Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 31 de marzo de 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin Maquillaje

RIESGO 

¿Corremos algún riesgo aquí en México con los arrebatos bélicos de Estados Unidos, como con lo de Irán?

R. No, el riesgo es mayor en Estados Unidos que en México, porque la guerra directa entre EU e Irán convierte a las sedes estadunidenses en el foco principal de posibles represalias, mientras que México queda en un nivel de exposición mucho menor. Esta diferencia aparece de forma consistente en los análisis recientes sobre el Mundial 2026.

Riesgo en Estados Unidos:

• Irán tiene programados varios partidos en territorio estadunidense, lo que ha generado incertidumbre sobre su participación y ha obligado a reforzar protocolos de seguridad.

• La guerra ha elevado las preocupaciones específicas sobre seguridad en las sedes de EU, donde se anticipan medidas extraordinarias. 

• La posibilidad de un boicot iraní surge por la tensión con EU, lo que confirma que el riesgo se concentra allí. 

Riesgo en México:

• México no participa en el conflicto y no es considerado un objetivo estratégico por Irán.

• Las preocupaciones en México se relacionan más con retos internos de seguridad, no derivados de la guerra.

• No hay indicios de amenazas vinculadas al conflicto dirigidas a sedes mexicanas.

LOS CABALLOS

¿Qué me puede contar de los caballos, desde hace cuánto andan por aquí?

R. Los caballos nos han acompañado por miles de años, y la historia que compartimos con ellos es tan antigua como nuestras primeras rutas de viaje. Domesticados hace unos 6 mil años en las estepas de Asia Central, transformaron la manera en que nos movíamos, cultivábamos la tierra y librábamos batallas. Lo sorprendente es que sus orígenes se remontan mucho más atrás: el primer ancestro conocido del caballo moderno vivió hace unos 56 millones de años y apenas alcanzaba el tamaño de un perro pequeño. Desde entonces, la evolución los convirtió en verdaderos atletas naturales, capaces de combinar fuerza, velocidad y una resistencia que pocos animales pueden igualar.

Pero su grandeza no es solo física. Los caballos poseen una inteligencia fina: reconocen expresiones humanas, aprenden rutinas complejas y recuerdan a las personas durante años. Su comunicación es sutil; basta observar el ángulo de sus orejas o la tensión de su postura para entender su estado emocional o su lugar dentro del grupo. También son criaturas profundamente sociales, capaces de formar lazos duraderos, tanto entre ellos como con quienes los cuidan. Hoy existen más de 300 razas, desde ponis robustos hasta veloces purasangres, prueba de su extraordinaria diversidad. A pesar de milenios a nuestro lado, siguen fascinándonos por su mezcla única de poder, sensibilidad y memoria emocional.

Hay quienes dicen que el caballo es el animal domesticado más consecuente en la historia del hombre, aunque hay otros candidatos que también fueron decisivos:

• El perro, por su antigüedad, rol en la caza y la protección.

• El ganado, por su aporte alimentario y económico.

• El camello, esencial para civilizaciones en zonas áridas.

QUÉ O CUáNDO

¿Qué nos afecta más: lo que comemos o cuándo lo comemos?

R. La ciencia lleva años mostrando que no sólo importa qué comemos, sino cuándo lo hacemos. Nuestro cuerpo funciona con un reloj interno que regula hormonas, temperatura y metabolismo. Por la mañana procesamos mejor la glucosa; por la noche, el organismo se prepara para descansar, no para digerir. Resultado: las calorías tardías se almacenan con más facilidad como grasa.

Linda Geddes, en un artículo de 2019 para la BBC, explicó cómo este desajuste entre nuestros horarios modernos y nuestro ritmo biológico afecta directamente la cintura. Cenar tarde, picar de madrugada o saltarse el desayuno altera hormonas clave como la insulina, la leptina y la grelina, aumentando el hambre y reduciendo la saciedad. No es casualidad que quienes trabajan turnos nocturnos tengan mayor riesgo de obesidad y diabetes.

Otro hallazgo relevante es la importancia de la ventana de alimentación: comer dentro de un periodo de 8 a 10 horas, alineado con el día, mejora la sensibilidad a la insulina y favorece el control de peso, incluso sin cambiar la dieta.

La conclusión es simple: no se trata de comer perfecto, sino de comer a tiempo. Adelantar la cena y evitar alimentos cuando el cuerpo ya está en “modo noche” puede tener un impacto sorprendentemente grande.