Tampoco vino Greer: T-MEC y seguridad

Las relaciones con Estados Unidos pasan por unos de sus momentos más bajos: la negativa del gobierno federal a desmantelar las redes de protección política de los grupos “narcoterroristas”, catalizada por el rechazo a detener al gobernador con licencia Rubén Rocha, al senador Enrique Inzunza y a los otros funcionarios acusados de ser parte del cártel de Los Chapitos, han puesto la relación al límite.

Ese deterioro contamina todo lo demás. Ayer, el gobierno estadunidense informó que no vendrá a México para la nueva ronda de negociaciones del T-MEC, que comienza hoy, el encargado de comercio de la Casa Blanca, Jamieson Greer, quien canceló su viaje a México y la reunión que tenía programada con la presidenta Claudia Sheinbaum. En su lugar llegará “un equipo técnico” y Greer  estará “a distancia” para ciertos temas. 

El propio Greer anunció ayer que no descartaba que se pudieran aplicar aranceles a México y Canadá, independientemente del T-MEC y, como destacó en un tuit Ildefonso Guajardo, uno de quienes mejor conocen las negociaciones del tratado de libre comercio (participó en la original del TLC y en la que dio origen al T-MEC en 2018), en el mismo encuentro, Greer dejo en claro que la estrategia comercial del presidente Trump es un componente de su estrategia de seguridad nacional. Greer dijo que “por estrategia de seguridad nacional preferimos construir nuestras cadenas de valor en este hemisferio” y agregó que “si podemos llegar con México a un entendimiento sobre aranceles a terceros (entiéndase China), podemos otorgarle un tratamiento preferencial”. El dicho es transparente. 

Hay que insistir en que en la negociación del T-MEC va todo atado: lo comercial, energético y económico con los temas de seguridad y combate al crimen y sus redes de protección, con la seguridad jurídica y la financiera. Y también con el alineamiento hemisférico.

Ayer mismo, el secretario de Guerra de la Unión Americana, Pete Hegseth, anunció que su país irá a una nueva guerra, “la guerra contra los cárteles”. Lo dijo durante una reunión de gabinete encabezada por el presidente Trump, y lo hará, dijo, utilizando el llamado Escudo de las Américas, la coalición militar construida con varios países de América Latina y el Caribe en febrero pasado, de la que se autoexcluyó México. Hegseth dijo que luego de los ataques por mar comenzarán ahora los ataques por tierra contra los grupos “narcoterroristas”. 

En la estrategia de lucha contra el terrorismo y el tráfico de drogas, dos documentos diferentes, pero complementarios, la Casa Blanca insiste en que el punto neurálgico de ese combate pasa por los cárteles mexicanos. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, puso al cártel de Sinaloa al mismo nivel que Hezbolá. 

En el mismo sentido, el departamento del Tesoro insistió ayer en que los países de la región deben fortalecer su legislación y “hacer cumplir sus propias leyes” para acabar con los delincuentes que se benefician de sus actividades ilegales. El comunicado del Homeland Security sobre la reunión de Markwayne Mullin en Palacio Nacional decía en su primer punto que México debía “fortalecer los esfuerzos contra los narcoterroristas”.

El lunes tendría que haber llegado a México la zar antidrogas de la Unión Americana, Sara Carter, que canceló su visita y su encuentro con la presidenta Sheinbaum. 

No son casualidades y sucesos inconexos, están íntimamente relacionados entre sí. En los hechos, la administración Trump está rebajando el nivel de interlocución con el gobierno de México: cancelando visitas de poderosos secretarios de Estado y las declaraciones públicas elevan el costo de la decisión de no detener a los políticos acusados de narcotráfico. Y esa tendencia no se puede detener con los golpes, reales, dados a las estructuras criminales: con las 54 mil detenciones anunciadas ayer o los cientos de laboratorios o depósitos de droga decomisados. 

Para la seguridad interior de Estados Unidos, son las redes de protección las que permiten que el negocio prolifere y se siga desarrollando más allá de la caída de los líderes criminales. Teniendo protección política, éstos terminan siendo reemplazables.

En la estrategia hemisférica (que trasciende los límites de la administración Trump), Estados Unidos prefiere, como dijo Greer, por “razones de seguridad nacional” (ellos están entendiendo el hemisferio americano como su espacio de seguridad nacional en un mundo dividido en bloques), que sus cadenas de producción y generación de valor estén en el continente y en México, pero para eso necesitan que se erradiquen los cárteles y se rompan las relaciones estratégicas con sus adversarios geopolíticos, en primer lugar, China. 

El combate al fentanilo, en ese sentido, es central por muchas razones, pero, entre otras, porque es consecuencia de la relación de los grupos criminales con los productores de la potencia asiática, asociados por intereses políticos y partidarios. Por eso también los cambios de régimen que estamos viendo en toda la región y que podrían seguir verificándose el domingo en la primera vuelta de la elección en Colombia.

Sigamos tratando a Rocha y demás acusados como “testigos” con protección policial, camionetas blindadas y declaraciones en lo oscurito. Sigamos pensando que no tienen pruebas contra ellos y no será necesario entregarlos. El costo será cada día más alto.