Benjamín Gil, manager de la Selección Mexicana de Beisbol señala que Cody Ponce podrá lanzar con el equipo

El timonel sostiene que México afrontará el próximo Clásico Mundial con una de las mejores novenas de la historia

thumb
El derecho apunta a ser el primer abridor del combinado nacionalCortesía Hanwha Eagles

El beisbol no siempre avisa cuándo cambia una historia. A veces lo hace en silencio, lejos de los reflectores, en ligas que no ocupan portadas diarias. Ahí, en Corea, Cody Ponce reconstruyó su carrera y, sin proponérselo, abrió una puerta que hoy ilusiona a la Selección Mexicana rumbo al Clásico Mundial de Beisbol.

México volverá al torneo con una herida reciente. En 2023 estuvo a un paso de la final y el out que faltó todavía pesa. Aquella derrota ante Japón no se olvida, pero sí se transforma. El equipo que ahora dirige Benjamín Gil no pretende vivir de ese recuerdo. Busca superarlo.

El camino empieza en Houston, sede del Grupo B, donde el calendario pondrá enfrente a Estados Unidos, Italia, Reino Unido y Brasil. Rivales distintos, exigencias constantes y una verdad que el beisbol repite desde siempre. Sin pitcheo no hay milagros.

Encuentran a su as

México no tendrá esta vez a Julio Urías ni a Patrick Sandoval, dos nombres que marcaron ciclos recientes. Lejos de verlo como desventaja, Gil sostiene que su roster será más competitivo. La razón no está en la nostalgia, sino en el presente. Y el presente se llama Cody Ponce.

A los 31 años, derecho, sin etiqueta de promesa, Ponce llega al radar del Clásico como llegan los lanzadores que han sobrevivido al beisbol. Con números que no admiten maquillaje. En 2025, en la KBO, ganó la Triple Corona de Pitcheo, un logro reservado para temporadas fuera de lo común. Cerró el año con 17 victorias, una derrota, 1.80 de efectividad, 29 aperturas y 180.2 innings lanzados.

No fue solo dominio. Fue resistencia. Fue constancia. Fue liderazgo desde la loma. Tanto así que terminó como MVP de la liga y semanas después firmó contrato con los Blue Jays de Toronto, una confirmación de que su reinvención era real.

Hace unos días, el propio Ponce admitió que no tenía claridad sobre su participación en el Clásico. El calendario, los permisos y la burocracia suelen complicar este tipo de torneos. Pero Benjamín Gil despejó el panorama. La organización canadiense ya dio luz verde, a falta de cumplir los protocolos habituales con el club, la asociación de peloteros y el seguro.

Gil no habló desde el entusiasmo vacío. Lo hizo desde la convicción.

Yo creo que él es una parte clave, dejó saber que es mexicano y quiere representar a la bandera y a nuestra gente. No es cualquier cosa ganar la Triple Corona y para que un pitcher sea nombrado MVP quiere decir que fue una temporada histórica en esa liga. Qué bueno que ya se le dio la oportunidad de firmar con Toronto, se le aplaude que buscó reinventarse y mejorar, nunca dejó de echarle ganas y ahí está el resultado. Tengo entendido que sí tiene el permiso de acompañarnos, pero hay que seguir los protocolos, es un trámite con el equipo, la asociación de peloteros y el seguro”, declaró Gil a Milenio.

En un torneo corto, el orden lo es todo. Saber quién abre, quién sostiene y quién cierra. México entiende que el Clásico se juega entrada por entrada y que cada error se paga sin derecho a corrección. Por eso la posible presencia de Ponce cambia la conversación.

Hay jugadores que estuvieron en la última edición y otros que han alzado la mano, Jeremiah Estrada, Anthony Banda, Robert García de los Rangers, regresa Jojo Romero, está Víctor González y Brennan Bernardino que no estuvieron en la última edición. Andrés Muñoz fue el relevista del año en MLB y nos da estabilidad", añadió Gil.

No se trata de cargarle el peso del equipo. Se trata de dar estructura. Un abridor que pueda trabajar profundo, que no se quiebre temprano y que permita administrar el bullpen. Eso es oro en un grupo donde Estados Unidos puede castigar cualquier descuido, donde Italia juega con disciplina, donde Reino Unido crece sin complejos y donde Brasil apuesta por la velocidad.

México quiere competir desde el montículo, no sobrevivir. Quiere llegar al último inning con opciones, no con urgencias. En 2023 mostró carácter, pero también aprendió que el margen es mínimo. Hoy esa lección empieza a reflejarse en la planeación.