Jaime Sabines y una fogata: rinden homenaje con danza en Nayarit
La coreografía “Adán y Eva. Sabines a flor de piel”, dirigida por Marco Antonio Silva, retomó la voz del poeta chiapaneco.

Una noche de Año Nuevo, un hombre joven, ahora funcionario universitario de renombre, se acercó a la fogata que habíamos encendido un grupo de amigos en una playa nayarita. Después de los brindis y los bailes, la única persona que se quedó cerca del fuego fui yo.
De la nada y sin poner atención a mi presencia, llorando dijo: “Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable…”. Y de ahí siguió con todo el poema de Jaime Sabines, cuyo centenario de nacimiento se celebró el pasado 25 de marzo, y que el artista escénico Marco Antonio Silva decidió homenajear con el montaje Adán y Eva. Sabines a flor de piel. Para llevarlo a cabo se apoyó en la bailarina y filántropa Isabel Beteta y su compañía Los Corpógrafos y actores amigos.

Desde siempre, Silva ha sido un creador de importante solvencia, pero abandonó las tablas por una larga temporada en el mundo de la administración pública y la política.
Regresar al medio de la danza le ha costado trabajo, no sólo porque nos encontramos en otros tiempos, en los cuales, en una buena parte de los casos, las formas de asociación creativa son efímeras y válidas durante una o dos temporadas.
Los bailarines ahora son cocreadores y los resultados en el foro responden a laboratorios en los que los procesos resultan ser más importantes que las puestas en escena.
El vocabulario dancístico, un tanto añejo, pero bien bailado de Carolina Ureta, Saúl Freyre y la propia Isabel Beteta –que ha encontrado en Silva un director de escena que la hace lucir como una figura central. La participación de actores declamando los poemas de Sabines es un acierto, particularmente la del actor-bailarín Alberto Estrella.
No obstante la precaria iluminación, la pista sonora es correcta y la entrega y la espontaneidad de los integrantes del proyecto hacen del montaje de Sabines un éxito contundente, aplausos de pie y un público que sale muy satisfecho.

Se trata de una apuesta que no es pretenciosa y al no serlo coloca a Sabines en el centro de todo. Escucharlo en viejas grabaciones es un deleite.
Sin duda, el funcionario universitario que lloraba declamando sus versos con el corazón desgarrado, si ve la pieza volvería a llorar como aquella noche en Nayarit.