El Malilla: bellako en su palacio

El Malilla llega, dice, en madurez artística y personal al Palacio de los Deportes

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Con 7.9 millones de escuchas mensuales en Spotify, El Malilla ha llenado recintos en distintos puntos del país, e incluso en el festival Coachella hace dos años, Foto: Elizabeth Velázquez

Más de 40 canciones, un concierto ante 20 mil personas, es lo que El Malilla termina de preparar hoy. Por la noche llega como el primer reguetonero mexicano en llenar un Palacio de los Deportes y es consciente de que para lograrlo debe cuidar varios aspectos.

“Primero que nada, preparación física, porque son muchas canciones, más las de los invitados, entonces, no me refiero a tener cuadritos para el Palacio, pero hay que tener buen pulmón para cantar todas las canciones, todo el repertorio y sin bofearse, ¿sabes? O sea, hay que tener la respiración bien, entonces yo creo que la preparación física es importante, pero también la preparación mental”, explica el de Valle de Chalco.

El Malilla comenzó en 2018 a experimentar produciendo sus propias canciones con el sueño de todo artista, el de algún día llegar a tocar para miles de personas, pasaron sólo tres años cuando ya comenzaba a llenar los oídos de los fanáticos del reguetón, en 2023 se presentó en el Flow Fest, a lo que le siguieron shows en Pepsi Center y ahora llega al Palacio de los Deportes, y sabe que sin cuidar esos aspectos que menciona no lo hubiera logrado.

“También es muy bueno delegar, no querer hacer todo solo, que el production manager haga las cosas de production manager, que si va a haber arreglistas, sean los arreglistas, que si son los ingenieros, sean los ingenieros de audio los que se encarguen de eso, confiar en tu equipo es importante, entonces como que nos sentamos a hacer el setlist, a planearlo, a mandar las invitaciones, a contar el tiempo y ahora sí a disfrutar”, comparte a Excélsior.

Pero hoy, con 7.9 millones de escuchas mensuales en Spotify y llenando recintos en distintos puntos del país, e incluso haberse presentado en el festival Coachella hace dos años, sabe que pueden lamparearlo y hacer que pierda el piso, el enfoque, muy fácilmente.

“Mi equipo de trabajo, además de ser mi mánager, de ser personal, de ser seguridades, también somos amigos y tenemos la confianza y el poder de decir ‘¿sabes qué, güey?, la estás cagando aquí’. Te jalan la oreja. ‘¿Sabes qué?, esto está mal. ¿Sabes qué?, esto está bien.’ El hablarnos con sinceridad y no solamente por el hecho de decir ‘sí, sí, sí, no’. Hay que ser buenos amigos en esta vida y también es bueno hablar con uno mismo, yo muchas veces cuando me baño es cuando reflexiono, que cómo me siento, qué pienso, cómo veo el mundo y básicamente yo creo que me ha ayudado demasiado el seguir viviendo en mi barrio, güey”.

Pero siente que hay algo más importante, además de aprender a designar tareas y no cargar con todo en su proyecto y shows, y es encontrar espacios para despejarse.

“La neta cuando tengo la oportunidad me tomo vacaciones y Acapulco es un lugar en donde me encantaría vivir, también a veces siempre busco el mar, o me voy a Valle de Bravo, el lago y ahí justamente empecé mi álbum porque encontré muchos sentimientos que quería decir y también me despejo con el ejercicio, además de que creo que el ejercicio es una herramienta para ayudar (pondrá una escuela de box), también es una herramienta para la mente, en el ejercicio encontré el poder liberar”, describe El Malilla.

Y es que, en el escenario, la energía, la adrenalina que le genera estar ante su público, a veces lo ha hecho sentir rebasado, pues al descender del escenario, y encontrarse solo después de ser alabado por miles, siente, es una de las peores dualidades de un cantante que ahora sabe dominar.

“Antes sí, al terminar era muy triste para mí, porque teníamos muchos shows y después llegábamos a casa y te lo juro me acostaba en la casa y escuchaba ‘¡Malilla, Malilla!’ o las canciones se me quedaban y sentía mucha euforia, pero hoy en día siento que ya lo he trabajado más eso, a ver, llevamos cinco años teniendo shows casi todos los fines de semana y hoy ya está”, dice.

Al mismo tiempo que logrará hoy el show más grande de su carrera y para un reguetonero mexicano, no deja de diversificarse, sabe que la moda es un nicho que puede explorar y ya lo ha hecho, pero hoy son cosas que prefiere guardarlas para sí mismo, y no presumirlas públicamente.

“Esto es top secret, pero la realidad es que cuando uno es artista se la vive en la movie del artista, todo el tiempo pensando ‘¿cómo quiero que la gente me perciba y cómo quiero que la gente me vea, rodeado con demás famosos?’. Apenas fuimos a Miami y firmé con Ray-Ban y firmamos con la colección de A$AP Rocky, tuvimos la oportunidad de conocerlo, también a Rihanna, al final del día hay cosas que yo como Fernando ya me guardo, me las reservo, pero es porque son momentos únicos, para mí como persona ahorita estoy en contra de la película, del movie, del que quiero que me vean, no, eso ya es para mí”, confiesa.

Además sigue en trámites para colocar su escuela de box en Valle de Chalco, pero no ha logrado terminarlo por intereses políticos que no detalla a este diario. Lo que sí confirmó es que su faceta como empresario también ha llegado más lejos, además de su productora La Esquina Inc. y la moda, ahora también es la gastronomía.

“No, la realidad es que, a ver, obviamente eso no lo voy a decir ahí delante de la gente, pero ya estamos haciendo nuestra taquería, porque la gente va a decir... Hay que demostrar cuando ya las cosas estén hechas para que la gente se sorprenda y diga: ‘Ah, qué chingón, ah, qué cabrón’, y no para que empiecen a juzgar, pero a mí me gusta mucho la comida, es algo que disfruto mucho, entonces empezamos mi mánager, un socio y yo este sueño de la taquería”.

Así, un joven de barrio con un sueño sigue buscando la forma de aprovechar la oportunidad que la música le ha dado y espera también volver con música a Estados Unidos en octubre de este año.

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