Del cashless al caos; Estadio Banorte recurre al efectivo por fallas de red
El sistema sin efectivo no arranca, las terminales se caen y los aficionados quedan varados en la reapertura rumbo al Mundial 2026.

El Estadio Banorte pasó en cuestión de minutos de presumir su modelo cashless a exhibir sus primeras grietas. A días de haberse anunciado que el inmueble operaría sin manejo de efectivo, la realidad en su reapertura fue otra: fallas en la red, terminales inutilizables y vendedores regresando al dinero físico.
Previo al partido, el estadio implementó distintos mecanismos para operar sin efectivo. Se instalaron módulos donde los aficionados podían obtener tarjetas de prepago recargables o bien generar un código QR para realizar sus compras dentro del inmueble. Todo apuntaba a una experiencia más ágil y completamente digital.
Sin embargo, el sistema no resistió la primera prueba. La falta de conexión dejó fuera de servicio las terminales, impidiendo cobros con tarjeta o mediante los códigos generados. En varios puntos de venta, el escenario fue el mismo: transacciones fallidas, filas detenidas y personal buscando alternativas sobre la marcha.
Ante la presión, los vendedores optaron por lo inmediato. El efectivo volvió a circular, rompiendo por completo con el modelo que había sido anunciado apenas unos días antes como parte de la modernización del estadio.
La situación se replicó en diferentes zonas del inmueble, evidenciando que el problema no era aislado. La infraestructura digital no respondió, y el sistema diseñado para facilitar la experiencia terminó generando incertidumbre entre los asistentes.
El proyecto cashless había sido presentado como uno de los pilares de la renovación del estadio, con el objetivo de agilizar el consumo, reducir filas y ofrecer una operación más eficiente. No obstante, en su primer día de operación real, quedó claro que aún hay aspectos por resolver.
Más allá del momento, el incidente abre un ángulo relevante. El Estadio Banorte será una de las sedes del Mundial 2026, por lo que este tipo de fallas en servicios básicos como los métodos de pago ponen bajo la lupa su capacidad operativa en eventos de mayor exigencia.
Por ahora, la imagen es contundente: el efectivo terminó rescatando la operación, en un estadio que prometía dejarlo atrás.
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