De la sierra al Estadio Ciudad de México: Yolett Cervantes recibe el boleto 00001
Yolett Cervantes Cuaquehua, joven de Tlaquilpa, llevó la cultura nahua al escenario nacional al recibir el boleto 00001 del Mundial 2026.

TLAQUILPA, Ver.- En este rincón de la sierra de Zongolica, Tlaquilpa es uno de los municipios más pequeños y de mayor arraigo. La vida solía contarse en voz baja entre casas de madera, caminos empinados y una comunidad que sostiene su identidad en la lengua, los bordados y sus tradiciones ancestrales, hasta que Yolett Cervantes Cuaquehua, de 21 años, habló fuerte al demostrar su amor por el futbol desde muy pequeña e irrumpió en la escena pública para recibir el boleto 00001 que la presidenta Claudia Sheinbaum cedió para la inauguración del Mundial 2026.

“Soy Yolett Cervantes Cuaquehua, de 21 años, del municipio de Tlaquilpa, Veracruz. Me decidí a participar con mi traje tradicional para darle valor e importancia a nuestra cultura. Cuando apenas tenía cuatro años ya podía leer y escribir. Mi papá me enseñó a declamar poesía náhuatl.

Declamé en universidades y espacios gubernamentales. A los ocho años participé en un concurso de poesía a nivel estatal y obtuve el primer lugar. Y mi premio fue, junto con otras niñas y niños, un viaje a España para ver un partido de futbol en el estadio Bernabéu. De regreso, yo estaba enamorada del futbol y, a partir de ese momento, me olvidé de la poesía”, refiere Yolett.

La transición de la poesía al balón no borró su identidad. La reforzó. Su padre la entrenó durante cuatro años, sin más recursos que el patio de la casa, los zapatos de la escuela y la voluntad de ambos. Ella misma cuenta que llegó a hacer entre tres mil y cuatro mil dominadas, que entrenaba descalza y que, en medio de la práctica, rompió jarros, pocillos y comales, mientras su madre regañaba, pero también sostenía. Esa mezcla de rigor y ternura es parte de la historia familiar que la acompaña y que la convirtió en una atleta disciplinada.

Desde Tlaquilpa dio el salto a equipos de Orizaba; luego, a selecciones de Zongolica y Orizaba, y más tarde a visorias en Chivas, León, Pachuca, Pumas y Puebla. Nunca tuvo un entrenador formal; siempre fueron su madre y su padre quienes la guiaron. La sierra, con su geografía dura y su economía limitada, no suele ofrecer caminos fáciles para las mujeres jóvenes que buscan un lugar en el deporte profesional. Yolett avanzó a contracorriente, hasta que una lesión de rodilla frenó su trayectoria y la obligó a detenerse.
En su mensaje público ante la presidenta de México, Yolett habló de sus aspiraciones y también pidió apoyo para rehabilitarse y volver a jugar. Lo hizo sin victimismo, con la claridad de quien reconoce lo que ha construido y lo que aún puede recuperar. Por eso, su presencia en el escenario nacional adquiere un sentido distinto: no es la historia de una ganadora improvisada, sino la de una joven que representa a una comunidad que rara vez ocupa el centro de la conversación pública.
Cuando Yolett decidió participar en el concurso de dominadas con su traje tradicional, lo hizo —según explica— para dar valor e importancia a su cultura. Ese gesto, sencillo pero firme, refleja la identidad de Tlaquilpa, donde las mujeres tienen una presencia central en la vida económica y social a través de los bordados, la lengua, la tradición y el carácter.