, piensa al final, que el teatro mismo es un acto de entrega.
“Sacrificamos nuestra vida porque hacer teatro es un gran placer y un privilegio, pero es un lugar áspero que no siempre repercute en el bolsillo. Es un sacrificio hacerlo, pero no le pedimos a nadie que nos aplauda más allá de la función; como todo en la vida, implica un sacrificio y un gozo a la vez”.
Con esta segunda temporada, La niña en el altar promete una experiencia estética de alto nivel, y un espacio para que el espectador con suerte se confronte a sí mismo, sus propias dudas, todo a través de la tragedia clásica, que está más que viva en teatro.
¡Segunda llamada!
La niña en el altar acaba de iniciar temporada y permanecerá hasta el 26 de abril en El Galeón Abraham Oceransky, en el Centro Cultural del Bosque (CCB), con funciones de jueves a domingo, donde se podrá presenciar este montaje que ha sido elogiado por su intensidad dramática y despliegue técnico.
