Cuarenta años atrás, al recibir el Nobel de la Paz, el escritor Elie Wiesel advirtió que, dondequiera que las personas sean perseguidas por su raza, ese lugar debe convertirse en el centro del universo.
En este espacio he celebrado como una virtud la política de la cabeza fría de la presidenta Sheinbaum y su gobierno frente a las incesantes amenazas e injurias de Trump y su régimen. Pero lo he hecho omitiendo lo esencial: la cacería contra mexicanos en territorio de Estados Unidos desde enero de 2025, cuando Trump regresó a la Casa Blanca.
Fue devastador escuchar ayer, de boca de los propios funcionarios de la administración Sheinbaum, el reporte de que, en estos 14 meses, 177 mil mexicanos han sido detenidos —no siempre conforme a derecho— por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, el ICE; y que casi 14 mil siguen presos, fundamentalmente por su nacionalidad.
Además, 192 mil 500 mexicanos optaron —o no tuvieron otra opción— por repatriarse. Por no hablar de los 13 connacionales muertos bajo custodia del ICE. Es una cacería étnica ante la cual, quizá con el corazón demasiado frío, la Presidenta se limitó a expresar un desacuerdo.
Sus funcionarios detallaron recursos legales y comunicados diplomáticos, procedimientos y gestiones. Es decir, lejos de colocar este prefacio de limpieza racial en el centro del universo, informaron que lo han intentado repeler con gramática y tareas burocráticas elementales.
Con vergonzosa frialdad.
