"La poesía es la búsqueda de un equilibrio imposible": José María Micó
El autor, galardonado con el Premio Internacional Alfonso Reyes 2026, charla con Excélsior sobre la perfección poética, aborda su faceta como músico y pide desacralizar los clásicos

Tras ser galardonado con el Premio Internacional Alfonso Reyes 2026, el poeta, ensayista, músico y traductor José María Micó (Barcelona, 1961) conversa con Excélsior sobre las claves de su trabajo literario, donde caben los versos de Dante y Luis de Góngora, el Quijote y su apuesta por que todo clásico no sea un libro intocable, así como el proyecto de grabar sus propias canciones.
Autor de Para entender a Góngora, De Dante a Borges y Primeras voluntades —que reúne su poesía completa—, también desarrolla la música y las canciones del dúo Marta y Micó, que formó con la cantante Marta Boldú y con quien ha grabado discos como Memoria del aire y En una palabra.
Además, comparte que en el futuro publicará la traducción de algunos poemas de Torcuato Tasso, grabará un nuevo álbum que podría titularse Letras de cambio y cuyos temas traerá a México el 22 de noviembre, en el Foro del Tejedor.

La conversación con José María Micó es un río y en sus palabras no hay paja.
“Para mí, la poesía es la manera más adecuada de decir cualquier cosa... la poesía es el hallazgo del equilibrio perfecto o la búsqueda de un equilibrio imposible”.
¿La poesía es perfecta?, se le pregunta al autor. “Todos somos perfectibles. Y si lo somos nosotros, también lo serán nuestros versos”. Aunque luego acepta que al hablar de autores clásicos “nos da la impresión de que no hay manera de mejorarlos y eso a veces puede ser engañoso”, como antes lo plantearon Alfonso Reyes, Jorge Luis Borges e Italo Calvino.

¿Cómo recibe este premio? “Todavía estoy asimilando la noticia, porque es un premio importante que ya conocía, que tiene mucha historia, más de 50 años. Además, buena parte del premio es el propio nombre de Alfonso Reyes. Por tanto, me siento honradísimo de formar parte de una lista que integran Borges, Octavio Paz, Alejo Carpentier y muchos más”.
¿Cómo tejió su amistad literaria con Reyes a partir de Góngora? “(En literatura) se crean afinidades imprevistas con personas que no viven o que han vivido hace muchos siglos. Con otros hemos podido coincidir en algún momento, pero muchos han llegado a nosotros porque los hemos leído y hemos sentido una cierta afinidad.

La afinidad con Góngora y la relectura de los clásico
En el caso de Góngora, que tenemos en común Reyes y yo, a mí me ha ocupado buena parte de mi vida porque desde que leí sus primeros versos, hace más de 40 años, me cautivó.

Y saber que Reyes se había dedicado a él mucho antes que los poetas del 27 me creó una afinidad con ese escritor mexicano que yo conocía poco y que resultó que, además de escribir sobre Góngora, creó versos, se interesó por la traducción, es decir fue un gran humanista y yo quería moverme por esos terrenos”, asegura.
¿Considera que hoy existe miedo a leer los clásicos? “Sí, y eso en cierto modo es una desgracia para los clásicos, porque todos podemos decir algo del Quijote, aunque no lo hayamos leído, todos podemos decir algo de Dante o tenemos una impresión de Shakespeare. Pero esos clásicos están ahí, parecieran intocables y casi sería obligatorio no leerlos porque pensamos que no los vamos a entender.
Pero mi experiencia es contraria y al entrar en ellos, de un modo que no sea erudito o para ostentar nuestro conocimiento, sino como lectores, podemos ver que muchos siglos después siguen vivos y ése es el sentido de mi librito Clásicos vividos. Me gustaría no creer que esos clásicos son inamovibles”.

La música en las palabras y la versatilidad de la Comedia
¿Esos autores dialogan con nuestro tiempo? “Son textos que en todos los casos dicen algo de nosotros y nos hablan de nuestra condición. De ahí que yo defienda la actualidad de la Comedia, de Dante, y de la lengua poética de Góngora, porque los poetas de hoy siguen buscando lo mismo: renovar la lengua que utilizan a través del lenguaje y de las imágenes”.
¿Si usted define a Petrarca como un peregrino, qué tipo de escritor es usted? “Voy a decir una cosa que puede parecer un poco extraña, pero creo que la base de todo en mi obra es la música y durante muchos años ni siquiera fui consciente de eso.

Cuando leí por primera vez El infierno, de Dante, yo no sabía italiano, pero entendí el primer verso, que es bastante transparente, y en aquel momento quise dedicar parte de mi vida a aprender el mejor italiano posible para reproducir esa música de los endecasílabos italianos”.
¿Su trabajo como músico apela al trovador antiguo? “Si hace 30 años me hubieran dicho que hoy estaría componiendo música y grabando discos con el nombre artístico de Marta y Micó, que ya lleva cuatro, no lo habría creído, pero siempre he estado convencido de que la buena poesía tiene un ritmo interno y que éste puede exteriorizarse a través de una canción.

Y no es por quitarle dignidad a la poesía, al contrario, es para darle la dignidad que merece. Desde luego que hay textos que no se pueden musicar fácilmente, aunque otros sí son más fáciles”, advierte el escritor.
Navegar en las aguas de Dante
Uno de los proyectos más ambiciosos de José María Micó fue hacer una nueva traducción de la Divina Comedia, de Dante Alighieri, que publicó en 2018 bajo el título de Comedia.

Cuando decidí hacerlo, quise que fuese con la mayor fidelidad posible a la intención del autor, ser lo más fiel posible a Dante, y aunque existían otras traducciones y después de la mía han aparecido otras más, lo cierto es que se había traducido en versiones rimadas que forzaban el sentido original.
Procuré usar una fórmula distinta, que era mantener lo más posible el ritmo del endecasílabo y de los tercetos, pero no empeñarme en rimar como en el original, porque a veces, como sucedía a los traductores que rimaban, les obligaba a decir cosas que Dante nunca dijo y ahí se sobrepasa una frontera que no debe sobrepasarse, porque el traductor debe decir lo que dice el autor en una manera equivalente”.

Además, asegura que en esta nueva traducción, publicada por Acantilado, buscó recuperar la variedad de la lengua de Dante.
Esa lengua, explica, era una forma dialectal del florentino, que se nutrió de galicismos, latinismos, helenismos, neologismos y de palabras inventadas por el propio Dante.