Biblioteca Jorge Ibargüengoitia: el pinchador de certezas
Unos 16 títulos representativos del escritor, considerado uno de los más originales del siglo XX mexicano, integran la nueva colección de Planeta

“Ibargüengoitia escribió para pinchar certezas: héroes, causas solemnes, versiones oficiales. Usó el humor para decir cosas bastante serias, sin necesidad de levantar la voz.
“Un autor que tuvo la rara virtud de desconfiar de la historia, de la política y del prestigio literario. Gracias a eso, sigue siendo extraordinariamente legible”.
Estas son las razones que los editores de Planeta tuvieron para relanzar la Biblioteca Jorge Ibargüengoitia, bajo el sello Joaquín Mortiz, en la que integran 16 títulos representativos de la obra del escritor mexicano considerado uno de los más destacados y originales del siglo XX.
Nacido en Guanajuato y fallecido en Madrid, Ibargüengoitia (1928-1983) transitó por casi todos los géneros: novela, cuento, teatro, ensayo, artículo periodístico y relato infantil. En esta reedición de sus libros se recuperan, destacan los editores, las portadas de la pintora inglesa Joy Laville (1923-2018), su pareja durante 20 años.
“Su obra establece un diálogo preciso con la escritura de Ibargüengoitia. Sus imágenes, de una sencillez luminosa, crean espacio y silencio, permitiendo que la ironía de Jorge se despliegue sin ruido. No traducen la ironía de Ibargüengoitia: la acompañan en silencio. Una complicidad estética que convierte a las portadas en parte de la obra”, explican.
De esta forma, llegan a nuevos lectores La ley de Herodes, Las muertas, Sálvese quien pueda, Misterios de la vida diaria, Instrucciones para vivir en México, Dos crímenes, Estas ruinas que ves y Los relámpagos de agosto.
Así como La casa de usted y otros viajes, Ideas en venta, Los pasos de López, Viajes en la América ignota, ¿Olvida usted su equipaje?, Teatro reunido, Maten al león y Manzana de la discordia.
Destaca este último título porque reúne textos inéditos, versiones originales de crónicas y correspondencia. “La obra rescata la versión íntegra de Revolución en el jardín, donde el autor narra con ironía su estancia en Cuba tras ganar dos veces el Premio Casa de las Américas (1963 y 1964) y sus desencuentros con las expectativas políticas de la isla”.
La compilación, introducción y edición de textos es de María Cristina Secci; el prólogo de Juan Villoro y el epílogo de Jorge Fornet. “Siempre fiel a su mirada escéptica y burlona, capaz de convertir la política y el prestigio literario en materia de comedia”, se apunta en la contraportada.
Villoro señala que “Ibargüengoitia se pitorreó de la gente deforme, las sirvientas tiránicas, los niños ‘decentes’, los próceres de la nación, los artistas consagrados, los millonarios y cualquier sujeto que se presentara ante su mira. Pero, sobre todo, se pitorreó de sí mismo”.

Ibargüengoitia ya cautivaba a los lectores de Excélsior con su ironía y agudo sentido del humor el 24 de enero de 1969, cuando publicó Para qué sirve la crítica II. Dichos de los siete sabios.
Cada semana, y en ocasiones dos veces en este lapso, el también ensayista y cuentista entregaba sus graciosos análisis sobre la vida cotidiana en la Ciudad de México, la hospitalidad de sus habitantes, el crecimiento poblacional, los proletarios, las enfermedades crónicas, los policías, el cine, la ley, el voto y la literatura.
Nunca dejó de enviar su columna con puntualidad, ni siquiera el medio año que viajó por diversos países de Europa en 1975. Mandaba crónicas de las situaciones que enfrentaba como turista mexicano en el Viejo Continente y cómo veía la vida en las urbes que visitaba: Londres, El Cairo, Luxor, Alejandría, París, Venecia, Barcelona, Florencia, Milán, Bilbao o Madrid.
El escritor hizo el 27 de junio de 1975 un corte de caja de su presencia en Excélsior y anunció que se tomaría un descanso de seis meses, lo que cumplió con puntualidad. E hizo la cuenta de que había publicado ya 600 escritos y 2 mil cuartillas. “Me voy porque me da la gana y regreso dentro de seis meses… Estoy satisfecho con mi columna”, aclaró.
Y el 2 de enero de 1976, Ibargüengoitia anunció su retorno con el artículo El regreso del hijo pródigo. Fin de vacaciones, sólo para permanecer hasta el 5 de julio de ese año, pues salió de El Periódico de la Vida Nacional junto con el equipo encabezado por el periodista Julio Scherer.
Él mismo seleccionó los artículos que quiso reunir en el libro Sálvense quien pueda.
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