Melanie Martinez abrió el inframundo de Hades en el Palacio de los Deportes
La cantante reunió a más de 15 mil crybabies en su show en el Palacio de los Deportes.

Si Melanie Martínez te dice que vas a entrar a un culto, probablemente sólo preguntas a qué hora empieza. Y si además promete una buena dosis de trauma, fuego y caos, los Crybabies mexicanos no lo piensan dos veces: simplemente agarran su corona de Disney Princess, se maquillan para la ocasión y van directo al Palacio de los Deportes.
Eso fue exactamente lo que ocurrió este sábado, donde miles de fans llegaron vestidos para la ocasión y con la emoción a tope. Coronas, moños y looks que parecían salidos directamente de alguno de los universos de Melanie Martínez tomaron las inmediaciones del Domo de Cobre.
Porque un concierto de Melanie no es simplemente ir a escuchar canciones. Es meterse de lleno en su mundo, aceptar sus reglas y dejar que ella convierta tus traumas en un espectáculo que puede pasar de lo tierno a lo perturbador en cuestión de segundos… Y vaya que cumplió.
La cantante estadounidense transformó el Palacio de los Deportes en Hades, un universo donde el capitalismo tiene algo que decir, las redes sociales pueden convertirse en una secta, las monjas bailan, los órganos salen del cuerpo y hasta una rata puede tener su momento de protagonismo.
Poco después de las 8:00 de la noche, las luces azules comenzaron a parpadear. Las pantallas se encendieron y una voz en off empezó a contar una historia tan misteriosa como inquietante. Era la historia de una “mujer recuperada” de un culto aislado, una figura cuya identidad no estaba documentada y que llamaba al mundo exterior simplemente Hades. Entonces llegó la instrucción.
Había que invocar a Círculo tres veces: “Círculo, Círculo, Círculo”... y los Crybabies mexicanos, por supuesto, hicieron caso. El grito colectivo retumbó y Melanie apareció de una manera que solo ella podría hacer… dentro de una maleta colocada sobre una cama, Garbage comenzó a sonar y, casi inmediatamente, el escenario explotó en fuego (literalmente).

Las llamaradas iluminaron el recinto mientras Melanie comenzaba a contar su historia. Pero entre canción y canción no sólo había cambios de vestuario y coreografías. Círculo aparecía para soltar discursos contra el capitalismo, la explotación laboral, la guerra, el consumo y todas esas cosas que, de una u otra manera, forman parte de nuestra vida cotidiana.
En Is This A Cult? la puesta en escena se volvió todavía más teatral. Uno de los bailarines salió y envolvió a Melanie en una sábana blanca mientras ella cuestionaba si la sociedad moderna no es, en realidad, una enorme secta dividida entre deportes, televisión y redes sociales… ¿Y qué mejor forma de hablar de una sociedad obsesionada con las apariencias que convertirte en muñeca?
Eso ocurrió durante Possession, cuando Melanie apareció como una delicada muñeca de porcelana para abordar la posesión y el amor tóxico. El cambio de escenografía era tan rápido que apenas daba tiempo de mirar hacia otro lado.
Y entonces llegó White Boy With A Gun. Una enorme mesa de comedor apareció en el centro de la pista y Melanie comenzó a interactuar mucho más con el público. Pero el primer gran momento de “¿qué acabo de ver?” llegó justo antes de Disney Princess. Hades Tech anunció que había integrado tecnología en el sistema nervioso de la cantante y Melanie terminó dentro de una enorme esfera transparente. Los gritos de los Crybabies fueron inmediatos.
La locura continuó con Grudges, cuando Melanie se trasladó a una pequeña plataforma ubicada en medio de la pista. Rodeada por sus fans, protagonizó una coreografía intensa y cargada de emoción. El público respondió cantando cada palabra y, seguramente, más de una lágrima terminó rodando por ahí.

