"No me dice lo que quiero escuchar", confiesa La Hormiga González sobre la exigencia de su padre

El goleador de las Chivas tiene el apoyo de su progenitor, que también jugó con el Rebaño Sagrado y asimismo portara el número 34

thumb
La Hormiga González, amigo del gol.Mexsport

Hay herencias que se portan con orgullo. En el ámibto del futbol mexicano, la de Chivas tiene un peso específico. Esa parece ser la premisa de la conversación que sostuvieron dos mundos en el canal de YouTube de Fernando Quirarte. Por un lado, el Sheriff, aquel defensa que defendió al equipo Tricolor en el Mundial de 1986. Por el otro, los Armando González: padre e hijo, pasado y presente de la estirpe rojiblanca.

La escena tiene un aire de confesionario, el retrato de un relevo generacional. Armando La Hormiga González, la joven promesa que hoy ilusiona a la tribuna del Rebaño Sagrado, habla con una madurez que desentona con su juventud. Y lo hace bajo la mirada de su padre,  su predecesor en las canchas y hoy, su ancla en la realidad.

En cuanto a la gestión del error, La Hormiga confesó que el camino al éxito no ha sido pavimentado con elogios, sino con la honestidad que sólo un padre que conoce el oficio puede dar.

Con mi papá de consejero voy por buen camino, porque no me dice lo que yo quiero escuchar, sino las cosas como son", admitió el joven delantero.

Hay días malos en el futbol. En la charla, La Hormiga describe ese impulso humano de llegar a casa tras un juego errado —un gol fallado, un pase perdido— buscando el refugio tibio del "no pasa nada" materno. Sin embargo, encuentra en su padre un espejo más exigente.

La verdad, aunque me duela o me moleste, porque, tú sabes, quieres llegar a tu casa y dices: '¡Chin!, la regué en esto', y lo que quieres es que te consuele tu mamá o tu papá, de que no pasa nada. Mi papá me ayuda en eso. La verdad me ha hecho fuerte. Es el ejemplo mi papá de todo lo que es la resiliencia y cómo se levanta.

El peso de portar, o no, el 9

La charla derivó entonces hacia la simbología, ese lenguaje místico que los futbolistas llevan en la espalda. La Hormiga creció soñando con el 9, el número canónico de los cazadores del área. Recordó entre risas sus días en la Sub-15, cuando el sistema le asignó un número casi cómico: el 400.

—"Te faltan 391 para que tengas el 9"— le dijo Armando González a su hijo, en tono de broma.

Pero hoy, el dorsal que define a la Hormiga es el 34, en realidad un tributo. Su padre debutó con ese número, y ambos, por un guiño del destino o de los dioses del futbol, hicieron su primera aparición profesional frente al mismo rival: Santos Laguna.

thumb
La Hormiga González, identificado con el 34 en la espalda.AFP

Aunque el deseo de portar el 9 sigue, hay una paz evidente en el joven González al usar el 34. Sabe que ese número le ha dado "buena suerte", además de que es el hilo invisible que lo conecta con su origen. 

En el Rebaño Sagrado, donde la identidad es todo, La Hormiga, ya con un campeonato de goleo en su hoja de servicios, camina con paso firme bajo el cobijo y la sabiduría de Gabriel Milito.

Lo primero que nos hizo (Milito) fue cambiarnos la mentalidad. Que nos diérmaos cuenta lo bueno que eramos. Ganar y nunca estar conformes, eso nos impulsa a querer mejorar siempre. Dice que él nos da la idea, pero ustedes son los que ejecutan. Él tiene la confianza plena en todo el grupo."