Café La Blanca, un gusto centenario

Comenzó vendiendo sólo leche y amplió su oferta culinaria; por sus mesas han pasado presidentes

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CIUDAD DE MÉXICO.

Una tarde del año de 1956, mientras Faustino Manuel Barajas esperaba a que su novia concluyera su jornada laboral en el edificio París, ubicado en Motolonía y Avenida 5 de Mayo, se internó en la cafetería La Blanca para acompañar la espera con un café con leche; desde entonces cada semana acude a este lugar que se convirtió en el espacio de citas con su novia, más tarde su esposa.

Don Faustino es uno de los muchos y antiquísimos clientes que visitan con frecuencia este establecimiento que abrió sus puertas hace cien años, cuando Higinio Gutiérrez decidió distribuir en la capital del país la leche que producía en su rancho en Texcoco, que también se llamaba La Blanca.

De acuerdo con los dueños del establecimiento, durante sus primeros años de funcionamiento se vendía únicamente leche, pero tomando en cuenta la demanda de la zona, extendió su línea de productos lácteos y más tarde la de alimentos.

Durante su centenaria existencia, esta cafetería ha tenido entre sus clientes a Presidentes de la República, dirigentes sindicales, regentes y jefes de Gobierno de la Ciudad de México, artistas e intelectuales que acudían, en su mayoría, para disfrutar de la especialidad de la casa, el café con leche o los platillos mexicanos y españoles.

Sergio Cabrera Rentería, quien llegó por primera vez a La Blanca de la mano de su padre cuando era niño, y 72 años después pasa varios días al mes sentado en una de las barras en forma de U para tomar un café con leche acompañado del periódico o un libro, cuenta que una de las especialidades era el yogur.

“Recuerdo que veníamos a comprar el yogurt, que era muy famoso; lo servían en una copita de vidrio que traía grabada la vaquita y el precio incluía la copa. Mucha gente venía exclusivamente por eso, además de los guisados que vendían hace mucho tiempo, como el pichón o los lomitos”, detalla don Sergio.

En 1943, el local fue comprado por Marciano Diez Diez, quien llevó a cabo una remodelación con mesas pegadas a la pared y una gran barra que iniciaba en la cocina y llegaba hasta la puerta de entrada para que los clientes que escogían esa ubicación, tuvieran una atención más rápida y personalizada.

Desde entonces, la imagen del inmueble cambió poco a diferencia de la evolución que experimentó la avenida en donde se localiza La Blanca.

“Cuando llegué a trabajar aquí, en el centro eran contados los negocios de alimentos, ahora es una competencia fatal, pero antes podía contarlos eran muy pocos restaurantes, luego llegaron más y hasta cadenas de comida, algunas permanecen, otras han cerrado, pero son cientos”, recuerda Rodolfo Pedroza Guadarrama, encargado de las compras desde hace 37 años.

El paso del tiempo también modificó al personal de La Blanca, que hasta hace un año ascendía a 80 y actualmente apenas conforman un grupo de 20, luego de que el dueño actual tuvo que hacer un recorte de empleados ante la disminución del número de comensales.

Con todo, los trabajadores del lugar se dicen orgullosos de pertenecer a un sitio que fue testigo y actor de la historia del Centro Histórico de la Ciudad de México.