Doja Cat… ¡torbellino de rap y baile!

Por el suelo, moviendo las caderas y deleitando a sus fans con baile y música fue como la cantante  conquistó en el Palacio de los Deportes

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Entre coreografías atléticas, una big band y ráfagas de fuego en el escenario, la raperaDoja Cat electrizó a sus fans en el Palacio de los Deportes.Foto: Karina Tejada

Colores en el aire. Tacón alto, piernas largas, plumaje guinda, cabello rubio. Sonriente, moviendo el trasero al ritmo de Cards. Poderosa y carismática fue como apareció Doja Cat, presumiendo su ritmo y elasticidad en el Palacio de los Deportes, apareciendo justo detrás de todo su séquito de bailarinas, ascendiendo por las escaleras a la plataforma de poco más de tres metros donde hizo anoche su despliegue artístico.

A su alrededor siempre una banda, un conjunto completo como si se tratara de una big band con músicos vestidos completamente de blanco; una orquesta de metales, trompetas que chillaban en solos y ponían a prueba la acústica del Palacio; trombones, un baterista intrépido y un piano de cola negro elegante.

Todo sonaba en armonía encima de las líricas de Doja, quien cantaba rápido, igual que como movía los caderas, gritando fuerte para encender a sus seguidoras, quienes eran mayoría esta noche calurosa.

Sonó entonces Get into It (Yuh) y también apareció en la combinación de sonidos el sintetizador reproduciendo voces robóticas; ella no dejaba de gesticular, abriendo los ojos por completo y la boca también, además siempre presumiendo sus dotes físicos, las piernas, las caderas, moviendo los hombros; sensual, alegre.

“México”, dijo, y todo el público se derritió en un grito. “Tengo una pregunta, ¿están listos para bailar? Yo puedo, pero necesito un poco de su ayuda, todos digan ‘dance’”, y el público respondió: “dance”. Volvió Doja con “dance” y éste no dejó de seguirla al arrancar el tema Gorgeous.

Ahí predominó la música pregrabada, pero los músicos no dejaron el escenario, descendieron de la tarima para acompañar a Doja, cederle protagonismo; ellos bailaban, pero con cuidado, ella lo hacía con energía, fuerte, golpeando al aire con puños, rodillas y cabeza.

Take Me Dancing continuó esa fiesta pop, que remató con Woman; ahí, en medio de ambas plataformas, una colgando del techo y otra que la levantaba como una reina por encima de todos sus seguidores. Las tarimas tenían paneles que cambiaban de color, dependiendo el tono de la canción: triste, azul; lila, alegre, amarillo, verde. Quien no cambió fue ella, siempre entregada y decidida.

Sólo bajó un poco la energía cuando comenzó el tema Acts of service, un trap con tonos de soul, donde, sin embargo, ella siguió bailándole al micrófono, como si fuese su tubo de pole dance, acercándose a él, moviendo las caderas y bajando hasta el suelo, gozando ante el grito del público extasiado por el porte, la seguridad y la confianza de Doja Cat.

Dibujó su silueta

Cuando descendió del escenario, lo musical siguió siendo importante, pero pasó a segundo plano. Las luces sólo la enfocaban a ella y en temas como Ain’t Shit y Paint The Town Red, nadie pudo dejar de mirarla, nadie pudo continuar cantando, todo era sólo contemplarla, dejarse llevar por sus movimientos.

La mano arriba, y de un lado a otro, hacía que todos la siguieran y siempre que giraba su cuerpo, para mover sus caderas, todos se hipnotizaban y la animaban a más con un grito. No daba un paso en falso, con las caderas siempre enfrente, como un vaquero presumiendo sus pistolas, las manos firmes, alargadas por sus uñas enormes.

Caminó la pasarela que juntaba la tarima con el público, queriendo escuchar a todos cantar con ella Silly! Fun! Al percatarse que había poco ruido, empezó a lanzar miradas a los que tenía cerca, como regañándolos, como juzgándolos, pero cuando terminaba la canción, sólo se reía satisfecha.

Altanera, mirando a todos los que estaban a su alrededor por encima del hombro, se quedó quieta un momento para disfrutar del halago del público, siempre sin abandonar el personaje: coqueta, atrevida; se puso ambas manos en la cabeza para simular orejas y empezó a caminar como gato; el público no paraba, por momentos rugía más fuerte que la propia musica y la garganta de Doja.

Continuó con el twerk de pie y casi sin esfuerzo, ese baile que le permite mover más y más rápido el trasero; se sentía toda, se disfrutaba a sí misma, desde los muslos, hasta los pechos, tirándose al suelo, seguía moviéndose a ritmo de trap con Need To Know.

Doja que quema

Streets y Wet Vagina siguieron el show que no se detuvo ni un sólo segundo en toda la noche, ahora con Doja Cat rodeada por fuego que no paraba de emanar detrás de ella, fuego acompañado de pirotecnia, un despliegue imparable de luces y llamas que se encendían cada que ella se movía o remataba algún coro.

Entonces el público se puso a brincar al punto de hacer vibrar la grada, La sensualidad se cambió por completo por un tono agresivo, intenso, con la batería sonando sin parar y los estrobos prendiendo y apagando todo el tiempo. “I’m a fuckin’ queen (queen) / I am expeditiously (see it, bitch)” repetían en Demons, donde el pop y la big band se apagaron y el trap se apoderó incluso de la voz de Doja que navegó entre graves y agudos casi inaudibles, como si se transformara en una vocalista de metal por segundos.

Entonces regresó al suelo y en un acto atlético, artístico, casi circense, llevó su rodilla hasta el rostro mostrando lo largo de su pierna; al levantarse, mientras seguía sonando Tia Tamera, lo hizo lamiendo todo el tubo que sostenía su micrófono. Las contorsiones siguieron, el fuego no se apagó, Doja se despidió tan encendida que casi quedó fundida al Domo de Cobre, pero donde sí quedó fundida fue en la memoria de todos sus fans, no sin antes cantar One More Time, Say So y Jealous Type.

“Gracias”, dijo, su única palabra en español de la noche y con ello el grito más fuerte y unánime del público.

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