Roberto Montenegro, entre el muralismo, el antifascismo y la provocación estética

Con obras inéditas y fragmentos de murales poco vistos, la exposición ofrece una nueva lectura de uno de los creadores más singulares del arte posrevolucionario mexicano.

La exposición "Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la norma" se exhibe en el Museo del Palacio de Bellas Artes.
La exposición "Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la norma" se exhibe en el Museo del Palacio de Bellas Artes.Foto: Cortesía INBAL

Roberto Montenegro  fue un artista vasto y multifacético, a quien no sólo le interesó el muralismo y el arte popular, sino que cultivó activamente el retrato, el autorretrato, la crítica social, el antifascismo y su pasión por el teatro y el arte prehispánico, como lo revela la exposición Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la norma, que abrirá mañana al público en el Museo de Palacio de Bellas Artes (MPBA).

La muestra, que integra poco más de 90 piezas, aporta una nueva lectura a las múltiples dimensiones del artista e incluye, por ejemplo, piezas muy poco conocidas como el mural Comercio y transporte. Ciencia y tecnología. Trabajo y ahorro, definido como una parábola del progreso y del desarrollo de México, que le comisionó el Banco de Comercio y actualmente está en la colección de arte BBVA.

La muestra permanecerá abierta al público hasta el 6 de septiembre de 2026.
La muestra permanecerá abierta al público hasta el 6 de septiembre de 2026.Foto: Cortesía INBAL.

También exhibe los retratos que hizo a Frida Kahlo, Dolores Olmedo, Pita Amor y sus obras poco vistas sobre el tema de la guerra, como Hecatombe, Síntesis y Éxodo de Sudáfrica; éste último es el estudio de un mural en el que Montenegro cuestionó la guerra en Sudáfrica, el cual fue adquirido por un coleccionista particular y jamás volvió a ser visto.

La exposición –que permanecerá abierta al público hasta el 6 de septiembre– parte de un programa que el museo ha realizado para revisitar la colección de murales de dicho recinto. Por ejemplo, hace dos años se revisó a Diego Rivera, el año pasado a Jorge González Camarena y ahora toca a Montenegro, de quien tenemos un fragmento de mural aquí en el Palacio”, comentó ayer Daniel Garza Usabiaga, curador de la exhibición.

Dicha pieza, apuntó, es parte de una obra que Montenegro hizo en 1928 en el exconvento de San Pedro y San Pablo (en la CDMX). Es un segmento de un mural y no sabemos qué había alrededor, destacó.

En esta exposición se puede apreciar la representación masculina, que es central en la obra de Roberto Montenegro y que no se ajustaba a los ideales que el Estado posrevolucionario buscaba en su arte público.
En esta exposición se puede apreciar la representación masculina, que es central en la obra de Roberto Montenegro y que no se ajustaba a los ideales que el Estado posrevolucionario buscaba en su arte público.Foto: Cortesía INBAL.

Lo que trató de hacer fue un repaso de todos los murales que Montenegro elaboró en San Pedro y San Pablo, entre 1921 y 1934.

“Así que aquí hay tres lustros de una muy rica producción de Montenegro, una vez que regresa a México y se embarca en este proyecto de arte posrevolucionario que incluyó muralismo y, por otro lado, la revaloración de las artes populares, de la pintura autodidacta del siglo XIX y de autores como José María Estrada y Hermenegildo Bustos”, señaló.

Garza Usabiaga destacó que, por primera vez, se exhiben fragmentos de murales (strappos), que están de manera permanente en la actual sede del Centro Nacional Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam) y que posteriormente se convertirá en la sede del Salón de la Plástica Mexicana (SPM) y que todos nosotros no podemos ver de manera habitual, ya que es un lugar cerrado”.

La exposición, comentó el curador, “también aborda el tema de la representación masculina, que es central en Montenegro y que, en el caso de su primer mural (El árbol de la vida, ubicado en el Museo de las Constituciones, el primero en ser comisionado por Vasconcelos a un artista), suscitó polémica porque la representación masculina no se ajustaba a los ideales que el Estado posrevolucionario buscaba en su arte público”. 

La exhibición se divide en nueve núcleos temáticos: Introducción, que presenta el contexto de la obra de Montenegro entre 1922 y 1934, El árbol de la vida, que describe el primer mural; Ambigüedad, que exhibe cómo el artista exploró diversas representaciones de la masculinidad. 

Continúa con La fiesta de la Santa Cruz, que analiza la primera etapa de creación mural que realizaría en el cubo de la escalera del Antiguo Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo. 

Avanza con Retrato, que revisa esta representación como medio para construir identidad; Reconstrucción, con fragmentos de sus murales en los que incorporó retratos de figuras como Julio Castellanos, Sergei Eisenstein y la escena Desarme.

Le sigue Humanismo, con piezas que explican las preocupaciones de Montenegro ante las crisis internacionales, como el fascismo y la guerra, entre los años 1930 y 1940; y cierra con Alegoría del viento y Autorreflexión.

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