“En 6 horas no puedo tomar agua o ir al baño”
La enfermera Raquel atiende a cuatro o cinco pacientes al día en el Hospital General de México

CIUDAD DE MÉXICO.
De lunes a viernes, durante las seis horas en que cubre su turno matutino como enfermera en la Torre Quirúrgica del Hospital General de México Eduardo Liceaga, Raquel debe extremar precauciones para no contagiarse de COVID-19, soportar el calor causado por el traje de bioseguridad que porta y las altas temperaturas de la temporada.
En ese lapso tampoco puede ir al sanitario a realizar cualquier necesidad fisiológica, ya que correría el riesgo de contagio.
Sólo es apoyada por otra compañera desde el exterior de la denominada “área negra”, pues trabajan en binomios. Atiende entre cuatro y cinco pacientes contagiados por la denominada.
En esas seis horas con el paciente me estoy deshidratando, en esas seis horas tampoco puedo ir al baño, debo aguantarme las necesidades fisiológicas, no puedo exponerme a contaminarme al retirarme la ropa al estar en el sanitario y tengo que estar fuerte si en algún momento tengo que recorrer la Torre Quirúrgica para una atención mayor del paciente”, relató esta enfermera de 30 años.
Raquel teme contagiar a sus seres queridos con los que vive: su marido, un hombre de 31 años que hace poco menos de un año fue sometido a una operación a corazón abierto; su madre, de 75 años, y sus dos hijos.

En el turno matutino las enfermeras pueden trabajar en binomios, pero en el vespertino y nocturno no hay tanto personal
Al terminar su turno, aplica un rígido protocolo para despojarse del equipo de bioseguridad. Primero se lava las manos con solución de cloricidina, misma que aplica al retirarse cada elemento que proteja su cuerpo.
Retira los primeros guantes externos, luego careta, goggles, segundo par de guantes, gorro, cubrebocas y hasta el final sus botas, para depositar todo en una bolsa roja. Luego da un paso a la derecha para quedar despojada de ese equipo.
Un compañero afuera me rocía con alcohol para seguir la neutralización del COVID-19 y me voy al vestidor y nuevamente en la enfermería nos tenemos que bañar para retirarnos el quirúrgico y nuevamente vestirnos de civil y podernos retirar a nuestra casa, no sin antes un lavado último con cloricidina y cloro en la suela de los zapatos para no llevarte ningún virus en los zapatos”, explicó.
Raquel es una de las diez de 14 enfermeras que laboran en este turno en esta torre quirúrgica.
Sus compañeras del turno vespertino y nocturno tienen menos suerte: cada una debe atender entre siete y ocho pacientes solas, ya que no trabajan en binomio debido al déficit de personal por los permisos otorgados a personas vulnerables, como embarazadas o con padecimientos como hipertensión o diabetes.
Además de la preparación emocional que esta enfermera trata de mantener en estos días, también ha tenido que llevar a cabo una rutina de acondicionamiento físico, porque ella sola debe resolver y, en su caso, trasladar en una camilla a algún paciente que pueda sufrir alguna complicación.
Hago ejercicio. A la mayoría que lo estamos haciendo nos está quitando el estrés. El llevar una bocina y estar escuchando música dentro de esas seis horas difíciles de atención también nos relaja un poco”, expuso esta enfermera con más de diez años de experiencia.
Raquel se siente muy satisfecha por su trabajo, pero un tanto molesta porque dice que el reconocimiento por parte de la sociedad y de algunas asociaciones solamente suele llegar a los médicos y empleados administrativos.
Nosotras como estamos en el campo de guerra no nos vemos y hasta allá no llegan ni nos visitan esos apoyos”, concluyó.
AMU