Después llegó uno de esos momentos que los fans probablemente guardarán en la memoria por mucho tiempo. Melanie hizo una pausa, miró al público y soltó el esperado: “¡Hola, Ciudad de México!”. La respuesta fue inmediata con gritos ensordecedores.
Y por si todavía quedaba alguien con la voz intacta, para Avoidant eligió a un fan y lo invitó al escenario; mientras miles de celulares iluminaban el Palacio de los Deportes, Melanie cantó frente a él y terminó la canción con un abrazo.
Para Monolith, la cantante pidió que todos mantuvieran encendidas las luces de sus teléfonos. De pronto, el Palacio dejó de parecer un recinto para conciertos y se convirtió en un cielo lleno de pequeñas estrellas. Fue uno de los pocos momentos en los que el caos se convirtió en calma, porque después venía una de las escenas más perturbadoras de la noche.
De la obsesión por el cuerpo a sacar órganos en pleno escenario
Weight Watchers llevó la crítica social directamente al cuerpo. Melanie comenzó a despojarse de parte de su vestuario mientras las pantallas mostraban mensajes que cuestionaban la obsesión con los cuerpos perfectos y la necesidad de cumplir con ciertos estándares de belleza. Después, la escena se volvió todavía más extraña.
Tras ser atada con cintas y arrastrada por sus bailarines, Melanie apareció con un body de plástico que, durante el puente de la canción, se abrió para revelar sus órganos internos… ¡Sí, sus órganos! Los bailarines comenzaron a retirarlos uno por uno mientras el público observaba entre gritos y fascinación. Si alguien había ido pensando que sería un concierto bonito y tranquilo, probablemente ahí entendió que había comprado boleto para otra cosa.

El espectáculo continuó con The Plague, que llevó la historia hacia un escenario completamente apocalíptico. Se escucharon toses, aparecieron imágenes de ratas corriendo en círculos por el escenario B y un chirrido perturbador aumentó la tensión. Durante unos minutos, el silencio se apoderó del recinto hasta que Melanie regresó, y entonces todos volvieron a brincar.
Batshit Intelligence, Gutter y Uncanny Valley convirtieron nuevamente la pista en una fiesta. Los rostros pixelados y los ritmos contundentes hicieron que nadie se acordara de que probablemente llevaba horas de pie.
Monjas, fuego y una misa que definitivamente no aprobaría el Vaticano
Si hubo un momento que resumió perfectamente la esencia de Melanie Martínez, fue The Vatican. Mientras la cantante realizaba un cambio de vestuario, un audio reproducido al revés dio paso a un discurso de Círculo sobre religión. Entonces se encendieron las luces, Melanie y sus bailarines aparecieron vestidos como monjas… pero no precisamente unas monjas que esperarías encontrar en una iglesia.
La coreografía mezcló movimientos teatrales y una estética religiosa completamente transformada por el universo de Melanie. Los Crybabies brincaron y cantaron como si estuvieran en la misa más rebelde de la historia. El final fue irónico: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Y como si una misa profana no fuera suficiente, Hell’s Front Porch convirtió el escenario en una playa infernal, con sombrillas y camastros incluidos. El mensaje era claro: hasta el apocalipsis puede tener vacaciones.
La canción sirvió para hablar sobre el calentamiento global, mientras algunas luces parecían estar literalmente en llamas. Después llegó Chatroom, que terminó con una computadora explotando en pleno escenario… porque claro que tenía que explotar algo más.
El fin del mundo… pero juntos
Para el cierre llegó The Last Two People On Earth, una canción que funcionó como la última gran reflexión de la noche. Círculo explicó que la historia no hablaba únicamente de destrucción, sino de la posibilidad de reconstruir el mundo a partir del poder del amor.
Melanie apareció en el escenario B junto a una bailarina, dentro de una escenografía que simulaba una cálida sala de estar. Por un momento todo parecía tranquilo, pero la cantante no podía terminar una noche así sin incendiar el Palacio de los Deportes una última vez.
Chispas, fuego y efectos pirotécnicos aparecieron por todo el escenario mientras el público gritaba y cantaba. El Domo de Cobre parecía estar a punto de desaparecer, y entonces llegó la despedida: miles de Crybabies comenzaron a gritar el nombre de Melanie mientras una lluvia de confeti rectangular con el sello de Hades Tech cubría la pista.

Las coronas ya estaban chuecas. El maquillaje seguramente también. Más de un celular debía estar agonizando, pero nadie quería irse. En la pantalla apareció un último mensaje: GTFO (Get The Fuck Out), la manera más Melanie Martínez posible de decirle adiós a su público.
Antes de abandonar el escenario, la cantante lanzó un último: “Muchas gracias, Ciudad de México”, y así terminó la noche. Melanie dejó el Palacio de los Deportes, pero Hades se quedó un rato más entre el confeti y los gritos de los Crybabies.
Porque lo que ocurrió en el Domo de Cobre fue mucho más que un concierto. Fue teatro, crítica social, fantasía, humor negro y terapia colectiva; todo metido en un mismo espectáculo.
Y quizá esa sea precisamente la magia de Melanie Martínez: Tomar aquello que normalmente esconderíamos debajo de la cama, ponerle una corona de princesa y decirnos que, por una noche, también podemos bailar con ello. La CDMX lo comprobó de la mejor manera.