Luis García Montero: la poesía no es taquillera, pero dialoga con la soledad y la condición humana
El director del Instituto Cervantes habla sobre Antología personal, un poemario en el que recopila sus apreciaciones sobre la palabra, la edad y el amor

El ejercicio poético no es muy taquillero, a diferencia de las novelas que, incluso, llegan a escribirse para ser entretenimiento zafio que se apartan del valor cultural”, afirma el poeta español Luis García Montero (Granada, 1958), director del Instituto Cervantes y quien publica Antología personal, poemario que reúne una selección de cuatro décadas de escritura, dividido en tres temáticas: la palabra, la edad y el amor.
Pese a todo, García Montero reconoce que las ventas no sirven para determinar si una novela es buena o no, porque, aunque hay mucha literatura mala que se vende y hay casos ejemplares como Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, aunque aclara que la poesía es más bien un género que sostiene una relación estrecha con la soledad y la meditación del ser humano”, comenta en entrevista con Excélsior.
Por ejemplo, cuando una persona llega sola a casa, se mira al espejo y se pregunta cómo se siente, cómo ha ido su día. Ese acto de soledad tiene una relación con la poesía. “Por eso, aunque la poesía no sea muy taquillera, al cabo de los años podemos estar leyendo a Garcilaso de la Vega, a San Juan de la Cruz o a Sor Juana, identificándonos con sus sentimientos, con su soledad y sus dudas”, asegura.
Y eso implica que el verso no se gesta de un modo instantáneo. “El poema dice lo que el poeta siente, pero para no caer en el fanatismo de la cacatúa, que repite verdades dichas, el poeta debe conseguir que el poema, más que un desahogo personal, se convierta en una meditación sobre la condición humana que resista el paso del tiempo”, expone el también autor de Un mundo navegable y Un año y tres meses.
¿Qué tan necesario es que el poeta se distancie de lo cursi? “Eso es muy importante, así que cuando uno escribe sobre sus propios sentimientos es necesario pensar lo que vamos a decir. Ahora, en redes sociales, la intimidad y lo público, que es el territorio de la poesía, están de moda, pero uno ve enseguida que cada mensaje está elaborado para buscar una reacción inmediata, un me gusta.
A lo mejor, la cursilería tiene mucho impacto en las redes, es el producto de alguien que no piensa muy bien lo que dice y que no es capaz de controlar sus propios sentimientos”, asevera.
Para García Montero, otro factor determinante al pensar el poema son las humanidades. “Para mí, es necesario reivindicar los valores, porque las épocas van con mucha prisa y vivimos momentos donde el tiempo se convierte en un gran concepto cultural y en una mercancía de usar y tirar.
Sin embargo, las humanidades sirven para reflexionar sobre esa condición humana y para pensar en el tiempo no como en esa mercancía de usar y tirar, sino como una experiencia compartida desde el presente. Los poetas que yo más respeto son herederos del pasado. He de reconocer que he aprendido mucho de poetas como José Emilio Pacheco y de Rubén Bonifaz Nuño, gente que se sintió heredera de una tradición poética que podría remontarse hasta el mundo indígena prehispánico”.
¿Considera que basta un lector para que la poesía exista? “Creo que para que la poesía exista es imprescindible un lector. Si tú escribes y sólo se queda en una reflexión personal, ahí está el poema, pero no el hecho poético. Eso lo decía muy bien el poeta catalán Joan Margarit, quien afirmaba que para que funcione el hecho poético hace falta un lector. Yo creo que el diálogo entre el autor, el texto y el lector es fundamental, pero también creo que si el poema sólo llega a un lector… su recepción es limitada”.
Por último, García Montero refiere que uno de los peligros que enfrenta la poesía es que su lenguaje se vuelva críptico. “Pienso en el peligro de creerte que eres un genio. Por ejemplo, aquel poeta que imagina tener mucha calidad porque hace una poesía tan difícil que sólo la entienden otros vates y, entonces, convierte el lenguaje poético en un dialecto entre poetas.
Yo creo que es un peligro escribir poemas creyendo que hay calidad cuando no se comprende con facilidad. A mí no me satisfacen los poemas que se quedan en un lector, porque creo que la calidad poética no debe enterrarse en la dificultad o en el aislamiento, sino que pueda entrar en comunicación con mucha gente y así lo podemos hallar en la poesía de César Vallejo, de Antonio Machado y Rosario Castellanos”, concluye.
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