La obra de Gaudí como templo y réplica del cosmos, según Juan Eduardo Cirlot
El libro El arte de Gaudí reúne por primera vez los textos que el crítico y poeta español dedicó al arquitecto catalán, cuya obra interpretó como una expresión simbólica, espiritual y vinculada con la naturaleza y el arte africano.

El simbolismo divino, la idea cósmica –“es decir, la pretensión y la necesidad de que la arquitectura sea una réplica del cosmos”–, la observación y recreación de la naturaleza y los animales y “una relación con el arte primitivo africano” a través de conos verticales.
Éstas son algunas de las características de la obra del arquitecto catalán Antoni Gaudí (1852-1926) que advirtió desde los años 50 del siglo pasado el crítico de arte y poeta Juan Eduardo Cirlot (1916-1973), uno de los primeros estudiosos del hoy célebre autor de la Basílica de la Sagrada Familia y de las casas Batlló y Milà.

Por primera vez, todos los textos que Cirlot escribió sobre el máximo representante del modernismo catalán, entre 1950 y 1966, están reunidos en El arte de Gaudí (Vaso Roto), con edición y prólogo de Enrique Granell, que anoche se presentó en Monterrey.
En conferencia de prensa virtual, la académica y escritora Victoria Cirlot, hija y heredera intelectual del autor, destacó el valor documental y crítico de esta edición, que se lanza en el marco del centenario luctuoso de Gaudí, que se conmemora el 10 de junio.
La lectura de mi padre sobre Gaudí se apartó de las interpretaciones tradicionales de la historia del arte para situar su obra dentro de una visión profundamente poética y simbólica”, explicó.
“En este título se han incluido los libros que publicó, los artículos que fueron apareciendo en revistas, actualmente muy difíciles de encontrar, y sus poemas. Eso es uno de los grandes hallazgos del libro”, agregó.

La investigadora destacó la importancia que ha adquirido la obra de Gaudí en Barcelona.
Es una ciudad que vive prácticamente de él. Sus edificios se ven asaltados por miles de turistas a diario. Su obra se ha convertido en el emblema de Barcelona. Hace unos años no era así. Es un fenómeno extraño, de ésos que son difíciles de explicar”.
Sobre el porqué de la fascinación que su padre tuvo por Gaudí, comentó que se remonta a un recuerdo de infancia de Cirlot. “Tengo una foto de mi padre, de unos cuatro años, y está en uno de los balcones de La Pedrera, porque ahí vivía su abuelo, mi bisabuelo, eran unas casas inmensas de mil metros cuadrados.
“Yo creo que esa fue su primera impresión tremenda. Pero pensemos que era un crítico de arte que estaba en constante relación con las vanguardias artísticas. Una de las tesis que desarrolló es que la obra de Gaudí se sitúa entre el naturalismo y el expresionismo”, indicó.
La profesora emérita de la Facultad de Humanidades de la Universitat Pompeu Fabra dijo que “debemos entender que la arquitectura de Gaudí tiene un profundo simbolismo. Creo que siempre estuvo haciendo templos, no sólo La Sagrada Familia. Cualquiera de sus casas es realmente un templo.
“Cuando uno llega a la casa Milà y sube al tejado, con aquella forma extraordinaria de resolver las chimeneas, te das cuenta de que no es un tejado normal, en una especie de templo. Toda su arquitectura se puede conectar con una idea cósmica”, afirmó.
La especialista en la Edad Media comentó que
no debemos olvidar la pasión de Gaudí por el dragón, que es un animal importante para Cataluña, por el peso que tiene la leyenda de San Jorge."
“Y te sorprendes cuando ves que la casa Batlló es un inmenso dragón: en la parte superior está la cresta, y en la inferior hay una serie de piedra esculpida que parecen esos huesos que acompañan siempre a las pinturas de la leyenda de San Jorge”, señaló.
Consideró que el impulso de su padre para estudiar la obra de Gaudí nació cuando encontró imágenes de la arquitectura africana, donde aparecían unos conos muy semejantes a los del catalán.
“Esto no lo había dicho nadie. Pensó que resultaba inexplicable, porque Gaudí seguro no había visto esas mezquitas. Desde un punto de vista simbólico, el cono es fundamental porque es una elevación, una verticalidad y una necesidad de conexión con el cielo.
Cirlot no relaciona la obra de Gaudí con el arte gótico, como ha hecho la mayoría de historiadores y críticos de arte, sino justamente con el arte primitivo africano”, concluyó.
“Sabemos poco de la vida de Gaudí, pero todo parece indicar que fue un hombre adolorido y herido. Y una herida impulsa siempre una creación desorbitada”.
Entre 1984 y 2005, siete de las obras de Gaudí fueron declaradas por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.