El motor Red Bull-Ford cobra vida: Así se construyó la alianza para dominar en 2026
El motor Red Bull-Ford debuta en pista rumbo a su primer año en F1. Descubre cómo la alianza técnica superó el reto de empezar desde cero para buscar la independencia total.

La alianza entre Ford y Red Bull cobró vida el martes cuando el primer coche propulsado por el nuevo motor Red Bull Powertrains salió a rodar en Italia en un día de filmación de Racing Bulls, el equipo B de la marca austriaca, lo que completó años de desarrollo ideados por el ahora despedido Christian Horner con el objetivo de tener una independencia técnica total.
Desde que el equipo llegó a la Fórmula 1 dependió de externos: primero Ferrari, luego Renault y al final Honda. El éxito técnico no estaba del todo en sus manos, sino en las de un tercero. ¿Qué significaba esto? Que a excepción de la marca nipona, el equipo debía diseñar su coche siempre pensando en las especificaciones del proveedor y esto podía significar un sacrificio en conceptos técnicos; con Ford la situación es diferente.
Más allá de la tecnología, el éxito de esta colaboración radica en la forma en que ambos equipos integraron sus capacidades, enfrentaron desafíos logísticos y crearon una cultura de trabajo única y, lo que originalmente solo iba a ser un presupuesto designado por la marca americana, se terminó convirtiendo en una colaboración técnica no planeada.
Empezar desde cero: el reto de las instalaciones de Red Bull Powertrains
Cuando Red Bull decidió fabricar su propia unidad de potencia, el desafío era monumental; no solo se trataba de contratar personal, sino de una instalación.
“Realmente empezamos desde cero. Empezamos sin fábrica. Tuvimos que construir nuestras capacidades, nuestro equipo, nuestra manufactura, y fue en ese momento cuando forjamos la asociación con Ford”, explicó en una conversación con Excélsior Philip Prew, Jefe de desarrollo de Red Bull.
La decisión de partir de una hoja en blanco obligó a Red Bull a crear desde cero toda la infraestructura necesaria para diseñar y producir motores de competición, algo que nunca antes habían hecho. Por ello, en Milton Keynes se desarrolló una instalación de 465 metros cuadrados específicamente para esta labor.

Ford, con más de 125 años de experiencia en manufactura, aportó su conocimiento en procesos industriales y fabricación aditiva. “La manufactura es algo que se nos da muy bien, ¿verdad? Llevamos 125 años fabricando. Hemos desarrollado y construido coches durante décadas y más de un siglo. Así que una cosa que aportamos es la fabricación de componentes, y en concreto, la fabricación aditiva. Lo que ustedes conocen como impresión 3D es algo en lo que hemos invertido y desarrollado durante más de 20 años, especialmente en metales”, indicó Christian Hertrich, jefe de diseño de motores de Ford Racing.
Gracias a esta experiencia, Ford pudo acelerar la entrega de piezas críticas para el motor, evitando los largos plazos de técnicas tradicionales como la fundición y la forja, un tema que al principio parecía retrasar las operaciones.
“La entrega de piezas a Red Bull nunca es lo suficientemente rápida. Ir a técnicas tradicionales como fundición y forja lleva demasiado tiempo. Así que podemos usar mucho de lo que ya tenemos internamente y nuestra experiencia para entregar en los plazos que Red Bull quiere. Eso impulsa la innovación, ¿verdad? Siempre queremos la pieza perfecta. Nunca lo logras a la primera. Pero si tuviera procesos y plazos de desarrollo largos, nunca llegaría a la pieza perfecta”.
Integración de equipos: una cultura de colaboración entre Red Bull y Ford
Uno de los mayores logros de la alianza fue la integración de los equipos humanos. Ford no solo aportó tecnología, sino que envió ingenieros a trabajar directamente en la fábrica de Red Bull en Milton Keynes. Esto no era parte del plan original donde la firma americana aportaría inicialmente presupuesto, pero conforme el reto fue avanzando en Milton Keynes se dieron cuenta que no sería suficiente con el personal que tenían.
“Tenemos varios ingenieros integrados en la fábrica de Milton Keynes, trabajando mano a mano con Red Bull. Ya no es, cuando estamos en Milton Keynes, el equipo Ford o el equipo Red Bull. Es el equipo Red Bull Ford. Y es la única forma en que funciona. Al tener gente allí, no tienes que llamar por teléfono y decir: oye, ¿has hecho esto? Puedes girarte y decírselo a la persona de al lado o enfrente y presionarse mutuamente, ¿verdad? Es la única forma en que funciona esta asociación”, expresó Hertrich.
Esta integración permitió una comunicación fluida y una toma de decisiones ágil, combinando la rapidez y flexibilidad de Red Bull con la experiencia y los procesos de Ford.
“El equipo trabaja como uno solo. Todos estamos enfocados en lo mismo. Queremos ganar. Haremos lo que sea necesario para ganar. Así que, con una mentalidad común, aunque nuestros orígenes sean diferentes, nosotros somos un gigante que quizá tarda en tomar decisiones. Tenemos muchos procesos. Red Bull es rápido. Nos pueden decir que vayamos más rápido. Pero nosotros podemos decirles: oye, deberías probar esto o has pensado en esto. Así que nos complementamos bastante bien”.
Innovación en ingeniería y simulación
La colaboración también se reflejó en el desarrollo de herramientas de simulación y modelado de motores. Ford integró ingenieros especializados en simulaciones avanzadas, como Kevin Reibel, quien desarrolló modelos capaces de ejecutar miles de ciclos de combustión en tiempo real para asegurar que el desarrollo iba por el camino correcto y no encontrarse con una desagradable sorpresa al ponerlo finalmente en pista.
“Ha creado herramientas para ejecutar modelos mil veces más rápido. Mil veces en tiempo real, ¿verdad? Los ciclos de combustión duran milisegundos. Aún no es suficiente. Queremos simular miles y miles de ciclos de combustión mucho más rápido. Así que Kevin está allí creando estos modelos y los desarrolla constantemente. Aplicamos IA, aprendizaje automático. Los humanos solo somos tan listos, así que usamos recursos informáticos para mejorarlos”.

Estos avances permitieron que los pilotos, como Max Verstappen, pudieran experimentar en el simulador sensaciones muy cercanas a la realidad, optimizando el desarrollo tanto del motor como del chasis, pero especialmente del sistema de baterías, el cual ahora deberá proporcionar el 50 por ciento de la energía total del coche.
Para Christian Hertrich, la posibilidad de que esta relación funcione es alta, especialmente porque ambos acogieron sus mentalidades y costumbres para crear una nueva cultura laboral: “ellos acogen a nuestro equipo. Nosotros acogemos al suyo. Es muy orgánico y sencillo”. Si la sociedad tiene éxito, Red Bull deberá un gran gracias a Christian Horner por haber tomado las decisiones correctas; de no ser así Ford verá más dañada su reputación en F1 de lo que quedó de aquella ocasión con Jaguar, mientras que el equipo austriaco podría ver la amenaza de perder a Max Verstappen.
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