Se especula que las elecciones de 2027 plantearán a Morena una prueba ciertamente difícil que sus malquerientes califican como de sobrevivencia. La profecía tiene como base el agotamiento de la demagogia que se desplegó en el sexenio pasado, la falta de crecimiento económico y el buen trato para Rubén Rocha Moya y sus compinches mientras se atiza la crítica contra la panista Maru Campos.
Desde luego, se han tomado medidas para proteger la ventaja que, hasta ahora, ha mantenido Morena. Una de ellas es la reforma judicial, pues cuando las cosas se ponen delicadas conviene tener jueces, magistrados y hasta ministros de la Suprema Corte que saben bailar al ritmo de los acordeones. En ese contexto, resulta de primera importancia lo logrado hasta ahora en los órganos electorales, colonizados con gente amiga. Veremos hasta dónde serán capaces de llegar las escoltas del poder que puede.
Un factor no despreciable para garantizar el éxito es mantener la mayoría en el Poder Legislativo. Los pronósticos más ecuánimes no le dan a Morena la mayoría calificada que ahora tiene en ambas cámaras, pero tampoco le auguran una derrota cabal, pues se estima que ese partido y sus pegotes podrán mantener la mayoría simple con las diputaciones que ganen y las que se fabriquen en el tramposo reparto de plurinominales, que no podrá ser tan escandaloso como el de 2024.
Un factor de primera importancia para no perder la mayoría, aunque ya no sea tan abrumadora como la que tienen, son los programas de Bienestar, con pensiones que en buena hora benefician a quienes lo necesitan, pues las cosas se han puesto peligrosas con 54 o 55% de la fuerza de trabajo en la economía informal, sin servicios médicos ni otras prestaciones de las que todavía disfrutan quienes cuentan con empleo que les garantiza salario, IMSS o ISSSTE, fondo de retiro y todo lo que necesita un trabajador y sus familiares.
La existencia de las pensiones le ganó a López Obrador la aprobación entusiasta de los beneficiarios, lo que, en ciertos sectores, ha llegado hasta el fanatismo, porque subsiste el miedo a perder ese dinero si el gobierno pasa a un partido de los que ahora están en la oposición. Sin embargo, muchos de los beneficiados por el Pejemático han entendido que se trata de un beneficio de ley, no de un regalo de persona alguna.
Un elemento que no favorece al partido en el poder es la inseguridad. En amplias zonas del territorio nacional la fuerza dominante no es el Estado legalmente constituido, sino las mafias que matan, asaltan, secuestran, extorsionan, trafican drogas y son capaces de comprar policías e imponer autoridades, como se exhibe cínicamente en Sinaloa.
Desde luego, el problema de la criminalidad no empezó con Morena, pero poco se ha hecho por reducirlo a límites manejables, pues la entrega de capos a Estados Unidos, pese a su importancia, no es suficiente para acabar con la sensación de inseguridad que recogen las encuestas.
La criminalidad que no se aplaca genera ya no sólo inconformidad, sino protestas que crecen y se extienden. El caso que más molesta al conservadurismo es la movilización de los profesores de la CNTE. Pero el hecho es que tienen un largo pliego de demandas no resueltas, mientras que desde el sexenio pasado se decidió cobijar a los charros del SNTE y hasta darle una diputación plurinominal al nefasto dirigente de ese sindicato priista por décadas y ahora dizque morenista.
Otro sector que, hoy por hoy, debe tener preocupadas a las autoridades es el estudiantil. Lo que ocurre en el Politécnico se veía venir desde hace años. Ahí se mantiene la corrupción como forma de operar y mantener el orden, pero eso tiene límites. El haber dejado a la deriva a los estudiantes becados en el extranjero ha sido la chispa que hacía falta para que brotara la inconformidad.
Pero no es el Poli el único centro de enseñanza que vive una explicable agitación ni tampoco el estudiantil es el único sector inconforme. Hay más, y lo que debe preocupar a las autoridades es que se anuncian grandes protestas durante el Mundial. El gobierno, los gobiernos de todo nivel, deberán tener respuestas que vayan más allá de la contención o la represión. Se trata de una prueba mayor. Esperemos que no sea de fuego.
