La amenaza de los hutíes

Esther Shabot

Esther Shabot

Editorial

Por si le faltara complejidad a la guerra que actualmente libran Estados Unidos e Israel contra Irán, con todo y el desbarajuste en curso en los mercados energéticos globales, se cierne ahora una amenaza adicional con el ingreso de los hutíes de Yemen al conflicto. Como es sabido, esa organización –catalogada como terrorista por EU– intervino a lo largo de la guerra de Israel contra Hamás atacando continuamente al Estado hebreo y saboteando la navegación internacional en el Mar Rojo alrededor del pasaje de Bab el-Mandeb. Tuvo entonces la capacidad de hundir dos buques y de obligar durante meses a cientos de navíos a alterar sus rutas y tener que rodear el continente africano para llegar a sus destinos, agregando diez días adicionales de viaje a los afectados, forzados a navegar 6 mil millas náuticas más de lo acostumbrado.

Los hutíes, al igual que Hezbolá y Hamás, actúan como proxys de Irán en la región por lo que era esperable que en algún momento se sumaran a la contienda haciendo lo mismo que hicieron en el pasado reciente. Tras casi un mes de contención, finalmente en el curso de esta semana algunos de sus misiles fueron ya lanzados hacia el sur de Israel, lanzamientos que fueron acompañados de amenazas que deben tomarse en serio por sus graves implicaciones. 

De nueva cuenta advierten que volverán a atacar a la navegación internacional en las aguas del Mar Rojo y obstruirán el paso por Bab el-Mandeb en caso de que Emiratos Árabes (EAU) y/o Arabia Saudita se incorporen activamente a la guerra contra Irán, cosa que al menos EAU ha sugerido como posibilidad hace unos días. Tras haber recibido desde Teherán muchos más proyectiles incluso que Israel, este rico emirato está perdiendo la paciencia. 

De hecho, los Estados del golfo Pérsico habían convocado días atrás a una sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU para denunciar los ataques iraníes a su infraestructura civil calificándolos como una amenaza existencial, e incluso el Alto Comisionado de Derechos Humanos señaló que las acciones de Irán podían ser consideradas como crímenes de guerra. La semana pasada, el Wall Street Journal reportó que Arabia Saudita y EAU estaban cada vez más cerca de intervenir en la guerra como respuesta a los ataques iraníes contra sus respectivos territorios.

Sin embargo, los hutíes no parecen arredrarse. Su ministro de Información, Mohamed Mansour, declaró el 31 de marzo que: “…Tenemos una obligación religiosa, moral y humanitaria que nos obliga a no permanecer ajenos… la opción de cerrar el estrecho de Bab el-Mandeb es una facultad yemenita que podemos ejercer si las acciones contra Irán y Líbano escalan salvajemente, o si cualquier Estado del golfo Pérsico se involucra directamente en operaciones militares en apoyo a la entidad sionista o a Estados Unidos”.

Analistas expertos en asuntos yemenitas consideran difícil que las amenazas hutíes de cerrar el paso naval de Bab el-Mandeb se concreten en el corto plazo ya que la guerra en curso ha trastornado las cadenas de suministro que les son imprescindibles para la manufactura de su armamento. Piensan que sus bravatas y sus misiles lanzados hacia el sur de Israel son más que nada un recurso para satisfacer a sus patrones iraníes y a sus bases populares profundamente imbuidas de la ideología extremista religiosa y antioccidental que caracteriza a todos los proxys de Irán en la región. 

Es así que una más de las muchas incógnitas que ofrece esta guerra es la de si los hutíes se volverán un factor relevante para los vaivenes de los precios de los energéticos y sus consecuencias para la economía global, o si, a final de cuentas, quedarán sólo como actores marginales cuyos amagos serán, si acaso, una nota a pie de página en la historia que se escribirá de esta guerra.