Milo J, su tributo al Indio Solari y el fan tacleado en el Palacio de los Deportes
El joven cantante Milo J se unió a los tributos de la leyenda del rock argentina con un jersey que presumió en su concierto en la Ciudad de México

De fondo suena un solo de Pescado Rabioso, la mítica banda de Luis Alberto Spinetta; es el solo de Bajan, icónico del rock argentino. En la pista todos brincan, y en la grada todos se divierten moviendo la cabeza. Entre los asistentes comentan: “Qué gran solo”, en referencia al joven de 19 años que está en la tarima del Palacio de los Deportes, Milo J.
Claro, sin saber que es un riff que existía mucho antes de que se creara el concepto de trap, ritmo que empieza a sonar después del solo. Milo, con su voz grave da cátedra, y se divierte, jamás se desconcentra, esboza de vez en cuando una sonrisa, pero quitado de la pena, sin siquiera pretenderlo, tiene a un público menor de 25 años —21 mil personas— cantando Jangadero con la voz de Mercedes Sosa, emblema de la canción folclórica argentina.
Más adelante hay otras referencias; comienza a sonar Giros de Fito Páez, y todos nuevamente cantan idolatrando a Milo. Eso es lo que ha provocado este fenómeno argentino: que todos, de repente, se encuentren a sí mismos cantando clásicos latinoamericanos sin darse cuenta.
Más tarde, en este mismo show que ofreció el sábado 6 de junio, suena también Silvio Rodríguez. Sí, el máximo representante de la trova cubana, y todos gritan emocionados cuando reconocen la canción, ésa en la que colaboró Milo junto al referente de la isla; todos se saben una rola de Silvio, como si de pronto se volviera a plenos años sesenta, cuando el joven Rodríguez componía temas a la revolución de su país; se trató de Luciérnagas.

Todas y cada una de esas referencias viven en el disco La vida era más corta que esa noche defendió Milo en el escenario, y lanzó apenas comenzado el 2026. La música no es con DJ como cualquier otro trapero de la actualidad, y es que ése no es su único género; aunque de pronto arma el slam con esas canciones, su consolidación vino en lo tradicional.
Una murga uruguaya lo acompaña, todos vestidos de bufón, y debajo de la tarima toda una orquesta: trompetas, trombones, tambores, congas, batería, guitarra acústica y a veces eléctrica, tocan bossa nova, tango y son combinados con sonidos urbanos, beats agresivos y Milo saltando por todos lados.
En la grada un padre acompaña a su hijo; al inicio se mostraba escéptico, pero cuando los coros de miles de chicos se combinaban con las letras profundas de Milo, el padre sacaba su teléfono para, emocionado de filmar al artista, y a su hijo con la playera de Argentina consumiendo música que al padre parece enorgullecer.
Gil, Llora llora y La vida era más corta son los temas que cierran uno de los bloques más emotivos de la noche con todo el público involucrado; entonces Milo cambia su atuendo, se quita el pantalón de vestir, la camisita, y aparece con botas de casquillo y un pantalón cargo; además, una playera con la leyenda Oktubre en referencia al disco icónico de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, que perdió el pasado viernes a su líder, el Indio Solari.

Un fan tacleado por seguridad
Entonces comienza la energía, la diversión, porque sí, hubo espacio a la contemplación, a la reflexión y a las lágrimas, pero tenía que cerrar con los temas que lo pusieron en el mapa: Rara vez y su Bzrp Music Sessions, en donde todo el Palacio comenzó a brincar haciendo vibrar el concreto de las gradas.
La energía fue tan fuerte que primero un fan intentó burlar la seguridad y así lo hizo, pero al llegar a la tarima fue derribado por dos guardias que custodiaban a J; en su intento por frenar al fan extasiado incluso derribaron al camarógrafo, pero el show continuó.
Para que nadie más se subiera en la última rola, No hago trap, Milo se quita la playera ricotera y así, con su cuerpo delgado, casi infantil, con sus brazos delgados, se lanzó al público como un auténtico Rolling Stone; la gente lo sostuvo, viajó de ida y vuelta, y se despidió. Todos ahí dentro quedaron satisfechos, quizá sin dimensionar que podrían estar ante una próxima estrella mundial.