De la descalificación olímpica al respaldo millonario: la historia de Heraskevych
Empresario ucraniano entrega más de 200 mil dólares a Vladislav Heraskevych tras su descalificación olímpica por homenaje a víctimas de la guerra

El ucraniano Vladislav Heraskevych recibió un respaldo económico de más de 200.000 dólares luego de ser descalificado de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina por portar un casco de la memoria en honor a atletas y entrenadores fallecidos durante la guerra con Rusia. El gesto solidario busca que el piloto de skeleton continúe su carrera y su activismo internacional.
La sanción se produjo la semana pasada, cuando Heraskevych insistió en competir con un casco decorado con imágenes de más de 20 deportistas y miembros del staff deportivo ucraniano muertos en el conflicto bélico. Las autoridades olímpicas consideraron que el mensaje violaba las normas de neutralidad política del evento, impidiéndole participar en la competencia.
El apoyo llegó de parte del empresario ucraniano Rinat Akhmetov, propietario del club Shakhtar Donetsk y de la acería Azovstal en Mariúpol. A través de su fundación benéfica, Akhmetov entregó al atleta una suma equivalente a la que reciben los medallistas de oro de Ucrania. En un comunicado, el magnate destacó que, aunque se le negó la posibilidad de competir por una medalla en los Juegos Olímpicos, Heraskevych “regresa a Ucrania como un verdadero ganador”, subrayando el respeto y orgullo que despertó entre sus compatriotas.

El dinero será transferido a la fundación del propio deportista, de 27 años, con el objetivo de garantizar recursos para él y su equipo técnico, además de respaldar su labor de representación internacional del país en un contexto marcado por la guerra.
La historia de Heraskevych se enmarca en un escenario deportivo atravesado por el conflicto. El Shakhtar Donetsk, por ejemplo, compite regularmente en la Liga de Campeones pese a estar exiliado de su ciudad natal y del Donbas Arena desde 2014, cuando comenzó la escalada bélica en el este de Ucrania respaldada por Rusia.
En ese contexto, el gesto hacia Heraskevych adquiere una dimensión simbólica: no solo garantiza continuidad deportiva, sino que refuerza la narrativa de resistencia cultural y deportiva de Ucrania en el escenario olímpico y mundial.
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