Visten a reos de la Ciudad de México

En el taller de costura los internos realizan alrededor de 300 uniformes al mes bajo la marca Hazme Valer

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CIUDAD DE MÉXICO.

Hace 13 años Gonzalo Serrano fue sentenciado a 39 años de prisión, pena que purga en el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente.

Desde su llegada al centro penitenciario buscó hacer más llevaderos los 14 mil 235 días a los que fue sentenciado.

Antes de ser apresado se dedicaba a la sastrería, oficio que pudo continuar en la cárcel al inscribirse al taller de costura. Gracias a sus habilidades, a los pocos meses se convirtió en el encargado del lugar.

Nada más había dos maquinitas y hacíamos cualquier tontería, después de un año comenzó a llegar toda la maquinaria y empezamos ahí a hacer lo de la costura institucional y a hacer uniformes”, comentó en entrevista para Excélsior.

Actualmente, 25 internos laboran con él. Ellos realizan la ropa que porta la comunidad penitenciaria de la Ciudad de México. Producen al mes 300 uniformes.

También –sobre pedido– elaboran chalecos o chamarras, bajo la marca Hazme Valer, creada por la Subsecretaría de Sistema Penitenciario y cuyo objetivo es garantizar que los productos elaborados en los talleres de las cárceles cuenten con estándares de calidad.

Todo aquél que lo desee tiene la oportunidad de estar en este taller o cualquier otro. Primero tienen una capacitación teórica y práctica; y dependiendo de las aptitudes los encargados determinan si es viable o no su estancia”, explicó Elizabeth Gutiérrez, jefa de talleres del Reclusorio Oriente.

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Más de 15 mil reclusos realizan alguna actividad laboral en las cárceles capitalinas.

El equipo de trabajo de Gonzalo también participa en el Programa Vía Verde, del gobierno de la CDMX. Ellos son los que confeccionan la malla que sirve de sustento para plantas en más de 500 columnas que sostienen el segundo piso de Periférico.

Aquí se nos va el tiempo de volada y mucha gente quiere trabajar con nosotros. Muchos han salido libres, precisamente porque están tranquilos aquí. He visto pasar como a 30 que se han ido libres”, dijo Serrano.

En el Reclusorio Oriente, 319 hombres trabajan en los diferentes talleres. Además de que reciben una ayuda económica que les permite aportar recursos a sus familias, estas actividades les posibilitan obtener beneficios en caso de solicitar su preliberación o disminución de condena.

Su mente está ocupada en un trabajo y eso les ayuda a desarrollarse o tener una nueva habilidad”, enfatizó Elizabeth Gutiérrez.

Gonzalo sabe que aún faltan muchos años para que alcance su libertad y aunque la costura ha sido un escaparate, extraña el bullicio de la ciudad, pero sobre todo a sus hijas de 28 y 16 años de edad.

Hay algunas veces que uno se siente ‘bajoneado’, decaído, pero pasa un medio día y otra vez a trabajar, porque cuando entra uno aquí, la familia ya no quiere saber nada de nosotros”.

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Actualmente 25 internos participan en el taller de costura. Fotos: Pável Jurado

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