Sam Darnold, el nieto del Hombre Marlboro que busca el Super Bowl con Seahawks

Heredero de bomberos y atletas olímpicos, el quarterback de Seattle busca disipar el humo del fracaso bajo y alcanzar el gran juego

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Sam DarnoldAFP

El ruido alrededor de Sam Darnold no se parece al de otros quarterbacks que llegan a una final de conferencia. No hay exabrupto en sus palabras ni tampoco un perfil comercial. Lo que hay es una calma que se sostiene como si viniera de otro tiempo. Seattle se preparó toda la temporada para este punto exacto, el domingo frente a Rams, con el boleto al Super Bowl LX en juego y con Darnold convertido en el quarterback número 25 en el año 50 de la franquicia. Un número redondo para una historia que no lo es.

Darnold condujo a los Seahawks al mejor récord (14-3) de la NFC y al privilegio de jugar los playoffs en casa. Lo hizo volando debajo del radar, con una regularidad que fue minando resistencias semana tras semana. En el proceso, acumuló incentivos que hablan el idioma frío del negocio. Recibirá un bono de un millón por llevar a Seattle al campeonato de la Conferencia, que se une a los 500 mil dólares que percibió por clasificar a los playoffs. Esta cifra aumentará a 1.5 millones si Seattle gana el campeonato de la Conferencia y a 2.5 millones si conquista el Super Bowl. Darnold ya acumuló dos millones en incentivos durante la temporada regular.

Dick Hammer: El origen del mito y la mirada invencible

Para entender a Darnold hay que retroceder varias décadas y cambiar de escenario. No a un estadio, sino a una alberca de la Universidad del Sur de California (USC), a una cancha improvisada de voleibol, a un set de televisión de los años 70, a un anuncio impreso donde un hombre de mandíbula firme y sombrero de vaquero sostenía una mirada que parecía invencible. Dick Hammer, su abuelo, fue todo eso antes de convertirse en memoria. Jugó baloncesto en la USC, integró el equipo olímpico de voleibol de Estados Unidos en 1964, mantuvo récords de decatlón y jabalina, fue bombero y capitán en Universal Studios, actor en la serie Emergency! y uno de los primeros Hombres Marlboro cuando el tabaco aún se vendía como símbolo de fortaleza.

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Dick Hammer fue uno de los Hombres Marlboro más populares.Especial

Muchos vieron como Hammer aprendió a andar en monociclo de un día para otro. Al siguiente, cargaba a una sobrina sobre los hombros mientras avanzaba sin tambalearse. Ese tipo de anécdotas sobreviven en la familia como piezas sueltas que, juntas, dibujan un patrón: el de alguien capaz de adaptarse sin anunciarlo. Darnold no conoció a su abuelo. Murió en 1999, cuando Sam era demasiado pequeño para guardar recuerdos. Lo que heredó fueron relatos y una manera de estar en el mundo. En la familia lo llamaron durante años “el ADN”, una forma íntima de decir que había algo reconocible en su forma de moverse, de callar y de competir. 

El laboratorio cotidiano del ADN

San Clemente, California, fue el escenario de ese ADN. Una casa donde el deporte no era opción sino parte del día a día. Su padre Mike jugó como guardia en Redlands y después enseñó educación física. Su madre Chris fue voleibolista en Long Beach City College. Su hermana Franki destacó en voleibol universitario y fue reconocida en su conferencia. Primos, tíos, abuelos; casi todos ligados a una red que siempre terminaba en una cancha. Sam jugó beisbol, baloncesto y futbol americano. En la secundaria fue linebacker antes que quarterback. Disfrutaba el contacto, la lectura defensiva y el golpe bien medido. Esa etapa dejó una huella visible en su forma de jugar la posición más observada del deporte.

Cuando tenía 11 años, le pidieron bajar 4.5 kilos para competir en una liga juvenil. Su madre se negó. Darnold encontró otra liga. Desde entonces, la incomodidad no fue una barrera sino un dato más del paisaje. Siempre se sintió cómodo jugando contra mayores. La USC era una presencia constante, casi inevitable, por historia familiar y por devoción infantil. Reggie Bush fue su primer ídolo reconocible. Su primer recuerdo real del futbol americano es correr como quarterback en la liga Pop Warner e intentar moverse como Bush.De las aulas de comunicaciones a la élite de la NFL.

En la USC estudió comunicaciones. Creció viendo ESPN de forma casi obsesiva, con SportsCenter como ritual nocturno. Kenny Mayne, Neil Everett, Stan Verrett. Voces que formaron su oído antes de formar su brazo. Pensó en comentar deportes si el camino del atleta se cerraba. La idea quedó archivada por ahora.

En el campo, su trayectoria universitaria tuvo giros abruptos. Comenzó como suplente detrás de Cody Kessler. Tomó la titularidad cuando Max Browne no logró estabilizar la ofensiva. Uno de sus partidos fundacionales ocurrió en el Husky Stadium, a pocos kilómetros del actual complejo de los Seahawks, donde USC sorprendió a un Washington invicto y cuarto del país. En 2024, con Minnesota, alcanzó su pico estadístico: Pro Bowl, 17 juegos como titular, 4,319 yardas, 35 touchdowns y rating de 102.5. Se convirtió en el quinto pasador de 4,000 yardas en la historia de los Vikings, junto a Kirk Cousins, Brett Favre, Dante Culpepper y Warren Moon.El factor Seattle y el peso del legado

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Sam Darnold tuvo un renacer la temporada pasada jugando con los Vikings.Especial

Seattle encontró en él algo más que producción: encontró continuidad. Un quarterback que lee el juego con la calma de quien no necesita demostrar presencia. Compañeros y entrenadores hablan de su capacidad para sostener el ritmo y decir lo justo. En ese registro aparecen ecos de Hammer, descrito por su hija Chris como humilde y poco dado a hablar de sí mismo.

La figura del Hombre Marlboro persigue a Darnold como un dato cultural imposible de ignorar. A su madre le incomoda la simplificación. Hammer fue mucho más que ese símbolo. Fue un atleta tardío, un servidor público, un padre atento; alguien que enseñaba a sus nietos a recoger basura en el parque y a cuidar lo que los rodea.

Darnold lee a Sebastian Junger y vuelve una y otra vez a Shawshank Redemption. Su música se dispersa sin jerarquías, aunque Kings of Leon aparece como punto fijo. Detalles que no construyen un personaje, pero lo completan. El domingo, frente a Rams, no se jugará sólo un título de conferencia. Se pondrá en escena una línea invisible que une generaciones, disciplinas y silencios. Si Seattle cruza esa puerta, Darnold no necesitará decir demasiado. Nunca lo ha hecho. La historia ya viene hablada desde antes con aroma a tabaco y leyenda.