Enrique Serna revive el lado más íntimo y sorprendente del imperio mexica en "El dios hambriento"
Tras cinco años de investigación y un año de estudiar náhuatl, el escritor reconstruye la vida cotidiana, las intrigas políticas y las voces marginadas del México prehispánico en una novela que invita a imaginar la gestación del imperio mexica.

La práctica de los soldados de despiojarse, la venta de orina para curtir pieles en el Tianguis de Tlatelolco –donde incluso había travestis que ofrecían placer–, el gusto por el juego de pelota y las adivinanzas y el derecho de los varones nobles a la poligamia.
A partir de esta sorprendente recreación de la vida cotidiana de los mexicas de Tenochtitlan y los acolhuas de Texcoco en el Año 3 Conejo (1430), el escritor Enrique Serna (1959) desarrolla su nueva novela histórica, El dios hambriento (Alfaguara).
La historia, narrada por distintas voces –una colectiva, la de personajes marginados y la de una hechicera lesbiana–, detalla las intrigas palaciegas entre Nezahualcóyotl, el Rey Poeta de Texcoco, y Tlacaélel, hermano de Moctezuma y consejero del rey mexica Itzcóatl, a quien el pueblo considera el portavoz del dios Huitzilopochtli.
“La historia reconstruye el pasado, pero la novela histórica nos invita a soñarlo. En esta novela traté de que los lectores viajaran conmigo a la gestación del imperio mexica, con el propósito de que soñaran esa época”, explica el narrador en entrevista.

Después de cinco años de lecturas sobre el periodo mesoamericano y un año de estudiar el náhuatl, el también cuentista y ensayista hurga desde la ficción en distintos enigmas sin respuesta que encontró en distintos libros.
Uno de los principales misterios fue el por qué de la guerra ficticia, sin derramamiento de sangre, a la que los mexicas obligaron a los acolhuas –ambos bandos vencedores– para que perdieran éstos, se destruyera el Templo Mayor de Texcoco y los primeros aparecieran como los más poderosos. Lo que representó una humillación para Nezahualcóyotl, que les había sido leal.
Creo que la verosimilitud de la reconstrucción histórica es muy importante para que una novela provoque efectos alucinógenos en el lector. Y ese es un procedimiento que empieza desde la investigación.
“Cuando estoy picando piedra en bibliotecas, en archivos, empieza un proceso de inmersión en ese mundo; que es muy importante profundizar, porque de eso depende que los personajes tengan vida propia”, aclara sobre esta novela que empezó a confeccionar en 2018.
Destaca que
“quise que hubiera en la novela un punto de vista femenino, que contrarrestara la idolatría masculina que predominaba en aquella época en la familia, en la sociedad y en todos los rituales del poder.

“Imaginé a mujeres valiosas, talentosas e inteligentes para completar la descripción y que la historia no resultara amarga. Por eso incluí dos personajes ficticios, la princesa Chimalma y la nahuala Quilaztli, víctimas del machismo hegemónico y que logran ser felices al margen de los varones”, detalla.
Me llama mucho la atención cómo la vestimenta de los guerreros o de los nobles era sumamente vistosa. Llevaban unos penachos estupendos, narigueras de oro. Era una vestimenta más llamativa que la de la mujer. Hasta en eso querían opacarlas. Las grandes vedettes del mundo prehispánico eran los hombres, no las mujeres”, agrega.
El autor de las novelas históricas El seductor de la patria, Ángeles del abismo y El vendedor de silencio señala que deseó que sus personajes escaparan al determinismo que en esa época prevalecía en casi todos los sectores.
“Los macehuales, los jornaleros, los esclavos estaban sujetos a un sistema que determinaba su destino; lo mismo pasaba con los comerciantes, los sacerdotes o los miembros de la casta militar.
Pero dos de mis cuatro protagonistas pertenecen a la nobleza y eso les permite tener libre albedrío. Y Quilaztli, la esclava lesbiana que al recuperar su libertad incursiona primero en la brujería y luego en la prostitución, representa la marginalidad, en la que también puedes elegir tu destino. Y Chimalma está en medio de estos mundos”, indica.
Concluye que “esta es la primera vez que escribo una novela en la que los personajes hablan un idioma distinto al mío. Eso me complicaba hasta en el acto de nombrar las cosas, implicaba un desafío. Pero el náhuatl y el español no son lenguas divorciadas”.
Serna dice que “durante un tiempo ya no voy a escribir novelas históricas, porque ya me cansé de hacer fichas”.
El dios hambriento se presentará el 10 de septiembre, a las 19:00 horas, en la Librería Elena Garro de Coyoacán.