El cine me gusta, pero mi vida es más importante: Alejandro González Iñárritu
Excélsior platicó con el cineasta detrás de Amores Perros, Alejandro González Iñárritu, sobre su sinergia y estado actual con el séptimo arte luego de ser nombrado miembro de El Colegio Nacional.

“Y la última aparición en radio de Toshiro Nacafume como Alejandro González Iñárritu”, se escucha decir en los créditos de la tercera entrega de El pavo asesino y los cadáveres mutantes, ese especial navideño que cada año se hacía en WFM cuando el entonces locutor y gerente de la estación estaba al mando.
Alejandro lo cumplió, no volvió a la radio, pero se llevó un equipaje lleno de aprendizaje que, al tiempo, le daría una ventaja al momento de hacer cine: el ritmo.
“Siempre he dicho que de todo aprendes. Yo creo que lo que aprendí de la radio fue invaluable. Fui director a los 22 años, entonces aprender a comunicar ideas con la palabra, en este caso, no con imágenes, sino con ideas que hablas en ellas, disparar la imaginación de la gente con la producción de sonido que era Martín Hernández, el productor, que era brillante. Creo que sí me ayudó mucho a entretener a la gente por tres horas a través de la palabra, de la música, principalmente la música y lo que sucedía entre canción y canción. Era un muy buen ejercicio de entender el ritmo, la emoción a través de la música.
“Cuando llegaba triste agarraba pura música triste, era como llegar a mi casa y poner mis discos y decir: ‘Pues es lo que estoy viendo ahorita’. Eso fue también un ejercicio de compartir tu gusto y tu mundo musical interno, y tu ritmo, y ver que la gente iba agregando si fuimos el número uno de la ciudad, o sea, si nos oían millones de personas. Esa frecuencia que estás tocando, te das cuenta de que la gente tenemos una conexión y eso me ayudó mucho al ritmo, a entretener, a disparar imaginación y a crear mundos, porque creábamos muchas cosas que tenían producción como de cine, pero era hecha por puro sonido, diseño de sonido”, compartió González Iñárritu en entrevista con Excélsior, luego de su ceremonia de ingreso a El Colegio Nacional.

Y con esa maleta cargada de imágenes sonoras llegó al mundo de la publicidad, donde pasó 10 años de su vida experimentando con todo lo que implica una producción rápida, y que con el tiempo se convirtió en otra ventaja para lo que desplegó en Amores perros.
La publicidad fue un ejercicio de agarrar una cámara con dos actores en donde sea, hagas lo que sea, te va a ayudar, sabes dónde poner la luz, sabes dónde poner esto. Yo escribía todas las ideas con Raúl Olvera, entonces pues escribir, producir, dirigir y editaba yo todo; fue como un trabajo donde aprendí el oficio de carpintero, o sea, hacíamos mesas como ésta, no era arte ni tampoco era cambiar el mundo, pero tenía una utilidad práctica, de percepción, de imagen, de lo que sea, cambiar la percepción de algo.
“Y luego con Televisa hacíamos estos conceptos que eran el Día de la Madre, el Día del Padre, que eran como de emociones, era uno o dos minutos, y hacíamos estos como medio cortometrajes de dos minutos, el de Navidad... eran como de emociones, ni siquiera tenía que meter un producto. Eso fue un ejercicio increíble, era como si hubiera ido a la universidad y que te hubieran estado filmando cada semana. Llegué a filmar comerciales 120 días al año, un día sí, un día no. Entonces, cuando llegué a filmar Amores perros, yo ya llevaba mucho más tiempo en el set que muchos directores de cine que habían hecho cuatro o cinco películas. Realmente había un conocimiento del trabajo, del oficio”, resaltó Alejandro, quien también encontró en el teatro el complemento perfecto que le faltaba para explotar su talento en el cine.
“Yo era un shooter, sabía hacer un shoot, pero no el drama y la tensión dramática. Y eso fue donde yo creo que hice algo bueno, de las pocas cosas, creo que fui inteligente, porque llegó un momento en que yo sabía muy bien filmar, sabía dónde poner la cámara, toda esa parte la tenía clara; lo que me faltaba era la dirección de actores, la estructura dramática, cosas que ya provenían de la dramaturgia. Y ahí fue cuando estudié teatro.
“Estudiando teatro fue donde entendí a Ludwik Margules, que tiene esa virtud de abrirte y decir: ‘A ver, cabrón, shooter, eso pues es cualquiera, generar una escena emocional, que tenga un arco y una tensión dramática, eso ya es otra cosa’. Eso me ayudó mucho para poder comunicarme con los actores, para entender cosas como sostener el tiempo, todo eso fue inspirado en Margules y eso fue lo que me ayudó a transitar, no solamente la técnica, sino también el entender cosas que en un comercial no vas a entender nunca, porque ahí te gusta la estética, la belleza, la venta, el estímulo, pero no lo otro”, agregó.

“El cine es poético, pero es como una puta”
Después de Amores perros, el resto fue historia. Ocho películas reconocidas mundialmente, cinco premios Oscar, cuatro Globos de Oro y cuatro BAFTA reposan en las repisas de su casa… o de su oficina, pero para González Iñárritu el cine es parte de su vida, mas no su vida.
Y en ese sentido, el originario de la colonia Narvarte de la CDMX tiene muy claro que cuando una historia revolotea en su cabeza es porque tiene algo que decir, no es un negocio ni una fábrica de reconocimientos, es su propia necesidad emocional.
A mí la verdad es que el cine... la perspectiva que tengo ahorita es que el cine me gusta, pero mi vida es más importante que el cine, entonces me quiero tomar un tiempo más para vivir, seguir viviendo. La verdad es que hago películas cuando necesito hacerlas, cuando tengo algo que decir. No persigo una carrera o una meta de premios. La verdad es que es muy difícil hacer cine, muy difícil, es muy demandante, hay mucho sacrificio detrás de una película en todos los aspectos: psicológico, físico… el motivo de dejar a tu familia... sí es muy solitario, aunque estés rodeado de mucha gente, no estás presente, sí es muy fuerte.

“Y los retos naturales de esto, también el presupuesto, la cantidad de personas involucradas, no es como el pintor que se levanta y pinta su cuadro escuchando música clásica, se fuma un porro y ya está, o un escritor que se sienta y está solo en su mundo, que también tiene sus retos, no es que sea fácil, pero esto es eso más lo otro, que es demasiada gente, o sea, sí, es una responsabilidad también financiera. El cine es poético, pero es como una puta, necesita dinero y nunca es suficiente, por eso si hago cine es cuando realmente es algo que necesito, no es así de como ir a la oficina, digamos”, concluyó el director de Babel.