‘Han sido años difíciles para la cultura’: Marco Antonio Campos

El escritor mexicano repasa algunas claves e influencias de su trabajo poético y también cuestiona la constante reducción de presupuesto al sector

Foto: Juan Carlos Talavera
Foto: Juan Carlos Talavera

Luego de recibir el Premio Excelencia en Letras de Humanidad 2025, el poeta, narrador y ensayista Marco Antonio Campos (CDMX, 1949) charla con Excélsior sobre la importancia del poema, los versos de Rubén Bonifaz Nuño, las estampas olfativas de Ramón López Velarde, pero también se detiene en el recorte presupuestal que enfrenta la cultura en México.

Me extraña un poco que un gobierno de izquierda actúe peor que los capitalistas (ante los recortes), pese a que México siempre se ha sentido orgulloso de su base cultural. Y le estoy hablando como una gente de izquierda, un socialdemócrata, y no estoy tratando de hacerle juego a la derecha ni mucho menos”,  advierte.

Pero sí han sido años difíciles, los peores que recuerdo, donde (los funcionarios) no saben lo que es cultura, y aunque hay buenos elementos, si no tienen dinero, es imposible avanzar.

Además, a menudo confunden los espectáculos con cultura, y la mejor muestra son esos conciertos en el Zócalo”, lamenta el escritor que en enero próximo publicará su poesía reunida, bajo el sello El Tucán de Virginia y la Universidad Autónoma de Nuevo León.

¿Publicará su obra completa?, se le pregunta al autor de Viernes en Jerusalén. “Desgraciadamente no se ha compilado. Ha habido algunos problemas, pero es cierto que un poeta que no publica su obra completa, está incompleto, si muere.

Será un volumen con obra reunida, titulado Tan allá, tan lejos, que le sonará un poco rulfiano y saldrá en febrero”, apunta el creador de una poesía viajera, memoriosa y meditabunda, esencial para el caminante y para quien cierra los ojos ante la virtud del vate que captura el paso del tiempo.

¿Es el viaje una de las constantes en su poesía? “Hay más de 200 páginas de poemas de viaje, pero cuando hablo de Atenas, siempre lo hago desde el presente, es decir, no estoy tratando de pararme en la Acrópolis antigua y empezar a imaginar”, aunque reconoce que en sus versos aparece el recuerdo del recuerdo, de lo que va quedando”.

¿Qué necesita el buen poema? “Mire, en la poesía hay que cuidar todo, desde la primera línea hasta la última. Si le falla la primera, regularmente le va a fallar el poema, y si cierra mal, se le caerá el poema, aunque puedes tener alguna falla en el cuerpo.

Por ejemplo, Los amorosos, el famoso poema de Jaime Sabines, empieza muy bien y cierra muy bien, pero en medio hay versos o rimas internas y consecutivas que uno no haría, y a pesar de eso es muy buen poema”, explica.

¿La Ciudad de México es otra constante en su poesía? “¡Muchísimo! Hay un amor y un terror”.

¿Amor y odio? “No creo que sea odio. Más bien es el horror y, sobre todo, ante el Cártel Inmobiliario. Decía José Emilio Pacheco que cada 15 años tenemos una nueva ciudad, una nueva capa. No sé si sea cada 15 años, pero es muy buena observación”.

¿Su poesía es un país o un archipiélago? “Mi poesía es más un país, porque desde el primer libro hasta el último hay una continuidad y es muy interesante, porque de ahí se parte a otros lados.

Hay poetas que tocan magníficamente dos o tres cuerdas, como Sabines o César Vallejo, y otros que son muchos poetas, como Octavio Paz, Eduardo Lizalde y Bonifaz Nuño”.

¿Tiene muchos recuerdos de Bonifaz Nuño? “Él trabajó todas las formas clásicas en el poema, pero, después, hizo muchas rupturas. Recuerdo que, al hablar del soneto, él me dijo que admiraba a tres: Rafael Alberti, Carlos Pellicer y Jorge Luis Borges, y me resultó interesante, porque en ese momento comprendí lo que él entendía del soneto y me ayudaba a entenderlo a la vista moderna”.

¿Recuerda Calacas, de Bonifaz? “Era el libro favorito de Juan Gelman”.

¿Usted no escribe sobre la muerte? “Al principio, pero después fui evitándola, pero lo verá en el próximo libro.

Más bien de lo que he hablado es del paso del tiempo, de cómo se van acortando los días, pero no con esa crueldad e ironía que tenía Bonifaz en Albur de amor”.

¿Es Ramón López Velarde una presencia en su obra? “Me ha acompañado mucho más en los últimos 30 años porque me concilia una y otra vez con la poesía. La suave patria me parece un milagro. Y él es el único que se puede leer a diario y siempre lo emocionará”.

LA POESÍA NO DERRIBA A NINGÚN TIRANO

Uno de los poemas de Marco Antonio Campos más acudidos es Declaración de inicio, en el que indica que la poesía no modifica nada en el mundo. 

Él explica que lo publicó a los 23 años y que muchas veces ha sido malinterpretado.

En ese poema digo que la poesía no sirve para nada, pero lo estoy diciendo desde un punto de vista de la realidad exterior, porque se entiende que, para usted, la poesía sirve mucho, porque sensibiliza, desarrolla la imaginación, la inteligencia..., pero hacia afuera sigo creyendo lo mismo: un poema no le quita de la boca el pan al millonario ni cambia una cruz a nuevos montes...”.

Tan es así, afirma, que un poema jamás ha derribado a un tirano.

Campos recuerda que en los años 70 era común que en las presentaciones de libros le preguntaran si la poesía haría la revolución.

Ante esto, el poeta respondía algo así: “Mire, hay otras vías artísticas que sirven mucho más para eso, como el cine, porque los tirajes de los poemarios apenas si son de mil ejemplares y si acaso se venderán 300. ¿Cuántos lectores de ésos cree que van a hacer la revolución?”, rememora.

-Juan Carlos Talavera

cva

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