Inglaterra, sin sus estelares, cae ante Japón en Wembley

Los Samuráis Azules suman otro resultado favorable camino a la Copa del Mundo de Norteamérica

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Ayase Ueda pelea un balón entre Kobbie Mainoo y Marc Guehi, de Inglaterra.AFP

Los Tres Leones, despojados de gran parte de su elenco estelar habitual, ofrecieron una despedida en casa antes del Mundial que rozó la vergüenza, al caer por 1-0 ante una combativa Japón. La derrota, sellada en un Wembley gélido, supone la segunda muesca en el breve expediente del estratega alemán Thomas Tuchel y deja un regusto amargo a dos meses de la gran cita.

El técnico teutón, que ha visto cómo su equipo encaja un golpe tras la derrota sufrida ante Senegal (3-1) en Nottingham el pasado junio, optó por un once plagado de habituales suplentes. Las ausencias pesaron como losas: Declan Rice, Bukayo Saka, John Stones… y, en el último suspiro, el mismísimo capitán. La baja de Harry Kane, anunciada minutos antes del silbatazo inicial por una "lesión menor" sufrida en el entrenamiento, despojó al equipo de su único faro ofensivo y sirvió de presagio para una noche de ineficacia.

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El goleador Harry Kane sigue lesionado.AFP

Sin embargo, el crédito es para la implacable máquina de los Samuráis Azules. El único tanto del encuentro llegó a los 23 minutos, cortesía del siempre eléctrico Kaoru Mitoma. El extremo del Brighton personificó la audacia japonesa al robarle la cartera al joven Cole Palmer, en un error que será analizado con lupa, y luego culminó él mismo la vertiginosa contra que había cocinado junto a Keito Nakamura, el delantero del Reims. Un golpe clínico que destapó las carencias del experimento de Tuchel.

Para los visitantes, es la quinta victoria consecutiva, una racha asombrosa que comenzó contra la mismísima Brasil y que se consolidó el pasado sábado ante Escocia. Con esta inercia ganadora, el combinado nipón se prepara ahora para su debut mundialista el 14 de junio contra Países Bajos, dejando a Inglaterra con más preguntas que respuestas a su partida. El tiempo se agota y los fantasmas de la falta de profundidad y la dependencia de las estrellas vuelven a revolotear sobre la concentración.