La otra gentrificación de la CDMX: ‘Están transformando el Centro en una bodega’

Locatarios del Centro Histórico denuncian que bodegas asiáticas desplazan a negocios tradicionales y afectan el turismo.

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comercio chino

Algo ha cambiado en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Camiones con cajas de origen asiático descargan mercancía a todas horas del día y la noche; los diableros invaden banquetas y avenidas de transporte público con productos de etiquetado en chino o coreano; y muchos locales que antes daban vocación a cada calle han bajado sus cortinas para convertirse en bodegas.

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Se trata de una forma distinta de gentrificación en la capital, un fenómeno del que pocos hablan y por el que nadie marcha.

“Estamos abandonados. La pequeña empresa está abandonada, aquí todo el mundo está medio quebrado. Nos están haciendo pedazos”, dijo a Excélsior José Luis Santiago, presidente de la Calle de las Novias, ubicada sobre República de Chile, una de las pocas que aún conserva su vocación comercial original.

“El problema comenzó cuando empezaron a instalar bodegas y a cerrar cortinas: la gente ya no entra, los negocios cierran más temprano, y sólo se dedican a cargar y descargar mercancía. La gente viene al Centro a pasear, no a esquivar diableros”, alertó.

Según el líder comercial, quien estima que ya operan más de 600 bodegas en el Centro Histórico, esta transformación se intensificó tras la pandemia de covid-19, aunque también fue impulsada por un programa de rehabilitación de 22 calles implementado por el gobierno capitalino entre 2019 y 2023. Ese esfuerzo, paradójicamente, hizo más atractivo el sitio, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1987, para comerciantes de origen asiático.

Santiago aclara que no se trata de un asunto de xenofobia, sino de desplazamiento. Él mismo perdió recientemente su segundo local en la calle República de Honduras, una calle que, asegura, ya está “perdida”.

Más de tres años de desplazamiento

Locatarios consultados relataron que los comerciantes asiáticos llegan directamente con los dueños de locales o edificios, a veces con el dinero en mano, para ofrecer cantidades superiores a las que pagan los inquilinos actuales, en ocasiones más de 20 mil pesos al mes o el equivalente de un año de renta por adelantado. Esto provoca la terminación anticipada de contratos o el desalojo de inquilinos y residentes.

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“Lo decente sería que llegaran con quien ocupa el local para ofrecerle un traspaso y que pueda liquidar a sus empleados, pero no: van directo con el dueño”, dijo Santiago.

Hace poco más de dos años, por ejemplo, una decena de comerciantes fue desalojada de Plaza Mía de Mixcalco, ubicada entre República de Venezuela y calle Rodríguez Puebla. Hoy, ese espacio opera como Plaza Importachina Textil, dedicada al comercio asiático.

“Le llegaron al dueño con el precio y nos desalojaron para meter a los chinos. Así de traicioneros somos los mexicanos”, acusó uno de los afectados, quien tenía tres locales y más de ocho empleados. Pagaba alrededor de 13 mil pesos mensuales.

“En mi caso, me presionaron para desalojar con dos policías y guardias de seguridad armados con escopetas. Ese mismo día tuve que salir porque me amenazaron”, denunció, agregando que desde entonces no ha logrado recuperarse económicamente ni encontrar un nuevo local.

Una identidad que se desvanece

El desplazamiento continúa. Karla Castillo debía desalojar su local sobre República de Honduras a finales de mayo, luego de que su arrendador decidiera no renovarle el contrato. Aún no ha conseguido un nuevo espacio para trasladar su negocio de ropa y accesorios para bautizos y quinceañeras, fundado por sus padres en 1958.

Denuncia que comerciantes asiáticos “zopilotean” su establecimiento, lo fotografían y la acosan con preguntas directas.

“Antes mandaban a mexicanos, ahora vienen ellos mismos. Me han preguntado si soy la dueña, que si rento. Yo la verdad sí los corro”, aseguró.

Además del cierre de locales convertidos en bodegas, los comerciantes han notado una disminución en el flujo de clientes. Culpan a la constante obstrucción causada por diableros, muchos de origen centro y sudamericano, así como a los camiones que descargan mercancía, y a las marchas y cierres constantes en la zona.

Para ellos, la proliferación de bodegas no solo desorienta al turismo, sino que borra la identidad de las calles.

“Se está perdiendo el principio que identificaba a cada calle”, opinó Ayax Medina, asesor legal de los pocos comercios mexicanos que aún sobreviven en República de Brasil, una avenida reconocida por su tradición en sastrería.

“Sastrerías todavía hay algunas que resisten, y lo que buscamos es precisamente eso: que no desaparezcan”, añadió.

En su Plan Integral de Manejo 2023–2028, la Autoridad del Centro Histórico (ACH) reconoce que las bodegas no corresponden con la vocación original del sitio; sin embargo, los locatarios denuncian que la “marea asiática” sigue avanzando. Esta autoridad no respondió a una solicitud de entrevista por parte de Excélsior.

Actualmente, la presencia de bodegas asiáticas se extiende a sitios como Plaza Izazaga, el corredor de Eje Central Lázaro Cárdenas, Mixcalco y las calles del lado norte de la Plaza de Santo Domingo.

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Cerca de ahí, en República de Chile, los locatarios advierten que los inmuebles marcados con los números 53 al 59 están casi completamente desocupados, y próximamente serán convertidos en un centro de comercio chino.

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Consciente de esta situación, el presidente de la Calle de las Novias lanza una advertencia:

“Si un asiático abre una tienda al menudeo de este ramo, vestidos de novia, nosotros la vamos a clausurar, ya que la autoridad no ha hecho nada”.

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